FIB 2016
Agustín Fernández Mallo

Conversaciones con Agustín Fernández Mallo (1)

Publicado el 26.02.14

A veces, o siempre, pasa el tiempo, no te das cuenta y resulta que es viernes y vuelvo a encontrarme con Agustín Fernández Mallo en una cuadrícula concreta del centro de Barcelona. Desde que quedamos para hablar de sus libros siempre lo hacemos en dos hoteles separados por una calle. No piensen que tenemos el don de la ubicuidad, no. Normalmente una esquina del Eixample nos contempla, salvo esa vez en que era verano y unos turistas interrumpían el diálogo a base de chapotear en la piscina.

Alguna vez deberíamos quedar en el limbo que media entre ambos establecimientos. No lo hacemos porque nos atropellarían literalmente, no como los personajes del ‘Limbo’ que nos concierne, su última novela donde el coruñés afincado en Palma es más que nunca él mismo mediante esa prosa que encadena imágenes que se convierten en pensamiento y generan un constante batiburrillo que fluye sin cesar, desde un viaje por Estados Unidos hasta el surgimiento de teorías que luego se casan con lo anterior porque todo converge, como si el lector asistiera a un trayecto simultáneo que en realidad es mera unidad, como siempre, como en la vida.

Siempre he pensado que quien contemple la prosa o la poesía de Agustín como una rareza se equivoca de lleno. En este mundillo donde la envidia salta a la primera de cambio me parece que la voluntad de pensar libremente constituye para muchos un peligro que de la incomprensión lleva al rechazo, y es absurdo, porque en ‘Limbo’ hay una continuidad que es un progreso desde una independencia creadora que afianza su estilo, lo extiende y remata la labor con un colofón de esos que hacen cerrar el libro y pensarlo aún más.

En fin. Servidor y Agustín, en segundo lugar para que no rimara con lo anterior, nos sentamos en nuestra mesa, pedimos agua, hablamos de cómo nos va la vida y, acuciados por el reloj, decidimos encender de una maldita vez la grabadora.

Cuéntame cómo decidiste crear la estructura de simultaneidad de la novela.

Realmente, no la plantee. Era lo que me iba pidiendo en cada momento la historia. En realidad la novela empieza, tampoco sabía adonde iba, cuando en un hotel de Guatemala encontré un ‘Nuevo Testamento’ y aluciné con su modernidad.

A partir de la anécdota inicial matizas todo lo que te aporta el Nuevo Testamento.

Y, sobre todo, no sólo matizando. Construí un personaje que lleva todo al extremo, hasta el punto que lo considera una especie de blogs de blogs. Sin embargo, rápidamente abandoné esa idea y pasé al viaje inicial porque me apetecía más, porque creía que servía para enlazar temas y también porque no quería empezar con lo de los músicos. Pero ya sabes, es como siempre, en general nunca parto con un todo predeterminado, avanzo mientras escribo.

Pero sí que partes, es inevitable, de una serie de intereses.

Claro. En este caso centré la mirada en los procesos de metamorfosis, que es lo que intento dar a entender con lo del limbo, un estado intermedio.

Y sucede en ambos casos. La germinación de algo a partir del viaje y el proceso creativo del grupo de música.

Eso es. En la metamorfosis que me interesaba tratar las personas cambian radicalmente, pero tampoco se dan cuenta. No quería narrar el proceso entero, pero me apetecía, por ejemplo, no saber si la chica que en México DF está con el música era la misma del viaje del principio, tampoco tengo muy claro si es la misma persona. El tema de la mutación de personalidad me fascina.

Y esa mutación durante el viaje la puedes pillar por algunos rasgos de la personalidad de ambos, sobre todo desde la chica por que es la que narra, pero la clave como en toda tu narrativa son los objetos.

Siempre, y aquí lo focalizo más que en otras novelas. La idea es que la identidad la construimos a partir de un pensamiento propio y lo que piensan los demás. Es una retroalimentación compleja que es donde se crea lo orgánico y se forja la identidad. Los objetos forman parte de este juego y también conforman la identidad. Tú los eliges, pero los objetos tarde o temprano te dirán cosas.

Pero esto es como con el espacio, si tu pasas cierto tiempo en un lugar concreto, este te acaba influyendo.

Eso es, sólo que referente a los objetos no se habla tanto. Quería remarcarlo.

En la primera parte, ellos están en un vacío que te da la posibilidad de encadenar muchas ideas que generan una especie de gran estado mental.

Se crea este estado mental que también luego conduce a la última parte. Toda la novela narra en primera persona una serie de estados mentales. Y al final, en el informe del limbo, me apetecía salirme de foco, como cuando ves imágenes en Google Maps, y a partir de esos recortes de periódico, detalles que hablan, se da a entender que la identidad y nuestra sentimentalidad no sólo está formada por ese estado mental que cada uno se construye, sino por toda esa masa de información que tenemos alrededor, masa que ni conocemos ni controlamos. Me parece algo más que vertiginoso, una masa de información por el mundo que crea nuestras identidades. El redoble de lo vertiginoso es que un sólo artículo no significaría nada, es el solapamiento de infinitos textos, hasta el punto que no hay autor. Lo que asusta es que esa maraña, sin autor, sin nadie a quien apelar, esté conformando mi identidad o la de todo el mundo.

En ‘Limbo’, hay muchos guiños alrededor de esta idea, desde la simultaneidad hasta lo que podríamos denominar doble casual, como cuando hablan los dos músicos y se dan cuenta que es la réplica de una parte del diario de Kafka.

El doble casual aparece en todas partes, con la portada de Magnetic Fields o el asunto de la copia que planea durante todo el libro, cuando se encuentran el CD de Magnetic Fields que está producido en serie…

Pero tiene una pista oculta que no está en el resto de copias producidas en serie.

Está producido en serie pero es un objeto único, una contradicción absoluta. Quería cuestionarme el problema de la copia. ¿Qué es la copia? Está presente en todas partes, desde el copyright hasta la clonación. Las torres gemelas son un símbolo de la inexistencia de la duplicidad absoluta, de existir sería una monstruosidad. Hay muchos temas entrelazados.

Y entre ellos está el de la teoría, la conjetura de la realidad. Mencionas que si hay cosas que puedes contar es que son reales, pero en cambio en la finca de Michael Jackson, en esa foto, se ven luces pero no puedes contar el número de focos. Eso tiene mucho que ver con la imposibilidad de encontrar dos cosas iguales. Es irreproducible porque no se puede copiar.

Como no se puede contar, no se puede cifrar ni nominar uno a uno deviene irreal, es un espacio continuo que por lo tanto está lleno de infinidades. Eso hace que sea no pueda copiarse.

Otros tags:
Agustín Fernández Mallo

COMENTARIOS
Tu nota: ( opcional )  
   
 
Numerocero ©. 2011-2018