FIB 2016
J. D. Salinger

Intervención: J. D. Salinger

Publicado el 22.01.14
por Numerocero

JAVIER CALVO
Escritor y Traductor de 'Salinger', de David Shields y Shane Salerno.

 

Mi primer contacto con Salinger fue hace veinte años, en la universidad, y el primer libro que leí fue 'Nueve cuentos'. Siempre he sentido cierta aversión, o por lo menos desinterés, hacia el relato como género, y con aquel libro tuve la sensación de que podía aficionarme a aquel autor por sus relatos sin echar nada de menos. Las elipsis de 'Nueve cuentos' contenían novelas enteras, mientras que sus escenas parecían burlarse de la tradición del realismo americano del New Yorker, introduciendo cosas como el misterio, el misticismo y la locura casi a modo de provocación. Iban mucho más lejos que todos aquellos cuentistas coetáneos que copiaban a Fitzgerald y Dorothy Parker, y –en apariencia al menos– sin tomarse tanto en serio. De todas maneras, su obra que me interesa realmente son sus relatos posteriores, 'Franny y Zooey', 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado', 'Seymour: una introducción' y 'Hapsworth'. Si no me equivoco, fue Rodrigo Fresán quien me llamó la atención hacia esos textos. Literatura enloquecida, excesiva en todos los sentidos, completamente desapegada del realismo de aquella época. Una verdadera mitología, inquietante y extraña como han de ser las mitologías. Creo que esos textos presagian muchas cosas que treinta o cuarenta años después se considerarían innovadoras, experimentales o geniales (no cito nombres, creo que no hace falta), pero que en realidad toman la dicción de 'Seymour: una introducción' sin atreverse a tocar los temas morales y religiosos que toca Salinger.

 

NACHO RUIZ (NINE STORIES)
Músico y periodista

 

Recuerdo que en la pubertad/temprana adolescencia leer a Salinger era obligatorio. No soy consciente de que nadie en particular me lo dijera, pero ‘El guardián entre el centeno’ era uno de esos libros que había que leer. Y lo hice, desde luego. Debía tener ¿14 años? y, por supuesto, me identifiqué completamente con Holden Caulfield. Como le pasa a otros millones de jóvenes, sentí que el libro estaba escrito expresamente para mí y que hablaba de muchas de las cosas que me preocupaban por aquel entonces. Un poco más tarde, me leí ‘Demian’, de Hermann Hesse, y sentí una sensación parecida. Éste sí fue recomendado por una chica que me sacaba seis años y con la que mantuve una relación literaria-trascendental bastante flipada -el aspecto físico fue anecdótico- que me trajo de cabeza durante un tiempo. La mezcla de Hesse, Salinger y la complicada relación con aquella chica (y con otras) me produjo un maremágnum cerebral/hormonal del que no estoy seguro de haberme recuperado del todo.

Creo que el ‘El guardián’ es mi favorita, aunque me he leído varias veces todo lo que se ha publicado de Salinger. Es una novela monumental que, además, con el tiempo va ganando en profundidad. Leer la obra en la pubertad -como explicaba antes- marcó absolutamente esa etapa vital en la que la personalidad se va conformando y en la que nos sentimos perdidos, incomprendidos y desamparados ante la vida. Una faceta que se suele destacar poco de El guardián -y de toda la obra de Salinger en general- es lo divertida que es. Me parto de risa con un montón de pasajes del libro: cuando Holden va a visitar a su profesor en el colegio, toda la escena con las prostitutas y Maurice, la cita con Sally, las conversaciones con Ackley y Stradlater... Es mágico. En cuanto a los relatos, quizá mi favorito sea Para Esmé, con amor y sordidez. Es uno de sus cuentos más personales y biográficos, en el que habla de sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial, del dolor y de la esperanza (y de niñas de 13 años).

Me da la sensación de que es algo que realmente necesitaba y que, aunque ha sido parte fundamental a la hora de crear el mito y el personaje, Salinger genuinamente deseaba pasar inadvertido y alejarse del mundo. A veces da la sensación de que el público (me incluyo, claro) sentimos que los creadores nos pertenecen. En el caso de Salinger, además, la identificación de los lectores con los personajes se mezcló con el autor y quizá nos cueste ver que Seymour Glass o Holden Caulfield no eran de verdad el propio Salinger. En todo caso, desde fuera, su actitud parece un poco exagerada, pero quizá era la única manera que encontró para poder vivir la vida que anhelaba. Lo importante: que alguien le traicione y se publiquen esos miles de escritos que se rumorea que almacenó en sus años de ermitaño.

¿Si me ha influido? Desde luego, en el nombre de mi grupo, que está tomado de Salinger. Supongo que eso indica que el estadounidense es alguien importante para mí. ¿Por qué elegí Nine Stories? Bueno, los nombres de las bandas se deciden un buen día. Muchas veces es casi una decisión anecdótica que toma la categoría de trascendental. Yo simplemente buscaba algo bonito que me alegrara cada vez que lo escuchara. La obra de Salinger siempre me ha proporcionado momentos de felicidad, así que era un homenaje justo. En cuanto a la parte creativa en sí no sé si se puede apreciar una influencia en algunas letras, no lo tengo claro. Pero sí sé que la lectura de sus libros me ha inspirado para crear y eso, al fin y al cabo, es una manera de influir.

 

ELENA RAMÍREZ
Directora de la editorial Seix Barral

 
Foto: Marc Arias

'El guardián entre el centeno' tuvo un fuerte impacto en mí, probablemente porque lo leí a una edad de enorme receptividad a la desorientación y rebeldía de Holden Caulfield. Caí en el hechizo del tremendo poder de persuasión de J. D. Salinger en la elaboración de uno del reducido grupo de personajes que le llevaría toda una vida pulir, llegando al limite de la obsesión personal. Como cientos de miles de lectores sentí que Salinger escribía para y sobre mí. Fue después, con la lectura de 'Nueve cuentos' o 'Franny y Zoey' cuando la grandeza de Salinger como escritor ejerció sobre mi vida una influencia mucho mas directa. La fascinación por Salinger, escritor y leyenda, tuvo una importancia decisiva para que cambiara el rumbo de mi vida hacia el mundo de la edición. Muchos años más tarde, en 2013, al enterarme de la existencia y magnitud del proyecto de 'Salinger', la biografía de Shields y Salerno, contacté con sus agentes para toparme con la imposibilidad de acceder a material alguno sobre el libro, ya que el proyecto era secreto, gesto de opacidad que no hizo sino alimentar una curiosidad tan vieja como intacta. Fue en Nueva York, en las oficinas de Simon and Schuster donde tuve acceso al contenido, y el absurdo convencimiento de que su publicación en Seix Barral cerraba en mi vida un circulo abierto tiempo atrás por Seymour Glass. Acceder a un material fotográfico inédito maravilloso, a testimonios de primera mano, en una visión poliédrica de un personaje que no habla en la biografía sino a través de sus actos y obra literaria es un viaje alucinante al universo de un hombre roto con una vida apasionante y una fortaleza mental necesariamente inexpugnable.

 

PAULINE EN LA PLAYA

 

Nuestro primer contacto con Salinger sucedió en la estantería de casa, entre los libros de nuestros padres. Era esa edición de Alianza de tapa blanda en la que el título de ‘El guardián entre el centeno’ sobresalía en un blanco roto sobre lo que parecía un borrón hecho a lápiz. Suponemos que esa portada estaba pensada jugando un poco con la idea de la desidia adolescente, aunque de aquella no sabíamos lo que había dentro, claro. Eso llegaría más tarde. Nos gusta más el formato novela, así que antes que los cuentos, ‘El guardián entre el centeno’, que por otra parte fue lectura obligada. Seguro que demasiado pronto, como suele pasar con los libros que se presuponen para jóvenes y que seguro que hubieras asimilado de otra manera de haberlos leído algo más mayores.  El caso es que sí que recordamos el impacto de su lectura, la sensación de estar leyendo algo nuevo aunque tuviera muchísimos años, aunque se hubiera escrito cuando nosotras ni existíamos. Eso resultaba extraño. La sensación de estar leyendo algo novedoso cuando ya era un “clásico contemporáneo”.

Cada uno elige la manera en que quiere promocionar o difundir su obra. Hacer pública tu obra no tiene por qué obligarte a promocionarla a través de los medios, aunque si tu interés en que se difunda, existen pocos caminos alternativos a ese. Cada uno decide. Es una cuestión personal.

 

LAURA FERNÁNDEZ
Periodista y escritora

 

Salinger es el autor de mi cuento favorito de todos los tiempos: 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado'. O, quizá, el cuento más perfecto que he leído nunca. La clase de cuento que en realidad no tienes la sensación de haber leído, sino más bien de haber 'vivido'. Puedo decir que tengo recuerdos de haber estado 'dentro' de 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado', sentada entre sus protagonistas, asistiendo a la situación más incómoda jamás narrada por autor alguno. Y no sólo eso. Vuelvo una y otra vez a la conversación entre hermanos de 'Franny y Zooey', y tengo recuerdos del día en el que Seymour, el genio más atormentado de la familia Glass (todos eran genios, pero él era el más, sí, atormentado), se pegó un tiro. Oigo el rumor de los niños en la piscina. Veo con claridad los rayos de sol que entran por la ventana. Sí, si algo tienen los cuentos de Salinger es que no se leen, se viven, y se quedan contigo para siempre, convertidos en recuerdos. Creo que a eso debería aspirar cualquier escritor. A que lo que escriba esté tan vivo que sea capaz de hacerse un hueco en el atiborrado inconsciente de sus lectores.

 

SERGI SÁNCHEZ
Crítico literario

 

Fresco, versátil, mercurial y enormemente desesperanzado, Salinger es pura droga. No hay nada rocambolesco en su estilo, a pesar de que un adjetivo escogido con mano de orfebre pueda convertir un coloquialismo en una ráfaga poética. Pocos escritores han sabido dibujar con más soltura lo que significa la angustia de la diferencia y su efecto más inmediato, la soledad cósmica. Sólo por haber escrito un relato tan hermoso como 'Un día perfecto para el pez plátano' se merecería el más sincero de nuestros afectos.

 

JORDI COROMINAS I JULIÁN
Crítico y escritor

 

Creo que hay dos motivos clave para entender la fascinación de tanta gente por la obra y el personaje de J.D. Salinger. El primero es la angustia esencial que envuelve todos sus relatos. El lector siente que la prosa ha tocado su fibra, pero al ignorar el mecanismo propiciador del hecho potencia el enganche y, como cualquier adicto, quiere más. Esto apuntala el segundo factor de atracción, que es la fascinación por un hombre alejado del bullicio pese al éxito, combinación contradictoria que muchos juzgan como una especie de suma virtud. Una vez se lee la biografía de Shields y Salerno entiendes mejor los motivos del conjunto y el mito cae hecho trizas, se humaniza. ¿No es lo normal? Seguramente el derrumbe del pedestal es un valor añadido.

 

ISAKI LACUESTA
Director de cine

 

La primera vez que leí el nombre de Salinger fue en la revista Garbo. Puede que me equivoque y que en realidad fuera en la Lecturas, cuyo nombre pudiera incitar a los lectores no familiarizados con la prensa española a pensar que se trata de una publicación literaria, y donde por lo tanto, hubiera sido más lógico dar a parar con Salinger. Pero no creo equivocarme. Era en la Garbo, y entonces yo debía ser un niño de nueve o diez años obsesionado con los Beatles. Recorté aquel artículo y aún debe estar guardado en algún archivador en casa de mis padres. El artículo era un breve. Informaba sobre la frustrada producción de una película para televisión (en España aún no se usaba "biopic") dedicada a la vida de John Lennon. Los productores ya habían encontrado a un actor perfecto para interpretar al músico, un tipo idéntico a John, pero a última hora, habían descubierto que usaba un pseudónimo y que su verdadero nombre era Mark Chapman. Cuando Yoko Ono descubró que el intérprete de John se llamaba exactamente igual que su asesino, canceló la producción. Como todo el mundo sabe (y yo aprendí en aquel artículo), Mark Chapman declaró haber asesinado a Lennon inspirado por ‘El guardían entre el centeno’. La improbable casualidad de un actor que fuera el doble de John Lennon y a la vez tuviera el mismo nombre que su asesino, me fascinó, y la recuerdo a menudo. También recuerdo otro detalle más trivial, pero que me pareció impactante: el artículo, a una columna, iba ilustrado por una foto en blanco y negro de Mark Chapman. El asesino, no el actor. Esa elección me pareció que, para el pobre intérprete, cuya carrera acababa de irse al traste para siempre, debía ser una afrenta aún mayor que el veto impuesto por Yoko Ono. Una afrenta incluso mayor que la sufrida por Salinger, conocido por miles de personas que nunca han leído sus libros como el inductor de la muerte de Lennon. Así reza el imaginario colectivo y hasta alguna enciclopedia: "Salinger: escritor que nunca se dejaba sacar fotos porque por su culpa mataron a Lennon". 

Acabo de buscar en Google: John Lennon + Garbo, por si sonaba la flauta y encontraba la columna.

En cotilleandomisrevistas.blogspot.com he encontrado escaneada la revista en que informaban de la boda y de la mítica huelga en la cama, pero no la columna de mi infancia.

Ahora busco Mark Chapman + John Lennon y llego en seguida a la siguiente información, que me acaba de dejar patidifuso: 

"In 1985, an actor named Mark Lindsay Chapman was cast to play John Lennon in the made-for-TV biopic John and Yoko: A Love Story. Just five short years earlier, John Lennon had been shot and killed in front of his NYC apartment building by a man named ... Rick Stephens. No, we're joking. The guy's name was Mark David Chapman. And now some casting dipshit had hired a man with a damn near identical name to portray John Lennon in a movie. Luckily, a PR disaster was avoided when the offending Chapman was fired just days before production began. It's cool, though, he found a different gig. Years later, Mark Lindsay Chapman played John Lennon in Chapter 27 ... a biopic about Mark David Chapman. Read more".

Su carrera no se fue al garete: ¡Mark Chapman terminó encarnando a Lennon en 2007! Para entonces, contaba 53 años de edad. Trece más de los que Lennon llegaría a cumplir.

El segundo capítulo importante en mi relación con Salinger llegó años más tarde. 

Conocí a una pianista armenia y nos hicimos amigos. Quedamos para tomar un café en una librería. Con una gran sonrisa, me dijo que yo le recodaba mucho a un personaje de Salinger, Seymour Glass. Lo tomé como un piropo. Sonreí y le dije que sí, que conocía el  libro. Me lo compré en seguida: no tardé en descubrir que Seymour Glass tenía las orejas grandes y se suicidaba.

Por lo demás, Salinger me gusta, y a veces hasta recomendamos alguno de sus cuentos a los estudiantes de cine de la universidad para que lo adapten en sus ejercicios. Me gusta Salinger (me gustan sus nueve cuentos, el carpintero, la introducción a Seymour) pero por la razón que sea, siempre acabo releyendo a Fante, Henry Roth y Carson McCullers. 

La culpa quizás sea de Garbo. 

  

RAFA DE LOS ARCOS
Manos de topo / Casa Celia

 

Cuando estaba en el instituto teníamos la clásica asignatura de literatura en la que, al inicio del año, nos daban una lista de los libros que formarían parte del programa durante el curso. La verdad es que a efectos de la clásica popularidad, ese término tan televisivamente anglosajón, yo lo tenía complicado porque pronunciaba bien en clase de inglés (risas) y me gustaba mucho leer (triples risas). "El guardián entre el centeno" era el tercer o cuarto libro de la lista. Creo que he sido víctima, igual que él, del eclipse que supuso esa novela en su vida. Hay otras obras suyas que he tenido en la mano alguna vez, pero creo que siempre he tenido miedo de que no estuviesen a la altura de aquella novela corta que tanto me había emocionado. ¿Qué hay peor que la decepción?

Yo creo que escribir es un acto de soledad absoluta, como una especie de intimidad de la médula que no se puede romper así como así. Y es un estado que se amplía más allá de esa vigilia "laboral" que supone el ponerse a darle forma en el papel. Es normal que, llegado un punto, ese sello se vuelva irrompible. Seguro que si hubiesen logrado sentar a Salinger delante de un micro o una cámara no hubiesen sacado nada interesante de él. Hay gente a la que no hay que preguntarle, sino observarla (y leerla). 

Uno tiende a empatizar con aquellas cosas que le son familiares emocionalmente. Supongo que todos sentimos una cierta desorientación, soledad o despiste vital general en algún momento de nuestra vida, más allá de esa adolescencia del protagonista de "El guardián entre el centeno". Leer esa novela con 15 años y empezar a darte cuenta de que hay gente que es capaz de describir las cosas a las que tú todavía no sabes ponerle nombre es la mayor de las educaciones posibles. Y eso marca. Es más, no es exclusivo de la inocencia de la juventud, buscad historias que hablen de cómo os sentís, ¡aprenderéis un montón de cosas! Más allá de las obras, se influye en las vidas.

 

ÁLVARO ORTIZ
Dibujante de cómics 

 

Leí hace unos años (7, 8, 9, ni idea) El guardián entre el centeno. Lo saqué de una estantería en casa de la novia que tenía entonces un día que me tuve que quedar sólo en su casa esperando al tipo que iba a venir a revisar la caldera o algo así. Me encantó. No sé si sabría decir el porqué, pero está claro que Holden Caulfield es un GRAN personaje. De todo el rollo que tiene de libro maldito para psicópatas varios no tenía ni idea cuando lo leí, me lo contó tiempo después un colega cruzando el puente de piedra de Zaragoza, tengo una memoria terrible pero de eso también me acuerdo. Después, entre que soy un lector terrible, que una amiga me dijo que sus cuentos eran aburridísimos y que me encontré con esta página de Liniers no volví a leer nada suyo...


 

Es curioso, y es un tema interesante el de la gente que de buenas a primeras toma esas medidas tan drásticas, pero supongo que depende de lo que quiere cada uno y de lo que espere o pretenda con su carrera artística. Lo de negarte a conceder entrevistas o aparecer en público lo puedo entender, pero lo de seguir escribiendo novelas y cuentos y esperar a que estés muerto para que se publiquen, eso sí que me parece una marcianada tremenda.

Pues la verdad que no lo había pensado y no sé si me habrá influido en algo o no, pero es verdad que el otro día me vino a la cabeza el personaje de Holden Caulfield mientras intentaba escribir lo que espero que sea mi próxima novela gráfica, así que a ver qué sale. Tengo que volver a leerme el libro, eso está claro.

 

ÁLEX VICENTE
Periodista

 

Igual que sucede con los antihéroes de Arthur Miller, las mujeres perturbadas de Tennesse Williams y las criaturas amorfas de Carson McCullers, la literatura de Salinger explicita la incomodidad y el disgusto respecto a la estrechez de la cultura oficial de su país. Pese a que hoy sea lectura obligatoria en los institutos, en el relato protagonizado por Holden Caulfield también se encuentra el germen de la contracultura que nace en la posguerra estadounidense. En la alienación semivoluntaria de su protagonista —¿se aísla del mundo porque se siente rechazado o responde su vida en los márgenes a un deseo de no integrarse?— se origina una tradición opuesta a los relatos heroicos, la masculinidad tradicional y la racionalidad imperante de los cánticos emersonianos, que da la palabra a otro tipo de personajes y también de autores, al principio del tortuoso camino que conducirá hacia la multiplicidad de voces y experiencias reflejadas por la ficción estadounidense en la última mitad de siglo.

 

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