Japandroids

Japandroids

Polyvinyl, 2012
8.5
Publicado el 11.06.12

Los corazones jóvenes encienden el fuego

El sonido de fuegos artificiales abre y cierra el segundo álbum del dúo de Vancouver para dejar aún más claro que su título define su contenido a la perfección, al igual que su debut de 2009, ‘Post-Nothing’, dejaba bien clara la orientación entonces nihilista de su garage-noise- punk incendiario. El guitarrista Brian King y el batería David Prowse ponen ahora toda la carne en el asador en favor de la épica hedonista, la exaltación del carpe diem y el vitalismo más urgente, menos enraizado en la tradición más estrictamente underground para vislumbrar el influjo de The Replacements y los Hold Steady de ‘Boys And Girls In America’.

Ni siquiera los coros hooliganescos en plan “oh yeah!/ all right!” consiguen empañar la vigorosa intensidad de un trabajo eminentemente juvenil, alcohólico y noctámbulo en el que sólo ciertos recursos líricos un tanto perezosos (un uso excesivo y no muy bien justificado de los conceptos de cielo e infierno, por ejemplo) bajan el nivel. Dice la banda que esta vez no pensó en hacer canciones que mirasen hacia sí mismos, sino que pretendían ponerse en el punto de vista de sus fans durante un concierto y, por momentos, plasman esa sensación de que ellos mismos están bailando un pogo en las primeras filas mezclados con la chavalada. Pese a ello, se advierte un carácter bastante autobiográfico en muchas de las experiencias vitales que cantan, como ese “Dame aquella noche en la que tú ya estabas en la cama/ dijiste ‘a la mierda’ y bajaste a beber conmigo” de ‘Younger Us’, que es como un taller de memoria en cuyo subconsciente parece flotar el fantasma de otro canadiense: el Bryan Adams de ‘Summer Of ‘69’. En ‘Adrenaline Nightshift’, por otro lado, comienzan diciendo: “Hice autostop hacia el infierno y de vuelta/ cabalgando con el viento/ esperando que empezase la hoguera de una generación/ cuando el botín de los poetas/ y el trueno de una guitarra punk/ insuflaron vida a mi cuerpo/ que se amohinaba borracho al fondo del bar”, otro recuento de experiencias pasadas que parece intervenido por el espectro de Jack Kerouac.

Tanto King como Prowse cantan al límite, con un nivel de entusiasmo e intensidad que dignifican y autentifican todavía más su discurso, llevado a su punto álgido en el single ‘The House That Heaven Built’, justo el penúltimo ramalazo antes de finalizar con la un tanto más calmada ‘Continuous Thunder’. Tan sólo una no muy justificada versión de la oscura y violenta ‘For The Love Of Ivy’ (The Gun Club) se desvía de ese camino principal en pos de la celebración de la propia existencia. Quienes los vimos, sin ir más lejos, tocando a altas horas de la madrugada en el último Primavera Sound podemos corroborarlo doblemente.


Otros tags:
The Hold Steady, The Replacements, The Gun Club

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