FIB 2016
Webcómics en español (2)

Webcómics en español (2)

Pequeña guía para adentrarse en el cómic online

Publicado el 27.03.13
por Alberto García
@El_tio_berni

Leer primera parte

Es curioso comprobar cómo los webcómics de éxito suelen acabar desembocando en la publicación de un libro, como si su publicación online no fuese un fin en sí mismo, sino un medio. Lo cierto es que, salvo excepciones en las que se gestiona muy bien la creación de merchandising relacionado, los webcómics de lectura gratuita no reportan beneficios económicos a sus autores, condición que convierte en muy apetecible cualquier ingreso que pueda reportar la publicación en papel. Incluso se puede argüir que, mientras no cambie el paradigma –y cambiará–, la edición en papel supone una especie de ascenso en el estatus: cualquiera puede publicar en internet, pero no cualquiera consigue que un editor arriesgue su dinero para publicar esa obra en el mercado tradicional de las librerías. Aunque… ¿no será al revés?

A fin de cuentas, cuando un editor apuesta por un webcómic suele hacerlo sobre seguro, en base a la existencia previa de una amplia masa de seguidores del cómic en internet. Es decir, el prestigio de los autores viene dado por sus lectores online, no por la publicación de un objeto físico, que suele ser un añadido. De cualquier forma la publicación en papel todavía tiene sentido, en tanto en cuanto mucha gente aún es reacia a la lectura en pantalla y solo accederá a la obra a través del libro, por no mencionar el hecho de que muchos de los lectores online también disfrutan del objeto del libro impreso. Y si hablamos de autores que han sabido rentabilizar su trabajo en la red, tenemos que volver a hablar de Andrés Palomino y su serie Las crónicas PSN, de las cuales acaba de anunciar la publicación de un sexto tomo en papel. Las más de 1.000 entregas que acumula ya su serie, de tono costumbrista y abundantes incursiones en la cultura pop, la convierten en otra de las decanas de los webcómics en español. Las distintas ediciones analógicas certifican su éxito al tiempo que aportan un rédito económico a Palomino, que autoedita los volúmenes y los vende directamente en salones de cómic.

Otro webcómic de humor que expande sus horizontes más allá de su concepción original es Conejo frustrado, de Mike Bonales, que no solo cuenta con su preceptivo volumen en papel, sino que recientemente ha logrado reunir a través del micromecenazgo –o crowdfunding– el dinero suficiente para convertir a su personaje, un conejo antropomorfo, en protagonista de una serie de animación. Por su parte, Juan Escofet, que utiliza como seudónimo el que también es nombre de su webcómic, Runtime Error, ha probado distintas alternativas a la ya clásica edición en papel para rentabilizar su trabajo: por un lado, ofrece a bajo precio un archivo digital recopilatorio, y por otro acepta encargos para realizar ilustraciones y cómics de todo tipo. Ertito Montana ha decidido recurrir a un sistema menos oblicuo para obtener resultados crematísticos, y en su web Zona00 oferta cómics más largos, entregas de unas 10 o 12 páginas, con la posibilidad de comprarlos en papel o, por un precio sensiblemente menor, en formato digital. Otro pionero de la venta online es Jordi Bayarri, que en Anillos de Sirio ofrece la posibilidad de suscribirse a las distintas series que realiza y que abordan tanto el género erótico como el de la fantasía heroica o incluso la combinación de ambos.

 


Existe un gran número de webcómics que podemos considerar “para todos los públicos” y otros que están dirigidos a “los iniciados”, entendiendo como tales a lectores inmersos en aspectos concretos de la cultura pop, de lo que hoy en día se denomina “lo friki” –término que cada vez parece más amplio y fagocitado por lo mainstream–, de la (sub)cultura del rol, los videojuegos o determinados tipos de cómic. Muchas veces, estos guiños del autor a sus lectores, esa sensación implícita de “estar en el ajo”, pueden ser la clave para que un webcómic funcione. Un ejemplo paradigmático de esto sería El sistema D13, de Joan Tretze, que bebe tanto de los mundos del rol e internet como de chistes autorreferenciales. Otro tanto ocurre con webcómics de temáticas muy concretas, como puede ser el Miau de José Fonollosa, una tira sobre los gatos y sus gatunos comportamientos que ya cuenta con treslibrospublicados (y varias reediciones y exportaciones al extranjero). Y cuando el trasvase de la red al papel funciona tan bien como en este caso, tanto para el autor como para el editor, es normal que ambos se planteen que el siguiente proyecto en la red del dibujante, Mordiscos –sobre vampiros–, cuente con una edición en papel, incluso antes de comprobar si la respuesta en internet es positiva. Otro cómic de temática muy concreta es R.I.P., de Aitor Eraña, una historia ambientada en un cementerio y protagonizada por zombis, vampiros, cuervos y otros seres en el filo de sobrenatural que su autor ha dado –de momento– por concluida, no sin antes haber publicado un tomo a la vieja usanza. Hablando de temáticas muy concretas, no podemos pasar por alto Bunsen, de Jorge Pinto, una tira sobre científicos, un subgénero bastante extendido en el ámbito anglosajón que tanta mitología ha producido en torno al fenómeno nerd. Muy posiblemente, la cercanía geográfica de Pinto con los Estados Unidos, ya que es mexicano y trabaja en Yucatán, ha influido en la temática de su webcómic, que hace poco se publicaba también en papel.




Dentro del terreno de las temáticas curiosas se encuadra también 103 proteínas, de Mikelodigas, donde los ejes centrales que articulan la serie son la comida y las dietas. Y aunque no se pueda decir que se estructuren en torno a una temática concreta, es preceptivo recordar al menos el nombre de otros dos autores ya clásicos en la red, como son JAB con El niño gilipollas que quería volar y Xavier Àgueda con El Listo, una serie de largo recorrido basada en el humor de situaciones cotidianas que a menudo tienen cierto acento autobiográfico.

Hablando de cómics autobiográficos y/o costumbristas, cabe destacar Shoyu, de UPL (Ulises Ponce López), que en la actualidad desgrana con humor las vicisitudes de su vida en Alemania. Por su parte, el veterano dibujante profesional David López trabaja para Marvel dibujando a algunos de los superhéroes más icónicos y además es autor de una de las series de aventura costumbrista más interesantes del panorama español de las últimas décadas, Espiral, cuyas últimas entregas ha ofrecido gratuitamente en su blog. Pues bien, inasequible al cansancio, el dibujante firma también la serie Historias de mi moleskine, donde casi siempre se presenta como protagonista de anécdotas cotidianas u opina sobre la actualidad social y política del país. Pero si hablamos de autobiografía pura y dura, de sucesos vividos por el propio dibujante, uno de los ejemplos más recientes y a la vez más frescos es el de Xabi Tolosa y su Esto se ha hecho mil veces. Próximamente se editará un tomo con las tres primeras temporadas del webcómic, pero también es posible descargar las dos primeras de ellas en formato pdf al precio de una mención en Twitter o Facebook. Y no me resisto a catalogar de autobiográfica El artista y la musa, una serie realizada por Gurrupurru (seudónimo de Carlos Rioja) que se centra en las peripecias del propio autor y su musa, planteando, de manera divertida y en ocasiones poética y romántica, la relación entre el artista, su arte y la inspiración. El autor ha realizado una tirada limitadísima en papel de algunas de las mejores páginas de la serie.


Y llegando casi al final del artículo –porque soy de los que dejan lo mejor para el final– me permito incluir algunos de mis webcómics favoritos. No son necesaria y objetivamente mejores que algunos de los ya mencionados, pero bien por su planteamiento, por su desarrollo o por elementos artísticos o de originalidad, son los que sigo o he seguido con mayor interés. Entre ellos se encuentra Moowiloo Woomiloo, de Néstor F. y Molg H., un cómic en el que uno de los autores plantea una página que se convierte en reto para el otro, que habrá de darle la réplica utilizando a alguno de los personajes o situaciones del primero. Moowiloo Woomiloo –que tras su conclusión se publicó en pasta de celulosa– hace gala de un humor negro y una incorrección política considerables, y en ocasiones es muy crítico por el panorama del cómic en nuestro país. No menos incorrecto es Bienvenido a Zaira, de Joaquín Guirao, una saga protagonizada por animales antropomorfos angustiosa e inquietante. A medida que Bienvenido a Zaira crece y presenta situaciones cada vez más escabrosas, surrealistas e incómodas, se aprecia también un mayor control narrativo y artístico en su autor, que ya ha recopilado el comienzo de su serie en un tomo. También es inquietante, aunque por otros motivos, Mierdecitas, de Héctor Bometón, que se podría decir que practica una especie de post-humor pasado por el filtro de Miguel Noguera, casi siempre presentando imágenes desconcertantes acompañadas de un pequeño texto no menos extraño que desubican al lector y le arrebatan el gag clásico, sustituido aquí por asociaciones de ideas aparentemente inconexas de las que nace la risa. 




Pero, si queremos hablar de extrañeza, es posible que no encontremos tantos motivos para hacerlo como en los blogs de Micharmut, Sólo para moscas –transformado recientemente en un contundente tomo en papel– y su reciente Teatro eléctrico. El mítico dibujante de los años 80 continúa a la cabeza de la vanguardia historietística con sus historias y dibujos surrealistas que son más una plasmación de sensaciones y ritmos que narraciones en el sentido estricto. Y de la vanguardia de la vieja guardia damos el salto a la vanguardia más actual con los últimos de los webcómics recomendados, Monday Suicide y Sundays on Mars, de Gabriel Corbera, dos propuestas marcianas y suicidas que él mismo no duda en calificar como anti-cómic. Incluso en su ediciónfísica trata de escaparse de las corrientes imperantes, con cuadernillos grapados de pocas páginas.

¿Son suficientes algo más de 30 webcómics para hacerse una idea de cuál es el panorama de los cómics online en español? Evidentemente no, pero esperamos que al menos sirvan como puerta de entrada para el lector interesado en explorar este vasto mundo. Si acaso, este repaso nos habrá servido para comprobar que los cómics digitales, a día de hoy, no son muy diferentes de los cómics impresos, y que incluso hay un diálogo y un trasvase entre ambos formatos. Es de esperar que en el futuro la evolución de los webcómics alcance estadíos muy distintos de los actuales. Al igual que la transición de la tira de prensa al comic book, y la de este al tomo autoconclusivo y a la novela gráfica han traído consigo cambios en los aspectos formales, temáticos y artísticos, es de esperar que en algún momento los webcómics acaben de despegarse de los vicios heredados del cómic en papel y comiencen a explorar de forma más profunda y consciente todas las posibilidades que ofrece el medio digital. Y teniendo en cuenta la velocidad a la que avanza internet, esperamos estar aquí para verlo.

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