FIB 2016
2013 en cómics (1)

2013 en cómics (1)

Publicado el 16.12.13
por Alberto García
@El_tio_berni

2013 se ha portado como era de esperar. Es decir, con un descenso de las ventas en el sector del cómic provocado por la crisis económica compensado por un alarde creativo a nivel artístico. La primera afirmación pasa por ser una apreciación personal basada en indicios y comentarios dispersos de distintos implicados en el sector y la segunda no es sino un opinión subjetiva, pero creo que ninguna de las dos sorprenderá a nadie. El cómic ha resistido el embate de la falta de liquidez de los ciudadanos durante más tiempo que otras áreas, pero era inevitable que llegase, posiblemente potenciado por la sobreabundancia de títulos publicados mensualmente. Es el momento de que las editoriales hagan balance y vayan deshaciéndose de la paja. Esto es: lo que ahora toca publicar son cómics vendibles y/o cómics extraordinarios. A ser posible, extraordinarios cómics vendibles. Y como comercialidad y ventas no siempre van de la mano, vamos a repasar algunos de los títulos que me han parecido destacables a lo largo del año, con la esperanza de que los incluyáis en vuestra lista de peticiones a los reyes y se conviertan además en superventas.

Comenzamos con la producción nacional. El año comenzaba tímido en lo que a producción propia se refiere. La reedición del ‘Aghardi’(EDT), que Enric Sió realizó entre 1969 y 1970, fue una buena noticia, porque con ella se recuperaba una etapa en la que se intentó dotar de cierta entidad artística a la historieta. Con  mayor o menor acierto, con mayor o menor perdurabilidad, pero había un camino que explorar y algunos autores como Sió lo hicieron. Tampoco es de extrañar que llegado un punto el dibujante decidiese que no, que el entorno tebeístico del momento no era el apropiado para que floreciese su propuesta y colgase los lápices para dedicarse a otros menesteres, pero como suele decirse, que le quiten lo bailao. No mucho después apareció el que, ahora sí, era el primer gran título español del año: ‘Nela’ (Astiberri), de Rayco Pulido. Adaptando una novelita de Pérez Galdós, el autor entregó su mejor obra hasta la fecha, un tebeo compacto, rico en matices gráficos, bailarín y sugerente en los textos, poderoso y atemporal en lo temático. Ya pueden irlo apuntando a candidato al Premio Nacional del Cómic que se conceda el año próximo, porque aúna la excelencia y la amplitud de miras de cara a un público casual. De la novela gráfica tocha pasamos al modesto cuadernillo. ‘Dictadores’ (Apa Apa), un tebeíto compartido por Sergi Puyol e Irkus M. Zeberio, no solo es la antítesis de Nela en cuanto a formato, sino también en espíritu. Aquí se da rienda suelta al aspecto más lúdico del cómic, siempre dentro de lo podríamos considerar como la vanguardia, tanto por su aspecto formal como por lo irreverente de la aproximación a la figura de dos seres terroríficos de la vida real, Francisco Franco y Leopoldo II de Bélgica. El adjetivo “loco” casa muy bien con el espíritu de este cómic, una pieza para volver a degustar a Puyol –de quien ya pudimos disfrutar Cárcel de amor (Apa Apa, 2011)– y para descubrir a Zeberio con retraso, ya que tuvo que ser la británica Nobrow quien publicase su primer tebeo –autoediciones aparte– en 2012, Jean-Baptiste Baigorri 1. Cramond Island.

 
 

Otra de las reediciones esperadas por los más nostálgicos del lugar fue la de Hombre (EDT), de Antonio Segura y José Ortiz. La ochentera serie se situaría, precisamente, en el polo opuesto de Aghardi, de alguna manera certificando el fracaso de la propuesta de Sió y demostrando que lo que el público realmente reclamaba era más de lo mismo. Especialmente si “lo mismo” presentaba una factura impecable, como es el caso. Futuro apocalíptico y duro de manual –pero con principios– enfrentado a la mezquindad del ser humano cuando es llevado hasta el límite, todo ello embellecido por el clásico y virtuoso dibujo del ya por entonces veterano Ortiz. Pero la reedición que realmente ha emocionado al que suscribe es Atajos (La Cúpula), de Martí, una recopilación de historias cortas en la que solo se echa en falta conocer el criterio de selección o algún texto que sirva para contextualizar el trabajo de uno de los autores españoles que se codearon con Charles Burns, Chris Ware o Yoshiharu Tsuge en la cabecera norteamericana RAW, dirigida por Art Spiegelman y Françoise Mouly, además de ser junto a Max el único español que Drawn & Quarterly publicó en su revista homónima. Sirvan estos datos simplemente para dar idea del nivel de un autor que, partiendo de un grafismo –y en ocasiones, como en Taxista– una utilización de conceptos heredados del Dick Tracy de Chester Gould, llegó a estar a la cabeza de la modernidad a nivel mundial allá por los años 80. Martí propone, casi invariablemente, un retrato poco esperanzador de la negrura del alma humana y se muestra tremendista y desaforado en su representación de la fealdad, la obsesión, la locura y la ruindad que el constructo social genera en nuestros semejantes y, por qué no, en nosotros mismos. Atajos supone la oportunidad para una nueva generación de conocer la obra de uno de los más grandes y personales autores españoles de las últimas décadas y resiste como pocos tebeos de aquella época la prueba del algodón: sus historias no han envejecido lo más mínimo. Lo cual, bien pensado, resulta espeluznante.

 

 

Grandes verdades de la humanidad’ (¡Caramba!), de Carlos de Diego, fue otro de los hitos de la temporada, uno que probablemente pasó por debajo del radar del lector medio debido a lo radical de la propuesta. Porque la palabra nonsense se creó para describir este libro. Leído viñeta a viñeta todo parezca tener sentido –al menos cierto sentido–, pero cuando el lector quiere darse cuenta, ha sido engullido por un torbellino de situaciones descabelladas que parecen conducir, en términos artísticos, a la catástrofe más absoluta, pero que sin embargo acaba por ofrecer una riqueza y una densidad ausente en muchos otros libros que parecen construidos con escuadra y cartabón. Y además, es un libro de risa y una mezcla imposible de Pierre Lapolice y Milton Caniff. ¿Acaso hacen falta más alicientes? También bordeando el absurdo y entrando de lleno en la comedia con ribetes fantásticos, pero de una manera más calculada y con objetivos, por así decirlo, más profundos, cabe señalar Alter y Walter o la verdad invisible (Entrecomics Comics –editorial de la que, confiero, soy miembro fundador–), de Pep Brocal. Brocal, autor con larga trayectoria a sus espaldas, venía de una larga temporada dedicado al cómic infantil y la ilustración y aprovechó la oportunidad de dirigirse de nuevo a un público adulto para sacar de su interior sus propios demonios en forma de frustraciones, miedos y arrepentimientos. El resultado final fue un libro con una factura gráfica a caballo entre Bruguera y la filigrana Nobrow y con un desarrollo argumental que bebe de... Bruguera, El resplandor, Alfred Kubin y toda aquella obra que alguna vez haya intentado reflejar la complejidad del cerebro, la construcción de la personalidad y la relación entre el consciente, el inconsciente y percepción del yo. Curiosamente, la mayor parte de los mejores tebeos españoles publicados durante 2013 tienen el humor como eje vertebrador o al menos como tono imperante, y en este sentido uno de los reyes de la comedia en nuestro terruño es Paco Alcázar, que publicó no uno sino dos trabajos. El primero de ellos fue ‘Huracán de sensatez’ (Diábolo), una recopilación de páginas de origen y temática diversa, siempre desde la óptica de la observación oblicua del mundo de la que hace gala el autor. En Alcázar, lo extravagante es la norma, mientras que el comportamiento normal es digno de observación y asombro. Otro tanto podemos comprobar en Silvio José, destronado (Astiberri), tercera entrega publicada por esta editorial del personaje que Alcázar desarrolla semanalmente en la revista El Jueves y que no deja de ser sino un reflejo –exagerado y convenientemente deformado– de una forma de vida demasiado habitual en nuestros días: el parasitismo. El dibujante sigue construyendo una de las carreras más sólidas, originales y –cosa rara– reconocidas entre el público de nuestro panorama historietístico.

 

 

Seguimos dándole fuerte al humor, ahora con un autor que en algún momento debería ser famoso, con otro que se ha hecho famoso de la noche a la mañana y con otro que primero se hizo famoso y después empezó a publicar tebeos. Empezamos por el final, es decir, por Joaquín Reyes, que este año publicaba un librito, ‘Realidad a la piedra’ (Reservoir Books) en el que le daba la vuelta a lo que suele ser la base del humorismo, esto es, la caricatura y la expresividad. Porque los protagonistas de este libro son piedras, simples y llanas piedras que sin embargo se comunican y manifiestan así la paradoja de su inmovilidad y perdurabilidad frente a los sentimientos humanos que presentan. No deja de ser un mero divertimento y un libro que se lee en un suspiro, pero hay más de dos y de tres chistes que justifican sobradamente su lectura. El segundo fenómeno al que hacía referencia es Joan Cornellà, que alcanzó un éxito sin precedentes en internet publicando una serie de páginas mudas de humor absurdo en internet que finalmente se materializaron en el libro ‘Mox Nox’ (Bang!). Su debut, ‘Abulio’ (Glénat, 2010), fue prometedor, pero al parecer no lo suficientemente rentable, ya que su siguiente cómic, ¡Fracasa mejor! fue una autoedición. Sin embargo, y de manera tan casual y misteriosa como la que elevó el vídeo de Españistán a la fama, sus páginas colgadas en facebook se convirtieron en un ente viral con miles de “me gusta” desde lugares tan dispares como Rusia, Brasil o Taiwan, lo que propició una edición en papel que va ya por su tercera reimpresión, algo poco habitual en nuestro país. Y lo mejor de todo es que las merece. El último libro del que hablaré en este apartada es el que, para el que suscribe, es la mejor obra española publicada en 2013. Se trata de Pulir (Fulgencio Pimentel –editorial para la que, confieso, trabajo, en buena medida a raíz de mi amor por este libro), de Nacho García, un joven dibujante que desarrolla lo que se asemeja más a un catálogo de arte que a un cómic. Pero si él no tiene prejuicios, ¿por qué deberíamos tenerlos nosotros? A partir de la apropiación de elementos de la cultura popular, del humor inocente y de una sinceridad desarmante, Nacho regala al mundo un trabajo que tiene mucho más de confesión de la propia humanidad que muchas atribuladas autobiografías. Puede que su aspecto gráfico o su estructura difusa disuada a más de uno pero, háganme caso, una vez que uno entra en ese pedazo de vida que es Pulir, ya no puede ser el mismo. Y es que, además, es divertidísimo. Divertido de carcajada.

 

 

Y llegamos, casi sin darnos cuenta, a final de año. Diciembre es un mes en el que tradicionalmente se acumulan novedades de cara a la campaña navideña, una época que puede arreglarle el año a una editorial si los meses anteriores no ha sido muy boyantes. Casualmente (o no), los tres grandes títulos españoles para final de año se han concentrado en una misma editorial, Astiberri, que cada vez más confía en el producto nacional y en la posibilidad de convertirse en agente exportador, lo que siempre es beneficioso para la industria. Comenzamos a descubrir nuestro trío de ases ganador con Los surcos del azar, de Paco Roca, posiblemente el autor de cómic adulto más vendedor de España en estos momentos y también uno de los mejor considerados por crítica, prensa y público. El autor de Arrugas se lanza aquí al relato de la aventura real de “La nueve”, una compañía formada en su mayor parte por soldados españoles republicanos expatriados tras la Guerra Civil y que tuvo un papel relevante en la liberación de París del yugo nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El dibujante alterna con tino y medida dos líneas temporales, una en tiempo pasado, recordando los hechos de la guerra, y otra en tiempo presente, en la que se nos muestra a sí mismo entrevistando al veterano español que participó en la guerra. No es descabellado decir que se trata del trabajo más ambicioso y logrado de Roca hasta la fecha. Como ambicioso es también ‘Beowulf’, de Santiago García y David Rubín, una adaptación del seminal poema épico anglosajón. Dos –al menos– son los grandes aciertos que convierten a este título en uno de los indispensables del año. Por un lado, el intento y la consecución de un tono alejado de la reinterpretación moderna o posmoderna del mito, ciñéndose al relato original y transmitiendo la ambigüedad, austeridad y los recovecos oscuros que lo dotan de verosimilitud. Verosimilitud como leyenda, se entiende, pero también como reflejo del concepto heroico en una época pasada. Por otro lado destaca el alarde gráfico de Rubín, que ya en El héroe se destapó como un grandísimo narrador y dibujante de la acción más brutal y al tiempo épica, precisamente lo que pedía Beowulf. Una novela gráfica en tamaño gigante donde la sutilidad se refugia en lo oculto al tiempo que se hace brillar la sangre, la carne y el barro. Terminamos el repaso con el veterano Manel Fontdevila y su No os indignéis tanto, un ejercicio de periodismo desde el humor –intuimos que el dibujante no concibe el mundo sin humor–, un ensayo en forma de cómic sobre la situación actual de España no tanto en su vertiente económica –que es una consecuencia– sino en su vertiente política –que es el origen–. Precisamente el libro se presenta con una estructura muy medida en la que se analiza en primer lugar el movimiento del 15M y aquello que lo activó para acabar llegando al quid de la cuestión, enraizado en la transición española y en el muy particular concepto de las libertades que instituyó en nuestro país. No deje que se lo cuenten. Léanlo, piénsenlo y discútanlo. No se limiten a cerrarlo y olvidarlo una vez leído, porque no fue escrito como un desahogo, sino como un punto de partida y como acicate para la reacción.

 

 

Han salido cerca de una quincena de títulos, más de uno por mes, lo que no es mala cosecha. Podían haber sido algunos más –no demasiados más, no nos envalentonemos–, pero creo que estas obras son evidencia más que suficiente para concluir que los tebeos todavía tienen mucho que decirnos.

COMENTARIOS
 
Numerocero ©. 2011-2017