FIB 2016
Eloy Enciso

Test de Rorschach: Eloy Enciso

Publicado el 11.09.13
por Numerocero

Llega a nuestras pantallas 'Arraianos', una de las películas más relevantes de la pasada temporada, tras más de un año girando recogiendo premios en festivales como Locarno, Bafici o el Festival Internacional de Cine Europeo de Sevilla. Se trata de la segunda película del cineasta gallego Eloy Enciso quien ya despertara atención con su ópera prima, 'Pic-nic', documental observacional que seguía la rutina de los veraneantes de la playa más concurrida de España: Benidorm. Celebramos el estreno de este bellísima película sometiendo a su director a nuestro Test de Roscharch. 



Me contó un conocido que trabajó en varias de sus películas que Danièlle Huillet siempre decía que la mejor prueba de que los espagueti no engordaban eran ellos porque los comían todos los días y seguían delgados. Gastaban hasta el último céntimo en su cine y, como Pasolini, en repartirlo entre los pobres con los que se cruzaban. Imagino su día a día como el de una pareja de una ficción de enredos del Hollywood clásico: una intensa e interminable pelea como forma de demostrarse que se amaban. Su cine es para mí la traslación de ese mismo sentimiento: una extenuante pelea con el sonido, la palabra, la luz y la imagen como forma de dar salida a un irrefrenable amor por el mundo. Son un ejemplo de resistencia, rigor y entrega incondicional a un ideal –el cine- brillantemente retratado por la cámara de Pedro Costa en su película “¿Dónde está tu sonrisa escondida?”. Este film es una lección de cine pero sobre todo una gran historia de amor, seguramente el único ingrediente que haga falta para hacer cine. Más allá de las opciones estéticas que tomó esta pareja, muchos admiramos en ellos el ejemplo de rectitud e inquebrantable fidelidad a unos principios. Una coherencia que proviene de otro tiempo y que es difícil de encontrar hoy día.


 


“En el mundo del cine siguen flotando las ideas del llamado cinéma vérité, la idea de que los hechos constituyen la verdad. No, no es así. Los hechos son hechos, pero no nos iluminan. Si fuera así, el libro más importante sería la guía telefónica de Manhattan, con 4 millones de entradas, todas ellas factualmente correctas. Eso no nos ilumina. El cinémavérité es, esencialmente, una respuesta de los años sesenta. Pero hoy, con todas esas realidades virtuales que emergieron tan rápido, el cine y los cineastas tienen que buscar nuevas respuestas. Intento articular un “éxtasis de la verdad”; algo que nos ilumine, algo que vaya más allá de nuestra concepción corriente, normal, del mundo factual. Para lograr este tipo de verdad (y uso el término “verdad” con cuidado, porque ni siquiera los matemáticos o los filósofos pueden decirnos qué es la verdad), trato de encontrar un modo de acceder al mundo real que los ilumine, que haga que al salir del cine sean más ricos. Algo que no se olvide fácilmente.” (Werner Herzog).




Es legítimo querer un gran museo en tu comunidad, pero si ese deseo no va acompañado de una apuesta por proyectos culturales de base –desde escuelas de música y artes plásticas hasta programas de becas o formación de público-, entonces este proyecto cultural encierra una gran incongruencia y acabará siendo un gran monumento a la antítesis de la cultura: la especulación, la megalomanía, el populismo y un estado con un déficit cultural y democrático severo. Soy poco partidario de los razonamientos que mezclan argumentos económicos y culturales porque por lo general se mezclan para plegar la cultura a la lógica económico-empresarial de rendimiento y plusvalía y, en mi opinión, debería ser a la inversa, es la cultura y una idea de sociedad la que debería regir la economía. Pero el ejemplo de Galicia y su nuevo cine es en este sentido paradigmático: mientras la construcción del edificio de la fotografía ha cuatriplicado su presupuesto inicial y ronda ya los 300 millones de euros, paralelamente las ayudas en Galicia a desarrollo de talento cinematográfico (pequeñas ayudas que han hecho posible películas con un amplio recorrido internacional como Todos vós sodes capitáns, Arraianos o Costa da Morte) se han diezmado literalmente y hoy son un 10% de lo que eran hace pocos años. Un centro cultural es en principio una buena noticia, pero construir un enorme contenedor para la cultura al tiempo que se empobrece (cuando no elimina) el apoyo a la creación cultural es un agrio sinsentido.




Este film y el cine de Nicolás Guillén Landrián cambiaron mi visión del cine. En Memorias..., Gutiérrez Alea se empeñó en entender al otro, a ese supuesto enemigo, humanizándolo y trascendiendo la idea estereotipada sobre él; buscándolo además en sí mismo pues como el protagonista él era, a fin de cuentas, un intelectual con ciertos privilegios y una aguda capacidad analítica en la Cuba de los primeros años de la Revolución. Creo que en parte es por eso una película tan apasionante, incongruente, inagotable, una obra que se mantiene viva y desafiante. “El subdesarrollo es la incapacidad para acumular experiencia, la incapacidad de relacionar las cosas”. Como espectador y como autor, para mí el cine es el lugar desde el que trascender esa condición de subdesarrollo en la que se encuentra la imagen hoy día, ese espacio en el que no “conformarse con la idea que todo el mundo tenía acerca de lo que se suponía que debía ser el cine”, como escribió Farocki.




Desde un niño hasta el cinéfilo más exigente disfrutan por igual los filmes de Wilder, su capacidad para establecer ese diálogo de saberes con el espectador es admirable, películas capaces de hablar a todos los espectadores en un lenguaje comprensible y cercano a la vez que estimulante, sin dejar de ser riguroso hasta con el más exigente.




Lugar donde filmé Pic-nic, mi primer largometraje. Se comprende mejor desde dentro que desde la distancia que muestra la foto. En el rodaje de esta película aprendí que las razones nos pueden alejar del cine y del otro, que a veces basta con acompañar. Intuitivamente deseché el guión que había escrito. El primer día delimitamos un fragmento de aquella playa y empezamos a buscar una película, en realidad dejar que viniera a nosotros, que se revelara. Intenté alejarme de los pre-conceptos o juicios que tenía. Como dice Kiarostami: si tienes un mensaje, ves a Correos y envíalo”. Filmando en la playa se nos acercaban cientos de curiosos cada día: “¿quién es el famoso?” preguntaban casi todos. Cuando no reconocían a nadie o respondíamos que filmábamos las vacaciones de gente anónima, la mayoría se iban decepcionados. Un día un señor nos gritó: “¿Para qué grabáis gente normal? Las personas normales no somos interesantes. Nuestra vida no luce bonita”. Me sorprendió esta conciencia de derecho diferenciado a la imagen propia, legitimado por una estética previamente consensuada y considerada inadecuada. ¿Por quién? La playa es uno de mis espacios públicos favoritos porque contradice en parte esta idea: pese al empeño de algunos por contradecirlo, más allá de una toalla y una sombrilla en este lugar importa poco cuánto tienes, quién seas o a qué estrato social perteneces.

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