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De aquí e de Acolá: novo cinema galego

De aquí e de Acolá: novo cinema galego

Publicado el 14.10.13
por Javier H. Estrada

Existen dos maneras de asomarse a los últimos movimientos del audiovisual gallego (o ‘Novo Cinema Galego’, la etiqueta parece ya inamovible). La primera, la historia ‘oficial’, nos llevaría a concluir que estamos ante un movimiento extremadamente reciente. Nos moveríamos por un mapa definido por los numerosos éxitos de las producciones gallegas en festivales internacionales. Así, todo comenzaría con 'Todos vós sodes capitáns' de Oliver Laxe, presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes en 2010 y ganadora del premio de la crítica. En realidad, el paisaje de Galicia quedaba lejos de esta obra pionera. El realizador tomaba como premisa una circunstancia real (un taller de cine que él mismo impartió a niños de un centro de acogida en Tánger), para después entregarse por completo a la ficción. Rodando en blanco y negro 35mm y montando a la manera tradicional, Laxe proponía un regreso a la pureza y la inocencia de los inicios del cine. Seleccionada en la competición del prestigioso FID de Marsella en 2011, 'Vikingland' fue el primer largometraje de Xurxo Chirro y una experiencia imprescindible. Un marinero de un ferry gallego que surca los mares del norte de Europa registró sus vivencias marítimas en una cámara VHS. Chirro se apropia de esas imágenes y reúne en su montaje el retrato íntimo y la comedia en su grado más espontáneo, construyendo un emocionante estudio de la distancia hasta alcanzar una dimensión épica. Pisando al fin territorio gallego, 'Arraianos' (presentada en la sección ‘Cineastas del Presente’ del festival de Locarno en 2012) era el segundo largometraje de Eloy Enciso tras su destacable ópera prima rodada en Benidorm, Pic-Nic. Hijo de gallega pero criado en Valencia, para Enciso Galicia era ‘el lugar al que iba en vacaciones’, y por lo tanto un espacio más enigmático que cotidiano. Arraianos, probablemente el trabajo más sólido y estimulante de esta nueva generación, film en permanente estado de regeneración, partía del concepto de frontera en su más amplio sentido para aproximarse al mito. 'O quinto evanxeo de Gaspar Hauser' fue la sorpresa más impactante del pasado festival de Rotterdam. Revisión sui generis de la leyenda de Kaspar Hauser, aquel alemán que creció aislado del mundo, el primer trabajo de Alberto Gracia combinaba la pureza del entorno rural en su estado más salvaje con arrebatos cómicos de carácter absurdo (aparición de superhéroe incluida). Una de las claves de la película es su sugerente factura visual, producto de su filmación en Super 16mm y el posterior escaneado a digital. Finalmente, la notable Costa da Morte, ganadora del premio al mejor director en la sección ‘Cineastas del Presente’ del último Locarno, suponía el debut en el largometraje de Lois Patiño y la constatación de la particularísima sensibilidad respecto al paisaje que había demostrado en trabajos anteriores como Na Vibración y Montaña en Sombra.


Si hay una característica que identifica a los nuevos cineastas gallegos, esa es su invariable afrenta a cualquier tipo de categorización. Podríamos comenzar por la identidad –muchos de ellos han nacido o se han criado lejos de Galicia, todos han filmado o utilizado imágenes concebidas en otros lugares del mundo–, seguir con la naturaleza de su cine –prevalece la hibridación entre ficción, documental y experimental– y finalizar con el tono –el humor encuentra un lugar privilegiado hasta en los trabajos más reflexivos–.

Sin embargo, como decíamos al principio, existiría otra manera de observar lo que está sucediendo en Galicia, una historia ‘no oficial’ que nos llevaría a concluir que para llegar a la raíz de esta generación deberíamos retroceder unos años atrás y atender a la valiosa escena del cortometraje.

Jaime Pena señalaba las ediciones del ciclo ‘D-Generación’, programadas por Antonio Weinrichter y Josetxo Cerdán, como citas clave para vislumbrar el resurgir del audiovisual gallego en su estado más primigenio. Allí se exhibieron Bs. As., ópera prima de Alberte Pagán en 2007 y el corto de Laxe, Paris #1 en 2009. Este último ya había demostrado su potencial con 'Grrr! Nº 7: … y las chimeneas decidieron escapar', codirigido con Enrique Aguilar en 2006, fantástico trabajo experimental rodado en un Londres periférico que aunaba el tono punk de sus imágenes con un poso de melancolía. En 2007 y también desde Inglaterra, Peque Varela representaba la batalla interior de una niña que intenta resolver su identidad sexual en el corto de animación 1977. Entrando ya en el territorio del ensayo fílmico, 'Fantasmas #1', de Ángel Santos, era una reflexión sobre el pasado y la familia a partir de unas viejas grabaciones y un álbum fotográfico. Una lucha contra el olvido, la búsqueda de un fantasma que es el propio cineasta. Pasado y familia son convocados también por Alberte Pagán en 'Faustino 1936', otro excelente ensayo que se articula sobre una fotografía en la que el protagonista es el ausente, un emigrante gallego que se desplazó hasta Argentina tras el estallido de la Guerra Civil. Se trata de una indagación silente y visualmente esencial en los conceptos de desaparición, amnesia y vacío. Con 'Manuscritos Pompeyanos'Marcos Nine retrocedía hasta el año 70 a.c. para emprender a continuación un viaje por el presente de varias megaurbes con el propósito de iluminar la palabra escrita en los muros, un reflejo de las eternas derivas del ser humano hacia el deseo, el consumismo, el odio y el amor. En O proceso de Artaud Ramiro Ledo compone una de las obras más geniales de los últimos años. El cineasta toma los fragmentos de La pasión de Juana de Arco de Dreyer en las que aparece Artaud e incluye unos intertítulos que reproducen las discusiones de la asamblea surrealista del 23 de noviembre de 1926, en la que el hombre de teatro fue excluido del grupo vanguardista. Artaud se convierte en mártir y André Breton y sus compañeros en ejecutores fundamentalistas. El film de Ledo es uno de los ejemplos más inteligentes de apropiación de un clásico de la historia del cine. Por último, resulta gratificante asomarse a Lupita, cortometraje en el que Xurxo Chirro retorna a las grabaciones de Vikingland, empleando esta vez un material que descartó para su largo, y que nos descubre uno de los misterios de aquella película: la verdadera motivación sentimental de su protagonista, el marinero que grabó las imágenes.

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Oliver Laxe, Lois Patiño, Eloy Enciso, Xuxrxo Chirro

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