FIB 2016
Curtocircuito 2015: Una investigación jubilosa

Curtocircuito 2015: Una investigación jubilosa

Publicado el 12.11.15
por Fernando Vílchez Rodríguez

Resulta muy estimulante asistir a un festival de cine como quien se presenta a una exploración a ciegas, a una investigación que arranca de cero. Donde no interesan mucho las recomendaciones de otros. Donde los cineastas conocidos nos sorprenden con sus nuevos trabajos, con sus nuevos caminos. Donde podamos sentir que el cine es un arte vivo y joven, no estancado. Y donde también nos ofrezcan controversia. Donde el programa nos presente retos. Donde no nos pongan las “buenas películas del año” según los expertos. Queremos debate. Contradicciones. Que el propio festival genere dialécticas claras o subterráneas entre las obras que nos presenta.

Y asistimos a un festival de cine, también, para recuperar esa emoción de intuir una respuesta sólida a la pregunta: ¿Qué es el cine, hoy? Pregunta indispensable cuando además se trata de un festival de cortometrajes, ese formato que exige riesgos, pruebas, aciertos y tropiezos.

Aquí, una elección arbitraria de algunas de las mejores películas que pasaron por la apetecible última edición de Curtocircuito, una edición que apostó por la emoción, transmitida desde el rigor y la coherencia.

sound of a million insects, light of a thousand stars (Tomonari Nishikawa, 2015)

Tomando cierta distancia de sus trabajos anteriores, Nishikawa nos entrega el resultado de un proyecto más azaroso, de resultados impredecibles: Treinta metros de película negativa en color de 35mm fueron dejados a la intemperie, en medio del campo, cubiertos bajo las hojas que iban y venían durante la noche. El lugar no fue elegido al azar: se trataba de un espacio cercano a la planta nuclear Fukushima Daiichi, donde ocurrió el desastre de marzo, 2011. Aunque no hubo muertes ni hubo confirmación de enfermedades causadas por la radiación, ésta se manifiesta llenando la película de figuras, mutaciones y fluorescencias causados por la emisión de elementos radioactivos que, imperceptibles, pululan aún por el ambiente. En apenas dos minutos, el artista japonés consigue una exaltada obra política. Difícil no recordar otra gran película de similares cualidades conceptuales y estéticas: Handful of Dust, de Hope Tucker. 

Proba de axilidade (Jaione Camborda, 2015)

Un campo de adiestramiento de perros es la base donde canes y personas corren, saltan, bufan y resoplan, en imágenes tan simples como lúdicas.  Proba de axilidade tiene el encanto de aquellas primeras películas, donde el registro cinematográfico nacía de la mirada sencilla y el ritmo fluía con naturalidad. Obra creada con motivo del Chanfaina Lab, singular experiencia de creación colectiva nacida en Galicia, Proba de axilidade es un festejo del movimiento y de la respiración, pero también de la cercana y misteriosa amistosa relación entre dominador y ser domesticado, aunque a veces los roles cambien y no se sepa cuál es cuál.

Blood Below the Skin (Jennifer Reeder, 2015)

A pesar de la cuidada estética que se distingue en sus trabajos, el cine de Jennifer Reeder no tiene al estilo como un fin en sí mismo sino, más bien, como esa posibilidad expresiva que permite el brote de la más intensa emoción. El espíritu pop de Reeder (ya presente en anteriores trabajos como la vehemente A Million Miles Away) va desde el grafismo más colorido hasta la recuperación de temas como “Crimson and Clover”, versión de Joan Jett (o Madonna y Judas Priest en A Million...), todo ello envuelto en los fascinantes primeros planos de sus personajes, ese universo de muchachas solitarias y jodidas que pueblan su cine y que nos resulta tan familiar y tan misterioso a la vez. De ahí que la rabia, las frustraciones o las ilusiones de esas chicas con ganas de revancha contra el mundo sean tan sensuales y, luego, tan cercanas. Pocas como Reeder para mostrar la complicidad juvenil a través de susurros o para restaurar nuestra fascinación por el color rosa. Su imaginario visual, su espíritu insurrecto y su exploración plástica de la feminidad la convierte en una de las voces importantes en la ficción independiente americana de estos años.

Rorschach#1 (Marcos Nine, 2015)

Cuando uno hace el test de Rorschach se enfrenta a diez láminas manchadas de tinta. Cada mancha es una imagen abstracta horizontalmente simétrica.  Según la interpretación que uno da a cada imagen nuestros desórdenes psicóticos se irán revelando. De aquí parte Rorschach#1, de imágenes que revelan, de sonidos que nos apresan, de percepciones que esquivan las anteojeras de la razón y alcanzan nuestras áreas subliminales. No son diez, sino cientos de láminas las que se suceden rítmica y frenéticamente frente a nuestros ojos, mientras las manchas de tinta crecen, evolucionan, mutan y se desvanecen frente a nosotros. O quizás no. Quizás es nuestra psicótica percepción. Quizás Nine ha zarandeado nuestra psique y nos ha dejado expuestos a nuestra propias proyecciones con esta fascinante pieza. En ese sentido, Hermann Rorschach estaría de acuerdo en que el cine es casi la única manera digna de hacer su test.

San Siro (Yuri Ancarani, 2014)

Al igual que en el caso de Reeder, esta gran película de Ancarani parte de un aspecto formal para terminar revelando su inquietante naturaleza. En San Siro presenciamos la biopsia cinematográfica de uno de los grandes santuarios de nuestra era, el estadio San Siro, hogar del club Milan A.C. Contemplamos la disección de sus vísceras, los fierros y cables que lo sostienen por conductos invisibles para los miles de seguidores que visitan sus instalaciones cada semana. Asistimos a un recorrido por sus órganos ignorados, salas de vigilancia o cabinas de TV donde el monstruo jadea a escondidas mientras se prepara para su noche de gala. El cuidado sonido completa una atmósfera angustiosamente refinada. Quedará en la memoria el cierre de esta obra exquisita, un clímax místico y sacrílego a la vez, un clímax con nombre propio: Mario Balotelli.

Noite sem distância (Lois Patiño, 2015)

Tras el amplio recorrido que tuvo Costa da Morte, muchos nos preguntábamos cuáles serían los siguientes pasos de Patiño y su cine (siempre existe el peligro en el cine de quedarse anclado en ciertas fórmulas exitosas). Pero no, ese paso siguiente, Noite sem distância, es digno de emoción y elogio. Empezando por el hallazgo visual, el comentado viraje de la película a negativo, al que no se ha dedicado suficiente atención. No se trata simplemente de invertir la imagen, sino de pensarla desde el rodaje así. Se trata de considerar cada detalle y cada rasgo de luz, de subexponer y colorizar pensando en el viraje que ocurrirá. En suma, de trabajar prolijamente para que luego surjan los descubrimientos. Noite sem distância es una fascinante experiencia visual y sonora que, a causa de esa irrealidad formal, sugiere mejor el universo paralizado de los contrabandistas de la frontera entre Galicia y Portugal. El paisaje de la inacción sigue presente, pero ahora la ficción encuentra nuevas vías a través de este paisaje extraño, marciano, espectral.

Sin Dios ni Santa María (de Samuel M. Delgado y Helena Girón, 2015)

¿Quiénes son esas criaturas ancestrales que dominan la tierra? ¿Quiénes son esos demonios que avasallan una orbe sin tiempo, un espacio donde lo masculino se oculta aterrorizado? Son las brujas de la isla, alarmantes espíritus que surgen de noche, especialmente cuando llegan los martes y los viernes, y llenan el lugar de chillidos terribles y bailes de ultratumba. Sin Dios ni Santa María reconstruye la memoria pagana de las islas canarias con negativos caducados de 16mm y unos audios deslumbrantes, producto de entrevistas realizadas a pobladores de la isla, grabadas entre los años de 1965-67. El revelado artesanal del material fílmico, y su también azaroso proceso, resulta en un dispositivo mágico e imaginativo donde se une pasado y presente, y donde el cine acepta su condición del gran acto diabólico de nuestra época, aquel donde un grupo de creyentes invoca, a oscuras, a sus demonios más íntimos.

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A pesar de tratarse de un festival enfocado en los cortometrajes, dos secciones fundamentales de Curtocircuito fueron las retrospectivas dedicadas a Aki Kaurismäki, y a Jørgen Leth. Sobre Kaurismäki, pueden disfrutar un breve resumen de lo que fue su jovial paso por Curtocircuito en este vídeo resumen de su Masterclass:

CURTOCIRCUITO 2015: Aki Kaurismäki from fernando vílchez rodríguez on Vimeo.

 

Y sobre Leth únicamente diré que nos ofreció las dos mejores obras del festival: A Sunday in Hell, una película donde el ciclismo alcanza momentos épicos, casi místicos, y donde el sudor, el dolor corporal y la tensión de la carrera da ese honor que el deporte contemporáneo parece haber olvidado ya. En segundo lugar, 66 scener fra America, un maravilloso retrato postal, que en su fascinación por elementos y situaciones efímeras, sencillas y transitorias, cautiva por los sentimientos que despiertan en nosotros. Cine humilde, laborioso, pero también placentero y juguetón. Como el espíritu mismo del propio Curtocircuito.

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