Tenet: la última película de Christopher Nolan es impactante, fascinante e incomprensible

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John David Washington en la película 'Tenet' / WARNER BROS

John David Washington y Robert Pattinson protagonizan la película del director británico.

A Christopher Nolan, el gran nombre del blockbuster de autor, se le reconoce poco el inmenso talento como director de cine de acción en un sentido clásico, como si esta vertiente tuviera poco prestigio o importancia respecto al supuesto valor añadido que el británico aporta a sus películas: las enrevesadas estructuras narrativas que funcionan como rompecabezas argumentales y pretenden excitar la mente de la audiencia al mismo nivel que la espectacularidad de la acción nos abruma los sentidos. Y, sin embargo, el arranque de Tenet nos demuestra una vez más que bueno que es Nolan a la hora de rodar una secuencia de acción pura que se convierte en un orgasmo cinematográfico: cuando se despliega el asalto al Teatro de la Ópera de Kiev no sabemos por qué ocurre esto, no hemos desarrollado aún afecto por ningún personaje, pero nuestro cuerpo vibra con la cadencia perfecta de la orquestación cinética de las cosas (muy a favor, por cierto, del fichaje de Ludwig Göransson como compositor). A partir de ahí, se espera que Tenet continúe al mismo nivel o suba aún más arriba …

Nolan apropia con Tenet el territorio clásico de las sagas de acción tipo James Bond o Misión imposible, para, a priori, ir más allá. Aquí también tenemos un agente especial que no sabe mucho para quien trabaja en una misión para salvar al mundo ( “de la peor tragedia nunca imaginada”, el británico no se pone por poco) que lo lleva por diferentes escenarios fotogénicos de todo el planeta de septiembre piece de acción en septiembre piece de acción. Las explicaciones del porqué de los movimientos de los personajes se desgranan al mismo ritmo endiablado que la acción, y resultan imposibles de seguir con todo detalle. Hay un elemento casi subversivo en la manera con que el responsable de Origen(2010) navega a contracorriente de la legibilidad argumental de un blockbuster . Nolan ha filmado una película a prueba de distracciones, que desde la gran pantalla reclama a los espectadores que pongan los cinco sentidos y más. Es su manera de distanciarse de las formas actuales de consumo en otras pantallas. Y quizás de paso también nos hace creer que Tenet es más compleja de lo que en el fondo resultará. Por otra parte, el consejo que la científica encarnada por Clémence Poésy le hace al protagonista parece ampliable a los espectadores: “No quieras entenderlo, disfrútalo”.

El director también se adelanta a la zaga del agente 007 a la hora de alterar algo las jerarquías culturales en el elenco protagonista. Una estrella como Robert Pattinson, en el personaje menos trabajado de la película, queda al servicio de un actor afroamericano hasta ahora poco conocido, John David Washington, el Protagonista (aparece acreditado literalmente así), que entronca sin aportar mucho de nuevo con un largo linaje de hombres de acción robustos tanto en los gestos como en los ideales. Al contrario de actrices clásicas como Ingrid Bergman, siempre obligadas a disimular su altura, la protagonista femenina Elizabeth Debicki eleva por encima tanto de la figura de Washington como de la de su marido en la ficción, el antagonista a quien da vida Kenneth Branagh.Encadenados de Alfred Hitchcock. Branagh, por cierto, se confirma como un monstruo de la escena en encarnar con toda la convicción un personaje siempre al borde de la (auto) parodia.

El título capicúa de Tenet parecía avanzar la clave de bóveda de la estructura del nuevo filme de Nolan. Pero no nos encontramos ante un elaborado palíndromo narrativo. De hecho, esta es una de sus películas que avanzan de manera más lineal hasta que a partir de la mitad del metraje comienzan a incorporarse las secuencias que juegan con el tiempo invertido. En la era de los multiversos, los incontables filmes de viajes temporales, y series como Dark , la propuesta de Nolan ya no resulta muy revolucionaria. De nuevo, la aplicación más atractiva del concepto del tiempo que corre vez adelante y atrás se lleva a cabo en las secuencias de acción. Pero, si en filmes anteriores de Nolan como Memento (2000), Origen (2010) y Interstellar (2014), la distorsión temporal se vinculaba de manera intrínseca con la experiencia subjetiva del protagonista, aquí queda como un mero accesorio de aumento de la espectacularidad. Y el final casi reaccionario confirma que a Tenet por momentos pesa más el ego que el espíritu rompedor.

Dirección y guión: Christopher Nolan. 150 minutos. Reino Unido y Estados Unidos (2020).

Reparto: John David Washington, Robert Pattinson y Elizabeth Debicki. Estreno en cines el 26 de agosto.

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