El reconocimiento facial ya no es legal en San Francisco

Reconocimiento facial

La medida, que debe ser ratificada en una segunda vuelta, fue aprobada por 7 votos a favor y uno en contra.

El avance de la tecnología en los últimos años ha permitido desarrollar desde pantallas plegables hasta diferentes mecanismos que permiten la identificación de un individuo a partir de diversas características fisiológicas o de comportamiento. Esto es la base de la biometría que, a través de diversas técnicas estadísticas y matemáticas, permite autentificar la identidad de una persona empleando para ello rasgos únicos de cada ser humano, como las huellas dactilares, los patrones faciales, el iris o la retina. En lo que respecta a las características de comportamiento, estas suelen ser menos fiables que las fisiológicas, puesto que en este grupo se engloban rasgos como la voz, el paso o la firma, mucho más fáciles de suplantar que las fisiológicas.

La implantación de este tipo de sistemas de identificación, que en el imaginario colectivo están más presentes en las series o películas de ciencia-ficción que en su realidad diaria, han ido ganando gran popularidad, sobre todo en Estados Unidos. Allí, estos sistemas no son solo empleados por la policía, sino que también se emplean en conciertos o aeropuertos. De hecho, algunas compañías áreas como Lufthansa emplean un sistema de reconocimiento facial con sus clientes en lugar de las tradicionales tarjetas de embarque. Con ello agilizan los tiempos de espera y abaratan costes.

No obstante, si bien la biometría presenta una gran cantidad de ventajas materializadas principalmente en un nivel mayor de seguridad, también cuenta con ciertas desventajas. Uno de los puntos débiles de los sistemas biométricos es que no son infalibles, es decir, que cuentan con un margen de error, muy pequeño eso sí, pero un margen, al fin y al cabo. A priori, esto puede parecer obvio pero su importancia es mucho más crucial de lo que podamos llegar a pensar. Pongamos un ejemplo práctico: alguien roba en un supermercado que cuenta con cámaras que permiten realizar el reconocimiento facial del ladrón. El veredicto es que ha sido el sujeto A con un 99% de probabilidad, por lo que en un juicio se dictamina que debe ir a prisión. Todo correcto hasta aquí, pero ¿y si no era realmente el ladrón? ¿Y si el reconocimiento facial falló en ese 1% restante? Es poco probable, es cierto, pero también es poco probable que un gran premio le toque dos veces a una misma persona y Elmer Sherwin es el claro ejemplo de que puede pasar.

El reconocimiento del ojo

El otro gran pero que se le pone a la biometría es el que hace referencia a la privacidad de las personas. Si tus rasgos biométricos están recogidos y recopilados en el sistema, pueden ser empleados para múltiples acciones para las que posiblemente no has dado tu consentimiento. Eso supone que estarías controlado en todo momento por las instituciones que tienen en su poder estos datos, por lo que podrían saber, por ejemplo, si vas a una manifestación, y emplear luego esa información en tu contra. De hecho, en algunos países como China esta tecnología se emplea para mantener controladas a determinadas minorías religiosas. Un Gran Hermano menos evidente pero igual de efectivo que el que planteó Orwell en su novela.

Precisamente basándose en estas dos ideas, la ciudad estadounidense de San Francisco acaba de aprobar una medida por la cual se prohíbe el uso del reconocimiento facial. Llama la atención que una de las urbes pioneras en tecnología en todo el mundo sea la primera de Estados Unidos en aplicar esta medida, más aun teniendo en cuenta que la medida fue aprobada por mayoría; tan solo uno de los ocho integrantes de la Junta de Supervisores (órgano legislativo de la región) votó en contra.

Según informaciones recogidas por el diario The New York Times, esta medida forma parte de una ley mayor destinada a controlar el uso que se hace de las diversas medidas de seguridad que existen en la ciudad, estableciendo que las agencias locales deben crear de manera previa una regulación para el empleo de estas herramientas. En concreto, se ha puesto en el punto de mira el uso que las unidades policiales hacen del reconocimiento facial, quienes lo emplean para rastrear a personas en su día a día y que en alguna ocasión han llegado a apresar a algún ciudadano de manera errónea. El texto expuesto en esta ley, redactada por el supervisor Aaron Peskin, se basa en los argumentos que durante años han venido reiterando diversos grupos defensores de los derechos civiles, para quienes el empleo ilimitado de esta tecnología es contrario a la idea de democracia.

La ciudad de San Francisco lanza con esta medida, que todavía debe ser sometida a una segunda votación para entrar en vigor, un potente mensaje: el uso de la tecnología debe estar perfectamente regulado. Que tengamos al alcance de nuestra mano unos recursos no implica que debamos usarlos en todo momento, sobre todo cuando ese empleo atenta directamente con la privacidad y el derecho a la intimidad de la ciudadanía.

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