FIB 2016
Wet Hot American Summer

Wet Hot American Summer

8.5
Publicado el 03.09.15

El verano del humor

En un mundo dominado por innumerables y sofocantes estrategias de marketing, con sus anuncios en televisión, sus vayas publicitarias, sus tuits patrocinados y sus minions, minions y más minions, descubrir algo por nuestra cuenta, escondido en el trastero oscuro y polvoriento de las malas críticas y peores resultados económicos, nos hace sentir poco menos que intrépidos exploradores. Indianas Jones dando con una joya valiosa y desconocida. Lo otro nos lo han vendido, pero esto… esto lo hemos descubierto nosotros. Nos pertenece y es, en palabras del célebre orador Smeagol, nuestro tesoro.

Y nuestros tesoros no se tocan. Se comentan, se disfrutan, se recomiendan y se comparten, pero no se tocan. Porque sacarlos de su vitrina para que les dé el aire no puede traer nada bueno. A no ser que seas la versión televisiva de ‘Fargo’, claro. O la revisión reciente de Mad Max. O la precuela de ‘Wet Hot American Summer’. 

Puede, y sólo digo puede, que entre el insaciable apetito por monetizar nuestra nostalgia a base de relanzamientos y continuaciones, y nuestra posición predeterminada de recelo absoluto, haya un término medio capaz de hacernos llegar pericias cómicas como la que nos ocupa. Una oda a sí misma y a su público que existe, como su origen, en una cápsula atemporal donde los años sólo han pasado para fortalecerla. Y para ofrecer el primer y más grande chiste de la serie. 

La nada desdeñable retahíla de cómicos veinteañeros que interpretaban en 2001 a imberbes adolescentes, vuelve ahora, no para ofrecer una reunión entre adultos con toques de melancólica madurez como dictan los cánones de la lógica, sino para presentarse, arrugas, barrigas y horriblemente maravillosas pelucas mediante, como las versiones ocho semanas más jóvenes que la película original.

Para ‘First Day of Camp’, los 16 son un descacharrante estado mental al que uno puede acceder ya tenga 30, 40 ó 50 años a sus espaldas. Una broma que más que un chiste, es una proclama meridiana de intenciones, que funciona además como un cohete si visionamos esta nueva aventura en la ficción de Netflix inmediatamente después de (re)visionar su pistoletazo cinematográfico.

No sólo porque así se descubre una narrativa, de otra manera oculta, de orígenes y guiños a su predecesora, sino porque si a ‘Wet Hot American Summer’ se le puede acusar de algo, jamás será de falta de honestidad. En su vuelta no hay mutaciones espectaculares ni giros de tuercas que indiquen que entre una entrega y otra han pasado catorce años. El soporte y la duración han cambiado, pero la historia, el tempo y el humor es el mismo. Y si la primera hora y media no te convence, continuar su tramo televisivo carece de sentido. 

‘Wet Hot American Summer’ (película y serie) es una parodia de las comedias de adolescentes hormonados y de la narrativa arquetípica contemporánea (impagable esa conversación final entre Garofalo y Hamm sobre inconsistencias en la trama), pero al contrario que el resto de parodias al uso a las que estamos acostumbrados (las scary movies, las atrápalo como puedas…) es, además, otra cosa. Es ella misma. Con su propia identidad, su propia cadencia y su propio sentido del humor. Lo era en 2001 y lo sigue siendo ahora. 

Y merece la pena, no sólo como la excusa gamberra para reunir a su portentoso elenco que indudablemente es, sino como la refrescante bocanada de aire fresco que ha venido este verano a alejarnos de olas de calor, de una parrilla televisiva estival comatosa y de la enésima discusión sobre la calidad (o falta de) la nueva entrega de ‘True Detective’.  

‘Wet Hot American Summer’ ha viajado atrás en el tiempo hasta 2001 para solucionarnos el verano. Y de paso, para posicionarse como una de las mejores comedias del año.

 

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