FIB 2016
Jessica Jones

Jessica Jones

8.0
Publicado el 29.11.15

Abriendo camino, a hombros de gigantes.

Hay algo en 'Jessica Jones' que atrapa inmediatamente. Algo que nos fascina desde el primer minuto y que nos motiva una y otra vez a dejar pasar un poco de largo la vida y aprovechar la bendita política de Netflix de dárnoslo todo de golpe. Como si confiaran en que cada uno somos lo suficientemente responsables como para gestionar nuestro tiempo y nuestro visionado. Como si no supieran de sobra que ver sus créditos finales y no darle al botón de siguiente es poco menos que un acto heroico propio del mismísimo universo Marvel.

Jessica Jones es vibrante y oscura y ácida. Y es apasionante en su desarrollo, incluso cuando en ocasiones no acabe de gestionar bien del todo algunas historias secundarias que, en comparación con el devenir de sus protagonistas, rozan el tedio. Pero es que, si somos sinceros, comparados con la escalofriante frialdad del Kilgrave de David Tenant, magnífico en su retrato del villano con uno de los poderes más aterradores de la historia, y la contenida, carismática e hipnótica interpretación de esa absoluta revelación que ha resultado ser Krysten Ritter, ¿quién no resultaría tedioso?

Jessica Jones no es la primera superheroína en la pequeña pantalla. A ratos su fuerza y su motivación (o falta de), nos recuerda a esa Buffy re-resucitada que no quería estar ahí. A ratos su astucia y su oscuro sarcasmo rendido al género noir, nos remonta a una Veronica Mars (todavía más) de vuelta de todo. Jones, indudablemente, se erige sobre los hombros de las gigantes mujeres que la precedieron. De sus compañeras de universo, sí, pero también de tantas otras grandes mujeres que han sabido dirigir y gestionar su propio poder en nuestras pantallas. Todas ellas necesarias, y todas ellas súperhéroes en sus propias historias. Sí, incluso Veronica Mars, que como Peggy Carter o La Viuda Negra no tiene súperpoderes. Como tampoco los tienen Batman o Iron Man, sin que nadie se plantee su posición en el podio de los superhéroes.

Como decíamos, Jessica Jones no es la primera superheroína en la pequeña pantalla, pero, en manos de Melissa Rosenburg –su creadora-, ha conseguido erigir un estandarte propio en tierra nunca antes conquistada. Primero, reclamando el lugar privilegiado que merecen las historias de mujeres, homosexuales y personas de color que hasta ahora el universo donde su planeta habita ha poco menos que arrinconado. Segundo, haciéndolo además con un propósito y mensaje cristalino. La suya es una historia de mujeres y hombres negros luchando para quitarle el poder a un hombre blanco al que todo se le da hecho simplemente con desearlo. Se puede decir más alto pero no más claro. Y tercero, porque lo ha hecho, además, explorando un proceso que pocas veces hemos visto en pantalla (grande o pequeña): las consecuencias del horror, la convivencia con un trastorno por estrés postraumático en la mujer.

Habrá quien eche en falta un mayor énfasis en la historia de origen de esta fascinante anti heroína, pero es precisamente este viraje del rumbo de su trama del tradicional y agotador recurso barato del dolor en la mujer como artefacto de pirotecnia narrativa barata, lo que hace de ésta no sólo una serie endiabladamente entretenida, adictiva incluso, sino una oportunidad extraordinaria de navegar por aguas catódicas bochornosamente intransitadas. 

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