FIB 2016
It’s Always Sunny in Philadelphia

Manual de uso: It’s Always Sunny in Philadelphia

Publicado el 14.01.15
por Rebeca Suárez
@rebecasrz

Concéntrate. Ahora, piensa en una serie que, al estreno de su décima temporada, apenas haya mostrado síntomas de agotamiento. Una serie que, tras una década en antena, aún te mantenga expectante e ilusionado frente a su regreso.  En la que sus guionistas no hayan quemado tramas, líos amorosos y chistes recurrentes tras tantas temporadas a la espalda. Tómate tu tiempo. Ésta, la serie longeva pero fértil y en forma, es una criatura esquiva, casi mística, que a estas alturas tildaríamos de mera leyenda urbana, si no fuera porque a algunos se nos aparece todos los años entre diez y trece veces con el nombre de ‘It’s Always Sunny In Philadelphia’.

 

PADDY’S, WHERE NOBODY KNOWS YOUR NAME

‘It’s Always Sunny On TV’, el nombre con el que arrancó este proyecto, era la respuesta gamberra y pasada de rosca de Rob McElhenney y Glenn Howerton (Mac y Dennis en la serie) a las comedias formulaicas donde los protagonistas conviven en armonía, los finales felices se regalan en cada esquina y las risas enlatadas no pierden carcajada por encorsetados y maniqueos que sean los chistes que se les lanzan. Y te guste o no el humor cínico y en ocasiones idiota de esta panda de seres infrahumanos, disfuncionales, psicóticos y egoístas, nadie les puede negar el haber conquistado sus metas. ‘Its Always Sunny in Philadelphia’ es, desde su estreno, lo más alejado a una sitcom convencional posible, sin dejar en ningún momento de ser rematadamente graciosa.

Bienvenidos a Paddy’s, un pub irlandés ruinoso al sur de Philadelphia regentado por cinco de los más narcisistas y desastrosos personajes que jamás han pululado por la televisión: Los gemelos Dennis (Howerton) y Sweet Dee (Kaitlin Olson), su pintoresco padre Frank (Danny DeVito, una imposición de la cadena en su segunda temporada para aumentar la más que discreta audiencia de su predecesora), Charlie (Charlie Day) el que podría, o no, ser el hijo perdido de Frank, ingenuo soñador y esbirro de la pandilla, y Mac (McElhenney), la musculada sombra de Dennis y mente creadora entre bambalinas.

Puede que Paddy’s no llene hasta la bandera noche tras noche, pero desde el 2005 no ha habido cita con su público a la que dejara de acudir. Es la maldición de una de las mejores comedias de la televisión. Esa serie brillante a la que jamás se ha nominado para un solo premio de renombre (impagable aquí su capítulo al respecto: ‘The Gang Tries Desperately to Win an Award’ en el que la panda intenta que Paddy’s gane el premio a Mejor Bar) y que por más que te recomienden te da pereza comenzar.  Razones no te faltan: historias sobre americanos white trash, humor tosco y unos más que paupérrimos valores cinematográficos.

Y sin embargo, una vez que entras en el mugroso y maloliente tugurio de esta pandilla, no puedes dejar de preguntarte ¿por qué no he venido yo aquí antes?

 

MALDITOS BASTARDOS

Ya lo hemos comentado, pero vale la pena repetirlo: Dennis, Sweet Dee, Mac, Charlie y Frank son, fácilmente, el peor grupo de personas de la televisión. Piensa en cualquier adjetivo negativo que se te venga a la cabeza: lo son. Egoístas, desagradecidos y vagos: sí, todo el tiempo. Ignorantes, fracasados pero, al mismo tiempo, megalomaniacos: por supuesto. Racistas, machistas y homófobos: entre otras muchas cosas.

Pero verás, no es baladí en absoluto que por debajo de sus crudos y políticamente incorrectos chistes suene esa musiquilla tan alegre de espíritu dicharachero, capaz de trasladarnos a la aparentemente feliz y cordial Norteamérica de los cincuenta, con su gente de bien y sus vallas blancas. Al fin y al cabo, esa es la misma américa que IASIP está retratando. La de los valores tradiciones que excluyen a cualquiera que no pase el umbral moral y económico marcado. La de los privilegios y oportunidades siempre y cuando seas hombre y blanco.

Nuestra panda favorita de bastardos son el último escalón de una estructura perfectamente delimitada que favorece a un grupo muy determinado de gente y del que incluso ellos, pobres y prácticamente analfabetos, se benefician.

McElhenney y compañía saben perfectamente lo que se traen entre manos, y son muy conscientes (y nos hacen conscientes a nosotros), de la calaña moral de sus personajes. Eso es lo que les diferencia de tantos otros cabrones en la televisión. Que en ningún momento se glorifican sus errores ni se buscan excusas a acciones injustificables. Esto no es Walter White siendo un ser despreciable por el que jaleamos para que se salga con la suya, ni un Barney Stinson misógino y mentiroso a quien acabamos convirtiendo en héroe generacional.

La panda de Paddy’s son un grupo despreciable y ahí está precisamente el chiste. No en sus víctimas ni en sus triquiñuelas, sino en su deplorable y patético patrón moral.

 

THE (POLITICAL) IMPLICATION

Es fácil perderse en un mapa catódico plagado de intentos por explotar lo que hemos venido a llamar “políticamente correcto”. De hecho, de un tiempo a esta parte, lo que en un primer momento podría parecer subversivo al ojo inexperto, se ha convertido en el comodín cómico al que recurren los mediocres.

Lo “políticamente incorrecto” por sí solo no tiene mayor valor que el de buscar humor en el dolor y la molestia ajena. Reírse de los colectivos que reclaman respeto sólo porque los chistes se hacen solos es una práctica de cobardes demasiado extendida.

Sin embargo, 'It’s Always Sunny In Philadelphia' se ha apropiado de esta tendencia de manera magistral dándole la vuelta completamente. No sólo dejando en evidencia a sus protagonistas, en vez de sus víctimas, como el verdadero problema, sino, directamente, usando las trasnochadas y horripilantes tácticas de sus personajes para poner en negrita y subrayar un mensaje político extremadamente concienciado.

En su extenso discurso subyacente, 'It’s Always Sunny In Philadelphia' ha hablado, entre otras muchas cosas, del aborto, el control de armas, el racismo, la transfobia, las dificultades de los discapacitados, el sexismo, la religión, la cultura de la violación, la falsedad en la política y hasta de las absurdas pero poderosas tretas económicas que nos ahogan. Y todo esto sin renunciar en ningún momento a sus chistes sobre heces, sus canciones horriblemente pegadizas y sus infomerciales de calcetines para gatos.

 

WILDCARD, BITCHES!

Leído así, parecería que acudir a una cita con los chicos de IASIP sería entregarse a media hora de intensidad moral y conversación socio cultural trascendente. En absoluto. Estos temas, que existen y se respiran constantemente en la serie, son el poso que queda tras capítulos y capítulos de loca y maravillosa hilaridad. Por encima de todo, 'It’s Always Sunny In Philadelphia' es una de las series más graciosas de su generación, capaz de sacar el mejor rendimiento posible a su económicamente forzado nihilismo estético.

En esta comedia, el chiste empieza por el propio título de cada capítulo y la sonrisa no da un respiro hasta que ruedan los créditos finales. Por sus capítulos han pasado desde musicales con ramalazos a lo Bowie, intervenciones de Rob Thomas desequilibrados, dance offs entre Sweet Dee y un muñeco hinchable, reinvenciones (muy muy muy) low cost de Arma Letal 5 y 6, y hasta una actuación en directo de toda la panda interpretando una obra musical escrita por Charlie. 

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