FIB 2016
Joanna Newsom

Joanna Newsom

Drag City, 2015
9.7
Publicado el 21.10.15

Cada disco de Joanna Newsom tiene sus señas de identidad. Hay puntos en común aunque conceptualmente sean muy distintos. Su debut mostraba una singular voz que dividió a muchos que sintieron rechazo por esa suerte de graznido. Con el tiempo, ha sabido templar su instrumento (con alguna dolencia como una afectación en los nódulos durante la grabación de su tercer LP) y ese trabajo, una década después, se erige como una de las obras fundamentales del freak folk que ella, junto a compañeros como Devendra Banhart, ayudó a impulsar a principios de siglo, y que incluyo varios de sus hits, breves y dulces composiciones que aún ahora reivindica. Para su segundo larga duración quiso ir más allá. Contactó con su ídolo Van Dyke Parks y consiguió que se encargase de los arreglos orquestales. De esas sesiones de grabación salió una suite de cinco piezas y 55 minutos que rozaba la perfección (cuando no la tocaba, como en esa ‘Emily’ que nueve años después sigue siendo la cumbre de su carrera). Ya con ‘Have One On Me’ fue un paso más allá: presentó un triple álbum de más de dos horas de duración, en la que el enfoque, cómo no, volvía a ser más amplio lirica y estilísticamente. Introdujo la guitarra eléctrica, que no convenció a algunos, e incluyó números como ‘Good Intentions Paving Company’, que con su tempo más alto y resonancias country y jazz se alejaba del lujo orquestal de su predecesor. Para su cuarto disco, ‘Divers’, ha tardado cinco años y, visto este lustro que ha dejado de por medio y su inquebrantable ambición, muchos se preguntarían por donde irían los tiros.

‘Divers’ dura 52 minutos y tiene 11 canciones, que para cualquier otro artista bien podría ser un trabajo largo, pero en ella no se ve así. Con todo, consigue englobar todo lo que ha logrado a lo largo de toda su carrera. Es una obra que picotea de lo bueno y mejor de sus anteriores tres largos para dar con algo más redondo, pulido, sin aristas. ‘Divers’ no se te hará bola como ‘Have One On Me’. No te costará atravesar por canciones de más de un cuarto de hora. Tampoco te hará rechazar las composiciones menores, entre comillas, de su debut. Un poco como ocurre con el último de Julia Holter, Newsom ha conseguido entregar una obra que aunque sea accesible, no renuncia en ningún momento a sus ambiciones vanguardistas. La guardia pretoriana de la californiana podría sentirse defraudada por un álbum aparente más convencional o que se pueda describir con adjetivos como inmediato. Pero que nadie tema, ‘Divers’ es un LP que hermana a todos los que han sentido amor por la música de Joanna y, a la vez, puede incluso abrir las puertas a un nuevo público que ahora vean sus predecesores con otros ojos. También invita al fan de toda la vida a recuperar su obra antigua, a saborearla de nuevo, a descubrir nuevos matices. Eso sí, una vez hayan conseguido despegarse de la telaraña de ‘Divers’.

Porque si algo tiene ‘Divers’ es que consigue atraparte. Durante más de 50 minutos quedarás paralizado, pasmado por la increíble belleza que Joanna Newsom crea a través de su música. Ella ha descrito el álbum como “una especie de loop narrativo”. Y tiene razón. El hecho de que no sólo empiece con los graznidos de un pájaro y recupere ese sonido en el tema final, sino que después de que los arreglos orquestales se alcen hasta más allá de las coloridas nubes que se pueden ver en su portada y repita entre exclamaciones “Transcend” lo remate con la primera sílaba (“Trans”) es una manera perfecta para dotar al álbum de una estructura circular teniendo en cuenta que la primera palabra que sale de su boca al inicio del disco es “Sending”. Son detalles pequeños, que pueden pasar desapercibidos en una escucha superficial, pero una vez sumergidos en él, las recompensas son cada vez mayores. De las 11 canciones, mucho más de la mitad se erigen como colosales monumentos musicales. Pero con paciencia (no demasiada) al resto les acabas pilando punto y viendo con tan buenos ojos como el resto.

Como decíamos dos párrafos más arriba los que quedaron prendados de los hechizos orquestales de Joanna Newsom en ‘Ys’, aquí encontrarán momentos de una gracilidad aturdidora. Sólo hay que repasar la hoja de colaboradores para ver que la californiana se ha sabido rodear de la gente adecuada para sacar el máximo partido a las cuerdas. Está Dave Longstreth, líder de Dirty Projectors, Nico Muhly y, por supuesto, Noah Georgeson, su mano derecha desde los inicios. Personas que saben sacar los arreglos más intricados, sofisticados e ingeniosos. A todo esto hay que sumar miembros de la City of Prague Philarmonic Orchestra. Aunque, por supuesto, el álbum sigue siendo tan amplio instrumentalmente como los anteriores. Hay un despliegue descomunal de vientos, unas percusiones que te golpean en el pecho (aparecen poco, pero cuando irrumpen en la colosal ‘Time, As A Symptom’ la sacudida sensorial es de órdago), un papel importante para el órgano eléctrico Mellotron M400, los sintetizadores, teclados y, sí, piano.

Describir estilísticamente ‘Divers’ resulta tan o más difícil como con sus anteriores obras. Hace tiempo que Joanna Newsom ya se pasó el folk, el country o el pop. Su música trasciende géneros. Siguen resonando ecos de Joni Mitchell, toda serie de sonidos de la música americana tradicional (ragtime, blues y demás), el folk británico e, incluso, ocasionales arrebatos de rock progresivo. Recurra a lo que recurra, los resultados son los mismos. La de Newsom es una música que reconforta en tiempos de necesidad. Hay temáticas como el amor o la pérdida. No importa que en muchos momentos abra las ventanas y deje entrar los rayos de sol, también hay instantes en los que el temor por la muerte acecha. Es entonces cuando estas composiciones cobran sentido como bálsamo, como ese remedio tradicional que te tomas para reponerte de todos los males. Ya hayas tenido un día de perros, hayas perdido a alguien o simplemente quieras elevar tus ánimos, ahí está el cancionero de la de Nevada City cuando más hace falta.

Los cinco años que han pasado entre álbumes son más que significativos. En este tiempo, entre otras cosas, ha superado la treintena, se ha casado y ha aparecido en el cine como Sortilège, uno de los personajes de la última película de Paul Thomas Anderson. Con todo, no hay unas letras tan personales como cabría esperar, salvo algún momento puntual. Las canciones están cargadas de todo tipo de referencias, algunas frustrantemente indescifrables. Por ejemplo, ‘Sapokanian’ se refiere a un viejo asentamiento de nativos americanos en lo que ahora es Lower Manhattan. También ahí hay citas a los sonetos ‘Ozymandias’ de Percy Shelley y Horace Smith. Hay viñetas más trascendentales, filosóficas y existenciales, especialmente en el tramo final y no faltan los momentos más fantasiosos, como en esa ‘Waltz Of The 101st Lightborne’ que invoca unos soldados que viajan por el tiempo. De nuevo, Newsom tira de su descomunal léxico lo que, como siempre, aturdirá a la mayoría, pero eso es un reflejo de su personalidad (que, evidentemente, también se transmite en la música) y que a estas alturas más que quejarnos deberíamos saber convivir con ello.

En ‘Divers’ Joanna Newsom lidia con material sensible. Son tantas las referencias, los estilos, los registros, que a cualquiera se le podría ir de las manos. Pero ella muestra una facilidad pasmosa para manejar todo sin que el castillo de naipes se desmorone. El universo creativo y personal que la californiano ha creado aquí (y que ya ha dejado para la posteridad en sus anteriores tres trabajos) es uno de los tesoros más preciados de la música actual. Poder vivir a la vez que se crean estas canciones y las escuchas en casa o en vivo es un privilegio del que hay que ser consciente y por el que agradecerle cada día. Siempre podremos decir que vivimos en esos mágicos tiempos en los que una genial cuentacuentos rubia californiana nos obsequiaba con sus preciosas creaciones y un amor puro por la música. 

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