FIB 2016
Daughter

Daughter

4AD, 2016
8.0
Publicado el 15.01.16

Había algo en el debut de Daughter, ‘If You Leave’, que hacía presagiar que tomarían el camino que han emprendido en su segundo largo, el esperadísimo ‘Not To Disappear’. En sus inicios era sólo el proyecto de la vocalista, Elena Tonra, más tarde se le sumó su novio guitarrista, Igor Haefeli, y en ese punto ya sí empezaron a publicar su música. Eran otros más de esos productores de dormitorio que graban sus canciones con escasos recursos pero excelentes resultados. Poco a poco fueron expandiéndose, de hecho, se les sumó un tercer miembro, el batería Remi Aguilella, que les ayudó a llegar ahí donde antes no podían. Inquietos como son, probaron cosas nuevas y no se acomodaron. Y, claro, cuando consiguieron los medios suficientes para dar con el sonido que querían crear al fichar por 4AD ya se convirtieron en la banda que siempre habían querido ser.

Si su álbum de debut les alejaba de esas etiquetas de folk o registros intimistas y minimalistas para explorar un sonido más intenso, de letras tormentosas, a menudo pesimistas, que les adentraba dentro de terrenos como el post-rock y sugerían un acercamiento más explícito al shoegaze y el dream-pop del que su sello hizo gala en esa etapa gloriosa que va de mediados de los 80 al de los 90, todo esto es aún más evidente en este ‘Not To Disappear’. También hay un cambio sustancial aquí. Si antes no podíamos despegarnos de la magnética y carismática voz de Elena Tonra ahora demuestran que los tres funcionan con precisión milimétrica. A los dos minutos de empezar el disco con ‘New Ways’ la guitarra de Haefeli se vuelve sucia, casi tóxica. Si el primer LP ya tenía arrebatos intensos aquí suben de nivel. Luego está ‘Fossa’, en cuya segunda mitad se atreven incluso a prescindir de su vocalista para ofrecer un orgía ruidista, de ritmo cinético, con un Aguilella portentoso a la batería, con esos arrebatos tan The National que van a enloquecer al público en sus próximos conciertos.

‘Fossa’, junto al resto de la segunda mitad - a excepción de ese ligeramente insulso cierre - muestra una faceta que, como decíamos, intuíamos pero no deja de sorprender. Sus dos adelantos sugerían un trabajo continuista. ‘Numbers’ y ‘Doing The Right Thing’ son excelentes piezas, la primera introduciendo un dream-pop tortuoso, de atmósferas viciadas y teñidas de oscuridad, mientras que la segunda, una de las composiciones más hermosas que se pudieron escuchar el año pasado, demuestra que ni mucho menos han perdido pericia con la pluma. Es un relato desgarrador sobre el Alzheimer de la abuela de Elena, con potentes imágenes como “He perdido mis hijos / He perdido mi amor / Simplemente me siento en silencio / Dejando que los retratos se empañan”. Esta temática del dolor y la pérdida ya se exploraba en el debut y aquí añaden otros asuntos como la maternidad: ahí está una canción llamada, ni más ni menos que ‘Mothers’. La manera en la que el trío enlaza las dos caras del álbum es absolutamente maravillosa con ésta fundiéndose en ‘Alone / With You’, una oda a la soledad y al odio hacia uno mismo.

Pero después del bajón viene una tormenta en la forma de la nerviosa ‘No Care’, un glorioso ejercicio de rock oscuro (¿gótico?) e irónicamente bailable teniendo en cuenta de que en ella Tonra se queja de que nadie le pide danzar con ella. Se nota que hace un año colaboraron con las chicas de Warpaint remezclándose mutuamente. Es aquí donde demuestran que se desmarcan de esa etiqueta de grupo tristón pero siguiendo siendo fieles a sí mismos. Si ya en 2013, cuando eran los debutantes del momento, abarrotaron el escenario del Primavera en el que tocaban, no debería extrañar que ahora, con un tour prácticamente agotado y una fructífera temporada de festivales por delante empiecen a ocupar slots más agradecidos y en escenarios más grandes. Sentaron las bases de su sonido en el álbum de debut y ahora ha llegado el momento de su confirmación. Y Elena sólo tiene 25 años. 

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