FIB 2016
Bjork Vulnicura

Björk

One Little Indian, 2014
8.5
Publicado el 28.01.15

En la portada de ‘Vulnicura’, la figura de una Björk marciana aparece con un corte en el pecho que puede remitir a unos labios vaginales. Lógicamente, no puede ser una imagen casual. Tan prominente incisión pectoral tiene que remitir por fuerza al que es el tema central de su último disco: la ruptura sentimental de la islandesa con el artista conceptual Matthew Barney, padre de su segundo retoño, tras más de diez años de relación. El aspecto genital del corte ya es otro asunto, aunque bien podría tener que ver con la vehemente postura feminista que siempre ha defendido y quién sabe si también con una necesidad de reafirmación personal.

Ella misma ya avisaba hace unas semanas de que ‘Vulnicura’ sería un disco tradicional, refiriéndose a la escritura y la estructura de las canciones. No dijo sin embargo que también lo era en lo temático: discos de ruptura los hay a montones, algunos de ellos míticos (‘Blood On The Tracks’ de Bob Dylan, ‘Blue’, de Joni Mitchell, ‘The Boatman’s Call’, de Nick Cave, incluso ‘For Emma, Forever Ago’, de Bon Iver). Ahora también ‘Vulnicura’. De todas formas, donde dijo ‘tradicional’ quizás debería haber dicho ‘terrenal’. Las canciones que lo conforman no son en absoluto convencionales: la mayoría de ellas superan los 6 minutos –llegando incluso a los 8 y 10– y no hay asomo de estribillos, melodías con gancho pop ni instrumentaciones simples. Pero sí es cierto que resulta mucho más cercano, asequible e incluso humilde que ‘Volta’ o ‘Biophilia’, discos en los que Björk parecía vivir y crear en un mundo aislado a mil años luz de la tierra, apartada de los demás. La ruptura, pues, parece el elemento motriz que vuelve a activar el resorte de las emociones humanas, razón básica para entender por qué la música de Björk (difícil ya desde su ‘Debut’, aunque no lo pareciera, y más retorcida y ambiciosa a cada nueva obra) ha llegado a fascinar a tantísima gente en todo el mundo. ‘Emotional’, ‘respect’, ‘feelings’, ‘love’: palabras que se oyen ya al principio de ‘Vulnicura’, se repiten a lo largo del disco y apelan directamente a cualquier oyente, más allá de si se entiende o no el resto del discurso.

La otra clave, por supuesto, está en la música: Arca y Haxan Cloak parecen tomar el testigo del recientemente fallecido Mark Bell, creando junto a Björk (nunca ‘para Björk’, ojo: ella produce todo el álbum, ellos aportan ideas y ayuda extra) un entramado rítmico de pura electrónica abstracta, imaginativos arreglos de cuerda y atmósferas mareantes que remiten directamente a su etapa de finales de los 90 y principios de los 2000s, a 'Vespertine' y, sobre todo, a ‘Homogenic’ (probablemente su mejor disco). Canciones como ‘Not Get’ (subyugantes los violines tratados y la crudeza de los beats), la majestuosa y tristísima ‘Black Lake’, ‘Mouth Mantra’ (quizás donde más se nota la mano de Arca), ‘Family’ (el tema con Haxan Cloak) o ‘Atom Dance’ (a pesar del innecesario featuring de Antony) no desentonarían en absoluto mezcladas con ‘Hunter’, ‘All Is Full Of Love’, ‘Bachelorette’ o ‘Jóga’. La riqueza de detalles, arreglos, sonidos y giros es tal que el disco tiene tantas vidas como escuchas estemos dispuestos a darle. La primera capa ya puede convencer por la emoción y la voz, más contenida de lo normal, más humana; pero es en posteriores lecturas cuando desvela una complejidad y exuberancia que no esperábamos a estas alturas.

Björk ha bajado de su nube, se ha rodeado de cómplices a la altura y ha entregado su disco más valioso y sincero desde ‘Vespertine’.

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