FIB 2016
Beach House Depression Cherry

Beach House

Sub Pop, 2015
8.3
Publicado el 24.08.15

En los más o menos diez años que llevan Beach House de carrera han progresado adecuadamente pero no podría decirse que cada álbum sea una sorpresa. O, quizá, sí lo es, no estilísticamente, pero en la manera que han sabido crecer y expandirse sin traicionar sus raíces minimalistas. Cuando empezaron era fácil compararlos con grupos como Galaxie 500 o toda la corriente dream-pop más melancólica, pero ahora Victoria Legrand y Alex Scally han conseguido un sonido propio y eso es mucho decir, algo que tiene el mismo mérito que saber reinventarse con cada disco. Su caso es francamente extraño y, de algún modo, comparable al de The xx. Nada que discutir sobre la calidad de su música, desde sus inicios llevan entregando maravillosas perlas pop, pero es un sonido que choca que epate con las masas. Pocos meses antes de que saliese a la venta ‘Teen Dream’, el trabajo con el que llegaron a un público mucho más amplio, llegaron a tocar en el Sidecar, una sala barcelonesa para no mucho más de 100 personas, un contexto íntimo en el que encajan a la perfección. Pero desde entonces los recintos han ido creciendo. Entre ese LP y el siguiente, ‘Bloom’, tocaron en el Poble Espanyol y estrenaron una de sus nuevas canciones, ‘Wild’, en la que se veía que iban a apostar fuertemente por la percusión. Y, efectivamente, llegó ese cuarto largo y vimos a los Beach House más lúcidos, grandilocuentes y potentes hasta la fecha. Ya lo decían ellos: “nuestras viejas canciones eran como planetas, pero las nuevas son grandes como galaxias”. Por todo ello resulta extraña esa declaración de intenciones cuando anunciaron ‘Depression Cherry’. Querían volver a la simplicidad, prescindir bastante de la percusión, “evolucionar ignorando a la vez por completo el contexto comercial en el que existen”.

Hubo unos días de confusión porque en ese momento no había sencillo de adelanto que pudiese aclarar las cosas. Y cuando, poco después, estrenaron ‘Sparks’ el desconcierto fue mayor. Entregaron una pieza de lo más agresiva, cercana al shoegaze de My Bloody Valentine, con una Victoria Legrand muy Bilinda Butcher. Pero aunque el sonido no era tan nítido como nos tenían acostumbrados, no había esa mezcla sucia y destartalada de sus dos primeros discos. Desgraciadamente para ellos, ‘Depression Cherry’ se filtró muy rápido, como ocurrió con sus otros discos para Sub Pop (no echamos la culpa al sello, pero desde luego, se lo tienen que hacer mirar). Así hemos tenido medio verano para digerir como se merece este álbum y emitir una opinión ponderada y bien reflexionada. Este quinto disco no es ni una vuelta a los orígenes, ni un suicidio comercial ni nada parecido. Es decir, sí, existe una cierta tendencia hacia la simplificación, a explotar al máximo una melodía y acompañarla por un órgano que a menudo inunda la canción con un drone interminable, la mágica guitarra de Alex Scally asomando sólo en el momento adecuado y una Victoria Legrand que ya no está tan arriba en la mezcla. Pero es como si el dúo de Baltimore hubiese regresado a mitades de la década pasada y hubiese hecho un LP con toda la experiencia adquirida. También se ha podido aclarar otro asunto, el del título. Al margen de su debut, siempre habían conseguido dar con la tecla a la hora de poner nombre a sus obras. Decían que eso de Depression Cherry no era tanto un color como un estado de ánimo. La depresión o tristeza siempre se ha asociado al color azul, pero lo cierto es que aquí no entendemos muy bien qué tiene que ver la cereza. Sus canciones tocan esos aspectos, pero lejos de lamentarse por ello, son como una válvula de escape en busca de la felicidad. Su música es triste pero, extrañamente, optimista a la vez.

‘Depression Cherry’ empieza, pues, con esta idea. ‘There’s a place I want to take you’ dicen en la canción que abre majestuosamente el álbum. Podemos estar tristes, hechos polvo, pero hay una voluntad escapista, de encontrar estados de ánimo o lugares mejores y más confortables, una costumbre extendida en el dream-pop (el propio nombre lo dice todo). Así como el título del álbum puede parecer un poco pomposo y hasta ridículo, muchos de estos temas están perfectamente titulados. ‘Levitation’, ‘Sparks’, ‘Space Song’, ‘Beyond Love’, ‘Days Of Candy’… todo esto nos da una idea de por dónde irán los tiros. Lo que demuestra este álbum es que Beach House enamoran hasta con lo que podrían parecer piezas menores como algunas que encontramos en el tramo central de este trabajo. Se tienen tan estudiada la fórmula, tan perfeccionada, que hay momentos que pueden recordar a otras composiciones del pasado. Hay una sensación de déjà vu, sí, pero en ningún momento de repetición, de pereza, de haber puesto el piloto automático. Es cierto que el conjunto general no está a la altura de sus dos anteriores largos, pero claro, es que estamos hablando de algo cercano a la perfección. Tiene mérito que con tan pocos elementos y con una música lejos de ser pretenciosa que sólo busca enamorar al oyente sin grandes artificios, el dúo siga creando magia diez años y cinco LPs después. Hay voces por ahí que dicen que su fórmula necesita urgentemente un lavado de cara, como dando a entender que se han estancando. Pues si así es, encantados estamos de que sigan insistiendo en este sonido hasta el fin de sus días.

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