FIB 2016
Amy

Amy

7.5
Publicado el 17.07.15

Camino a la perdición

“No creo que llegue nunca a ser famosa; si sucediera no podría soportarlo”, dice una Amy Winehouse de 19 años, risueña y ya con un contrato bajo el brazo, pero sin imaginar ni por un segundo lo que le vendría encima pocos años después. Lo comenta ella misma delante de una cámara, en una de las muchísimas grabaciones de las que dispone Asif Kapadia para componer su documental. Quizás ya no debamos sorprendernos que en esta era de móviles multifunción todo quede documentado, y más si se trata de la vida de una joven occidental hiperactiva, pero, aún así, choca la ingente cantidad de material que ha logrado reunir el director: Amy de fiesta a los 13,  Amy de niña escapándose ya del control de su madre, Amy en la piscina, Amy durmiendo en el coche, Amy divirtiéndose con sus amigos en Mallorca… y, cómo no, en el tramo final, Amy drogada, Amy perdida, Amy tocada y hundida.

Son tantas y tan potentes las imágenes que Kapadia puede prescindir del trillado y repetitivo recurso del busto parlante y colocar las voces de los protagonistas en off, lo que constituye uno de los grandes aciertos del film. De todos los entrevistados, solo Questlove? aparece unos segundos hablando directamente a cámara; además del batería de The Roots, el filme incide de forma sutil pero continuada en la amistad de Winehouse con otra estrella del hip hop americano, Mos Def, quien confiesa haberse enamorado un poco de ella cuando la conoció por primera vez.

El de Mos Def es sólo uno de los múltiples detalles que quizás muchos espectadores no conozcan de la vida de la cantante inglesa; de hecho, el filme probablemente se disfrute más por parte de quien en su momento no siguiera de cerca los tabloides y el sinfín de informaciones sobre sus constantes calamidades, entradas y salidas de rehabilitación y la destructiva relación con Blake Fielder-Civil. El ex-novio, macarra de manual, y el padre, Mitch, son los dos principales blancos sobre los que dispara Kapadia; no es nada extraño, pues, que la familia se prestara primero a colaborar (como hizo el propio progenitor con una cadena de televisión al presentarse en la isla en la que descansaba su hija con varios cámaras, en una de las secuencias más demenciales del filme) y que, una vez estrenada la película, la hayan repudiado públicamente. 

Más allá de su contenido estricto, 'Amy' –que se estrena en España cinco días antes de que se cumplan cuatro años de su muerte– es una obra sólida y absorbente, narrada con gran habilidad. Kapadia, que ya hizo un notable trabajo en 'Senna', su anterior filme, encuentra un extraño equilibrio entre crudeza e intimidad, arrancando sin titubeos el relato y manteniendo un ritmo constante que prácticamente no decae a lo largo de 127 minutos. Lástima que, sobretodo en su tramo final, caiga en una trampa casi mortal: critica veladamente el papel que jugaron los medios sensacionalistas en el derrumbe y el infierno vital de Winehouse, pero al mismo tiempo elude escoger otro camino más elegante y elíptico, perfectamente viable, y apuesta por incluir en el metraje imágenes patéticas sin ningún tipo de miramiento o pudor, reproduciendo así las conductas que parece estar condenando. La sensación final, pues, al menos la de quien esto escribe, es de cierta incomodidad tras asistir a las interioridades del drama ('Amy' es casi más un melodrama que un documental) y el derrumbe de una vida sin haber sido invitado a ello.

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