FIB 2016
Adele

Adele

XL, 2015
7.5
Publicado el 26.11.15

Hay muchos motivos para no escuchar ‘25’, el tercer disco de Adele. De hecho, no importa que admitas abiertamente que te da cierta pereza. A todos nos ha pasado. Sin haber hecho una campaña de promoción agotadora (vamos, se anunció con menos de un mes de adelanto), sí que es posible que algunos ya estén cansados de las bromas que se han hecho con su ubicuo sencillo de adelanto, ‘Hello’, o de las noticias de records que está batiendo el álbum (es posible que en las pocas horas entre las que escribo esto y se publica ya haya roto unos cuantos más). Pero tampoco pasa nada por confesar, una vez escuchado, que es bueno. ¿Es música cursi? Pues sí. ¿Se lo has puesto a tu abuela y le encanta? No hay de qué avergonzarse. ¿Te han subido los niveles de estrógenos? Calma. Se trata de una música clasicona, sí, con toques de Carole King y Carly Simon, divas de otra época poco reivindicadas en el pop actual, cuya producción es impecable y con una voz de otro planeta, posiblemente la mejor del momento con mucha distancia respecto a las competidoras.

Decía Adele que este disco era conciliador, como una respuesta al álbum de ruptura que era ‘21’. Nos lo podríamos creer, está en una relación establece desde hace tiempo y tiene un hijo de tres años. No debería haber motivos para echar la vista atrás con resquemor. Pero ya desde el citado single, se nota que la inglesa aún quiere lamerse unas heridas que están lejos de cicatrizar, rendir cuentas con su pasado, con amores no correspondidos. Eso sí, se permite la licencia de cerrar el trabajo con ‘Sweetest Devotion’, dedicada a su retoño. Básicamente es de lo que se trata el LP, pues todas las canciones tocan de algún modo u otro el desamor. Tampoco hay cambios sustanciales en el sonido, acaso menos R&B que de costumbre en favor de un acercamiento más explícito a terrenos folk (‘Million Years Ago’). Sigue siendo una cantante de vocación clásica. Nadie la cambiará, ni tampoco se lo pedimos.

En lo que sí cambia es en la elección de colaboradores. Aunque salgan unos, entren otros y se mantengan bastantes aliados, Adele sigue manteniendo el control creativo de sus canciones. No es una fémina más al servicio de la industria y con un montón de productores detrás. Es decir, sí, cuando escuchó un tema de Taylor Swift dijo que quería trabajar con Max Martin, pero el llamado Rey Midas del pop no se saca de la manga aquí un ‘Shake It Off’ o un ‘Can’t Feel My Face’. En ‘Send My Love (To Your New Lover)’ el sueco se permite exprimir el lado más pop de la inglesa y también el más rítmico, pero siempre respetando su señas de identidad. Alguno de los que ya lleva tiempo con ella, Paul Epworth, no repite exactamente ese avasallador ‘Rolling In The Deep’, banda sonora de clases de spinning o pilates, pero en ‘I Miss You’ explota el talento de la británica al máximo para sacar a relucir su vertiente más arriesgada y también la más intensa (no en vano, el tipo es mano derecha de Florence Welch, adicta a la épica). Y, por supuesto, hay temas más tradicionales, guiados por el piano, como ‘Remedy’ o esa ‘When You Were Young’, que escribe a medias con Tobias Jesso Jr., el artista contemporáneo que ha encontrado más afín a sus gustos por la canción clásica setentera.

‘25’ es, ni más ni menos, el disco que todos podrían esperar de Adele, con el que venderá como churros merecidamente. Tiene sus defectos, pero también unas virtudes inapelables. Aquí hay canciones que se quedan para siempre. ‘Hello’, con sólo un mes entre nosotros, ya forma parte de la cultura popular a unos niveles casi ridículos, o ‘Love In The Dark’ es una de las mejores torch songs que se ha podido escuchar en años (Lykke Li debe estar rabiando por dentro). Es emocional, sutil, melancólico, nostálgico, pero, ante todo, puramente genuino. 

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