FIB 2016
Mark Fisher (‘Jacksonismo’)

Test de Rorschach: Mark Fisher (‘Jacksonismo’)

Publicado el 07.07.14
por Numerocero

Cinco años después de su muerte, Michael Jackson continúa siendo una imagen poderosísima, además de uno de los músicos (vivos o no) que genera mayores beneficios a la industria del entretenimiento. En ‘Jacksonismo’ el crítico y escritor Mark Fisher reúne una serie de ensayos que exploran uno de los iconos más reconocibles de la sociedad del espectáculo desde multitud de puntos de vista, tantos como podía generar una figura fascinante y aterradora a partes iguales. Le propusimos a Fisher interpretar una serie de imágenes de la trayectoria de Jackson, y comprobamos que casi cada una de las instantáneas en las que aparece nos ofrece un tremendo caudal de información.


 

Es imposible no leer algo trágico en esta imagen: Michael Jackson como una estrella infantil, ya integrada en la matriz del entretenimiento, ya una hiper-mercancía, su destino fijado e inevitable. La experiencia que adquirió de su infancia –los abusos paternos, los sacrificios que hay que hacer para lograr el éxito, y todo tan joven- ahora nos hace preguntarnos cuánto forzaba su sonrisa aquí. Parece casi como si Ed Sullivan lo estuviese sujetando, sosteniéndolo en el lugar en el que la cámara lo capture y no lo deje marchar nunca. En mi mente, la cara de Sullivan se parece a la de Nixon: una cara de los medios de comunicación que se convierte en la cara de un político; el poder y el entretenimiento fundiéndose.

 

 

Melancolía de backstage. ¿Está Michael pensando en dejar The Jacksons? Esto podría ser solo eso: dos hermanos capturados en un momento contemplativo antes o después de una actuación. Quizás estén exhaustos y nada más. Pero, como en la primera imagen, todo lo que sabemos sobre Michael Jackson afecta a lo que vemos aquí. Esto es cómo observar la escena detrás de una cortina, un destello de todas las miserias de la familia Jackson. La tentación nos lleva a ver esta imagen como la verdad (y el coste oculto) de todas esas imágenes felices de un Michael Jackson sonriente. No es solo las expresiones taciturnas de los Jackson, es lo vacío de la habitación, el marrón del sofá, que contribuyen a una sensación de malestar, de desesperanza silenciosa.

 


Esto nos lleva a hacernos una pregunta: ¿Quién es el verdadero extraterrestre aquí, ET o MJ? Es un contraste fascinante con la primera imagen: ahora son los dedos huesudos de ET (no los de Ed Sullivan) los que están alrededor de los hombros de Michael. ET ha tomado el papel de medio/mentor; quizás solo un alien podría hacer eso con Michael Jackson. En ese momento se estaba convirtiendo en alguien más famoso que cualquier humano que hubiese existido antes que él. Y, por supuesto, tenía que ser ET, el extraterrestre sentimentalizado. Jackson era un alien a pesar de sus esfuerzos por hacer que su mundo y que él mismo fuesen vistos de manera sentimental. El mero intento de sentimentalizar todo solo produce algo más grotesco y perverso. También hay que destacar que esta es más o menos la última vez en la que veríamos a Jackson antes de las alteraciones en su cara y el blanqueo de piel. Después de esto, se convertiría en un alien, en un ciborg.


 

¿Amigos perfectos? En este punto, no hay duda que Michael Jackson tenía más en común con Mickey Mouse que con prácticamente cualquier otro ser humano. Como Mickey, Michael era, por utilizar un término sobreexplotado pero que en este caso es apropiado, un icono, una imagen que la mayor parte de la población mundial reconocería al instante. Y, por supuesto, también está la semejanza de su voz con la de Mickey Mouse. Si la conexión con el dibujo animado es obvia, también lo es con la estrella infantil. Quizás Jackson esperaba que él y Culkin fueran capaces de conectar de una manera en la que él no podría hacerlo con otra gente: dos estrellas infantiles juntas. Pero hay que resaltar el dramático contraste con la primera imagen. Jackson el vampiro está presente ahora: el sombrero negro, las gafas de sol, el pelo desgreñado, la piel pálida, la nariz estrechada…


 

Mira ahora: los pómulos desmoronados, los ojos hundidos y oscuros, la extraña e incongruente barba de tres días. Y, ¿cómo tenemos que interpretar esa expresión, ese gesto? Aquí hay una pizca de humor, el fantasma de una sonrisa, la sugerencia de un juego. ¿Está compartiendo una broma, está compartiendo una confidencia con nosotros? Michael Jackson parece aquí que está el banquillo, pero es él el que nos señala con un gesto recriminatorio, como si fuésemos nosotros los acusados. ¿De qué nos acusa? Y… ¿somos culpables?



El rey ha muerto. Es difícil no ver aquí ecos de la iconografía religiosa. Dos caras oscurecidas, solo un par de ojos visibles, y estos están elevados, mirando hacia el cielo. La muerte de Michael Jackson fue a la vez perfectamente predecible y sorprendente. Hacía tanto tiempo que había entrado en el reino de la imagen como mercancía que apenas podíamos pensar en él como un ser vivo. No parecía más vivo que Mickey Mouse o la Coca Cola. Su muerte nos recordó que, al contrario de estos, su icono era todavía albergado por un cuerpo, frágil, vulnerable y mortal. 

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