FIB 2016
Theo Parrish

Manual de uso: Theo Parrish

Publicado el 12.12.14
por Carles Novellas

Por fin. Tras semanas y semanas de espera y crear expectativas más allá de lo recomendable, ‘American Intelligence’, nuevo disco de Theo Parrish, ha visto la luz. Hemos estado pendientes de él desde febrero, cuando apareció el primer teaser de ‘Footwork’, su tremendo single de adelanto; luego vendrían la cara B del single, ‘Tympanic Warfare’, y sus dos visitas en Junio: a Sónar para pinchar, y a las salas Apolo (Barcelona) y Joy Eslava (Madrid), para presentar en directo el disco (lógicamente aún no editado) con un formato de banda + bailarines algo desdibujado.

Esta larga espera y el baile de fechas puede parecer un poco informal y caótico al tratarse de un artista contrastado y asentado, pero Parrish, como diría el poeta, ‘es asín’. Nunca ha seguido los ritmos que marcan los cánones de la industria, ni se ha cuestionado demasiado si convenía hacer esto o aquello; su personalidad apasionada, obsesiva y vehemente se palpa cada uno de sus tracks, sets y remixes, y el hecho de que el disco salga con dos meses de retraso tampoco parece quitarle demasiado el sueño.

 

‘American Intelligence’ es un disco muy Parrish, con esos temas de minutajes imposibles que en una primera escucha parecen monótonos y que van creciendo exponencialmente a cada nuevo play, hasta revelar toda su profundidad y su capacidad magnética. Aprovechamos la notica de su publicación para indagar en la frondosa trayectoria del músico y dj americano, vislumbrar  algunas de las claves de su singular genio y recordar lo mucho que nos ha dado en estos últimos 15-20 años.

 

LA TRAYECTORIA

Se le asocia siempre con Detroit, conexión lógica y real, por supuesto, pero lo cierto es que el periplo vital de Parrish incluye algunas estaciones previas antes de llegar a la capital de Michigan. De entrada –nunca mejor dicho– nace en Washington DC, en 1972; pero pronto, antes de la adolescencia, se muda a la zona sur de Chicago con su familia, donde descubre, primero el jazz, el funk y el soul, y, no mucho más tarde, ya por su cuenta, la incipiente escena house de la ciudad, colándose en alguna fiesta donde pinchaban Lil’ Louis, Marshall Jefferson, Ron Hardy o Farley Jackmaster Funk. Según dicen las escrituras, a los 13 años se inicia en el sagrado arte de acelerar y frenar vinilos, y posteriormente se gradúa en la Academia de las Artes de la ciudad, paso previo a otro movimiento clave en su formación: los estudios de sonido en el Art Institute de Kansas City. Allí se especializa en ‘sound sculpture’, algo así como la creación de orquestas con instrumentación real, loops y voces humanas. Bien mirado una fórmula no muy distinta de lo que conocemos como house orgánico, básicamente el sonido que ha marcado su carrera. En el 94, con 22 años y ya un amplio bagaje, tanto académico como de fan, se instala en Detroit. Y ahí sigue, 20 años después, dirigiendo su sello (Sound Signature), alimentando las complicidades (Moodymann, Marcellus Pittman, Rick Wilhite…) y contribuyendo a la perpetua renovación sónica de la ciudad con sus incontables producciones, maxis, remixes y sets.    

Por cierto: acaban de digitalizar su primer EP, ‘Baby Steps’, publicado en 1996 en Elevator y re-editado físicamente por Sound Signature en repetidas ocasiones. Ahora ya en formato mp3 y flac para quien se quiera hacer con él.

 

LOS DISCOS

El carácter poco acomodaticio y libertino de Parrish comporta, como no, una discografía abundante y difícil de clasificar, que no sigue ningún patrón o ritmo de publicación establecido. Según discogs, los números son los siguientes: 5 LPs (contando ‘American Intelligence’), 52 maxis/EPs (casi todos firmados en solitario, más algunos compartidos con Pittmann, Moodymann, IG Culture o Tony Allen), 3 recopilatorios (los imprescindibles ‘Sound Signature 1 y 2’, y ‘Uget’) y 14 dj mixes (uno de los cuales, ‘Theo Parrish's Black Jazz Signature’, debería estar en el apartado anterior). A eso hay que sumar los discos con 3 Chairs, el proyecto que comparte con Kenny Dixon Jr (Moodymann), Pittman y Wilhite, con un álbum homónimo del 2004, el imprescindible recopilatorio ‘Spectrum’, del 2009, y varios maxis más, todos ellos editados en el sello que lleva el nombre del propio cuarteto. Y, no nos olvidemos, los 3 discos (uno largo, dos cortos) grabados con el colectivo The Rotating Assembly, que él mismo lidera y en el que se juntan múltiples vocalistas, productores y músicos de Detroit y su área de influencia.

La tarea de recomendar unos por encima de otros se antoja un tanto absurda; en teoría, si te gusta uno te gustan todos, o prácticamente. No hay mucha diferencia entre un track del 98 y uno del 2012: Theo es siempre Theo, con sus desarrollos larguísimos y formatos anti-radiofónicos (a menudo por encima de los 10’), sus estructuras minimalistas y repetitivas, las voces soul (cuando las hay, que no siempre se requieren), los teclados funk, los sintes y cajas analógicas, por supuesto, y lo más importante de todo: un sonido humano, cálido, aunque a veces –y no son pocas– bastante saturado por la ecualización.

¿Por donde empezar, pues? Un buen lugar de arranque puede ser su álbum del 2007, ‘Sound Sculptures Vol. 1’, con clásicos como ‘Second Chances’, ‘Soul Control’ o ‘Galactic Ancestors’; otro es ‘Uget’, disco doble que recoge varios de sus legendarios edits; y si no, bucear entre los maxis y dejarse llevar: ‘Solitary Flight’, ‘Dance Of The Medusa’, ‘Summertime Is Here’…

 

LOS REMIXES

Casi tanto como sus propios temas (o incluso más), Parrish es venerado por sus remixes y edits, lógicamente siempre trabajados siguiendo sus estrictos métodos, llevando los temas a su terrero y presentándolos con el pedigrí y el sonido crudo que le es tan propio. Aunque quizás debamos diferenciar aquí entre las remezclas y esos tracks que Parrish, sin que nadie se lo pida expresamente, retoca y reconstruye para sus sets.

Son muchos los ejemplos en ambos casos. Entre los primeros se pueden mencionar, por recordar algunos, los facturados para Fat Freddy’s Drop, Mala, Kuniyuki Takahashi (su remix de ‘All These Things’ es un pequeño clásico de su discografía), LCD Soundsystem, Jill Scott, Mancingelani (para la serie ‘Shangaan Shake’ auspiciada por Honest Jons) o su admirado Larry Heard (‘Missing You’).

Las relecturas en forma de edit están recogidas en el álbum ‘Uget’ (2011) y fueron editadas en los 11 volúmenes de la serie de maxis ‘Dirty Edits’, en los que Parrish perpetua la tradición de los djs de disco (Larry Levan sin ir más lejos) de tomar un tema y añadirle minutaje o cajas o percusiones o lo que a uno le venga en gana, por el simple placer de continuar, alargar o enriquecer un track favorito. Algo que siempre ha hecho Dj Harvey y que en estos últimos años ha dado muchísimo juego a djs y productores como Pilooski, Todd Terje o Prins Thomas. En el caso de nuestro hombre, sus elecciones dejan muy claro de donde viene y cuál el sustrato sonoro del que se alimenta su música: Minnie Ripperton, Freddie Hubbard, Sugarhill Gang, Funkadelic, Kool & The Gang, Etta James, Quincy Jones, The Dells o Sylvester son algunos de los que han pasado por sus expertas manos.

 

LOS SETS

Aún hoy son muchos los que conocen a Parrish básicamente (incluso exclusivamente) por su faceta de dj. Si tu amor por la música es desmesurado y empiezas a trastear con platos y mesas de mezclas a los trece años, en Chicago, imitando a algunos de los más grandes, tienes bastantes números para acabar convirtiéndote en uno de ellos. Y eso es Parrish: uno de los mejores y más respetados djs del mundo. Aunque hay que decirlo ya de entrada: Parrish no es un dj clásico. Por ejemplo, no se preocupa excesivamente en que las mezclas sean perfectas; de hecho, a menudo ni tan siquiera cuadra los temas, siguiendo el más clásico y efectivo de todos los trucos: bajar fader y meter el siguiente. Como dj es de los que gusta de desarrollar sesiones lo más largas posibles, de 3 horas para arriba, como las que regularmente ofrecía en el Plastic People de Londres, un club que, por sus características (tamaño reducido, nula decoración, altavoces descomunales), encaja perfectamente con la actitud y compromiso en la cabina de Parrish. 

Es legendario también su uso de los ecualizadores, exprimiéndolos a menudo de una forma tan exagerada y sucia y contradiciendo así todos los cánones del buen dj. Puede dejar un tema durante dos o tres minutos con el knob de bajos al mínimo, abrasando los tímpanos con agudos imposibles, y de golpe dar un brusco giro al volante y saturar de nuevo con las frecuencias bajas. No son pocos los que le han criticado y siguen criticándolo por ello, con bastante razón desde un punto de vista racional; sin embargo, ese es uno de los trucos que al final más contribuyen a lograr lo que busca en sus sets: la plasmación de las cualidades emocionales y físicas de la música por encima de cualquier otra consideración. El feeling es lo único que importa.

Lógicamente, como ya habrán adivinado a estas alturas, sus sets son siempre un repaso abierto y pormenorizado de los géneros ‘negros’, del house al afrobeat, del funk al disco, del boogie al soul (pinchando baladas si hace falta) y del jazz al techno de Detroit. No se corta en recuperar clásicos, aunque lo más probable es que descubra joyas que nunca antes habrían llegado a oídos de su audiencia. En internet se encuentran varios de sus sets, tanto en formato audio como en video. Por ejemplo este de aquí abajo, ideal para captar su talante apasionado (él es el primero en disfrutar de sus sesiones) y lo fácil que pasa de un género a otro, con errores incluidos.

 

LAS IDEAS

Parrish es un purista: defensor a ultranza del vinilo y crítico implacable de los laptop djs, digger compulsivo, enemigo acérrimo de los móviles en los clubs (‘If you're busy taking selfies, you probably don't have a lot to say about life....’, declaró recientemente en una entrevista en djbroadcast.net) las clasificaciones genéricas y el postureo en general, fetichista de los aparatos analógicos (al parecer suele llevarse con él su propio mezclador siempre que puede) y contrario al uso de samplers en el proceso creativo. Una de las expresiones que más se le suele oír en entrevistas y charlas es ‘to be honest’. Su discurso puede parecer a veces algo monolítico y demasiado apegado al ‘old school’, pero sus razones suelen estar bien argumentadas y siempre es honesto con una manera (su manera) de entender el arte que practica, y las expresa con vehemencia y radicalidad, incluso a veces bordeando el enfado. Al final, para él, todo se basa en situar la música, la habilidad de cada una y el alma por encima de la tecnología y evitar los caminos trillados y los atajos fáciles. Ideas, por lo demás, muy propias de los grandes profetas del techno de Detroit.

Consulten su charla en la edición de 2005 de la Red Bull Music Academy, en Seattle (entrevistado por Gerd Janson), su encendida respuesta a unas breves preguntas de la BBC o este video para la web berlinesa Slices, mucho más corto, en el que quedan muy claros algunos de sus puntos de vista:

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