FIB 2016
sellos independientes (1)

La trastienda: sellos independientes (1)

Publicado el 23.10.13
por Guillermo Arenas
@GuillermoArenas

Desde hace años asistimos a titulares apocalípticos y gráficos devastadores sobre el calamitoso estado de la industria musical. Las discográficas multinacionales se fusionan, despidiendo a gran parte de sus trabajadores en el proceso, y las independientes hacen malabarismos para que cuadren sus cuentas. Sin embargo, y pese a los cantos de los agoreros, cada año se editan más discos que nunca y surgen nuevos sellos dedicados a publicar trabajos de músicos que, de otra forma, tendrían que optar por la autoedición o el silencio discográfico. ¿Qué lleva a  alguien a fundar un sello en la era de las descargas? ¿Cómo es su trabajo y con qué dificultades se encuentran? ¿Se puede vivir en España simplemente de la edición de discos? Hemos contactado con varios de los sellos nacionales independientes que son responsables de muchos de los álbumes más interesantes de la actualidad para saber cómo es su actividad y, de paso, agradecerles que sigan ayudando a que podamos escuchar a


1. Voy a editar discos

Suponemos que todo aquel que crea un sello discográfico independiente es amante de la música, puede que también toque en un grupo o que organice conciertos, pero, ¿cómo se llega a la decisión de editar sus propios discos? Pues por una mezcla de iniciativa, casualidad y falta de alternativas.  Pablo de Discos Humeantes, que ha publicado desde 2008 discos de Fasenuova, Montañas, Chiquita y Chatarra o Jay, nos lo explica: “Aunque había tocado en grupos, en lo que se refiere a llevar un sello no tenía ni la más remota idea. Surgió de manera casi natural cuando un amigo y yo decidimos sacar el single de Las Nurses con un dinero que habíamos sacado mercadeando con discos”.  Algo similar les sucedió a los responsables de Gran Derby Records, todos ellos miembros de bandas, cuando comenzaron sus actividades. “Empezamos a editar discos en 2010”,  nos explica Nacho Ruiz, miembro de Nine Stories. “Teníamos experiencia como músicos y algunos habíamos coqueteado con la autoedición, pero nada realmente serio. Teníamos un par de proyectos entre manos (Buena Esperanza y Nine Stories) en los que participábamos varios amigos y, a la hora de analizar cómo darles salida, nos encontramos con que la opción que parecía más estimulante era montar nuestro propio sello discográfico”. Desde entonces son la casa de Tripulante y Crucero, Big City o Alondra Bentley, entre otros.  




En otros casos, el camino a la creación de un sello llega a partir de otras actividades relacionadas con la música. Ese es el caso de Gramaciones Grabofónicas, sin quienes no podríamos haber escuchado discos de Ginferno, Juanita y los Feos, Antonna o Los Claveles. “El sello nació como extensión del fanzine (Bang!) que tenía uno de los miembros del sello”, nos cuentan. “La primera referencia era un 7" que acompañó el último número del fanzine. No había pretensiones de convertirse en un sello de verdad, pero así acabó sucediendo”. Sergio y Quique, de Glitter End, llegaron a través de su trabajo organizando giras en sus respectivas ciudades. Concretamente fue una del grupo estadounidense The Pine Hill Haints la que les puso en contacto. “Montamos conciertos de Diva, Little Wings, The Oh Sees, Fresh and Onlys, Teams... a medida que hacíamos cosas, nos fuimos haciendo amigos, nos entendíamos bien trabajando juntos. Así cuando a uno de los dos le cayó la posibilidad de sacar un disco de Sonny Smith (Sonny and the Sunsets), en seguida pensó en el otro. Nos pusimos manos a la obra sin ni siquiera habernos visto nunca en persona. Al poco coincidimos en Madrid, y también ahora nos llevamos muy bien en persona”. Su último lanzamiento es el single de los muy prometedores Desert.



 

2. Filosofía de sello

Casi todos los grandes sellos de la historia tienen una idea que los sustenta, una personalidad propia que se transmite gracias a la selección de artistas, a los diseños de sus portadas o incluso al tipo de sonido de sus grupos. Pero, por supuesto no hace falta ser Motown, SST, 4AD o K Records para tener una filosofía propia. ¿Cuáles era los referentes de nuestros protagonistas cuando comenzaron y qué se propusieron conseguir al lanzarse al mundo de la edición de discos? Sus respuestas pueden variar ligeramente, pero hay un obvio común denominador en todas ellas: publicar la música que les gusta. Hugo Fernández, co-responsable de Sonido Muchacho nos lo explica así: “las bases del proyecto son firmes y sencillas: somos dos amigos que amamos la música, e intentamos unir todo lo que nos apasiona y nos hace levantarnos cada mañana bajo una misma idea, una “casa””.  Gracias a esa casa nos llegan discos de Tigres Leones, Terrier o Juventud Juché, quienes tienen a punto su nuevo álbum, ‘Quemadero’.  

Algo similar sucedió en el hermano de la productora audiovisual CANADA, que desde hace un tiempo publica los trabajos de Svper, La Estrella de David o recupera las grabaciones de grupos como Pelea!Borja Rosal, miembro de Extraperlo y trabajador del sello, nos explica que el planteamiento de esta rama de la empresa “siempre fue hacer una discográfica de lado del artista. Crear una relación de confianza para construir una carrera a largo plazo. En mi caso, soy un profundo admirador de la filosofía de Nuevos Medios, de la idea de un sello debe ser el catalizador de un imaginario concreto, contemporáneo y en un determinado lugar”.



En el caso del sello barcelonés Hivern, responsables de algunos de los primeros lanzamientos de John Talabot o Pional, su filosofía está basada “en un eje fundamental: intentar crear una nueva propuesta de sello en la cual pudiéramos editar todo lo que nos gustara”, según nos cuenta Uri, uno de sus responsables. “Queríamos alejarnos un poco de la propuesta de sello electrónico convencional y centrarnos en todo aquello que nos gustara y editarlo de la forma en que trabajan los sellos independientes. Sabíamos que nuestro mercado no era solo el nacional y tampoco queríamos un sonido particular ni los buscábamos, pretendíamos tener toda la flexibilidad del mundo.  Hay gente que dice que existe un sonido particular en todo lo que editamos pero si realmente existe se centra exclusivamente en nuestro gusto”.  

Pero no sólo el contenido, la música que se publica, construye la personalidad de un sello. También la manera en la que se hacen las cosas, sobre todo en contraposición con prácticas abusivas muy arraigadas en la industria discográfica, es una manera de dar entidad a un proyecto. Lo saben en Gran Derby, que se propusieron “montar el sello que nos gustaría haber pertenecido: serio, amante genuino de la música, respetuoso con los grupos, humilde y que buscara la excelencia de calidad por encima del rendimiento económico”. Para ello, según nos explica Nacho, tienen una premisa básica, “dividir al 50% entre sello y grupo los beneficios de cada referencia. Nos gusta la manera de trabajar que tenían sellos independientes míticos como Touch & Go, pero nunca hemos tratado de adaptar la filosofía de otras discográficas: el mercado y la escena española son muy particulares”.

En otros casos, como en el del sello barcelonés Domestica, el cometido de publicar la música que apasione a sus creadores tiene un añadido, el de rastrear y publicar obras desconocidas para buena parte del público. “Nosotros nos dedicamos en esencia a recuperar maquetas de hace 30 o 40 años, de cintas de cassette o bobinas”, nos aclara Jordi, uno de los miembros de Domestica, discográfica que además busca en la edición unas características especiales, cuidando con todo detalle el audio y el diseño de sus lanzamientos. “Si por ello tenemos que invertir más tiempo con el diseño porque lo quiero imprimir a mano, lo hago, siempre y cuando ésta sea la idea inicial”, nos cuenta. “Siempre intentamos llevar a cabo aquello que pensamos que puede quedar mejor o encajar mejor con el disco, y que ofrece algo nuevo/distinto a nuestro público, un plus. Muchas veces, resulta el doble de caro o requiere de un trabajo extra en el estudio maquetando, imprimiendo, etc. pero tiramos adelante siempre y cuando no sea una locura”. Recientemente ha publicado el primer disco de El último vecino, además de recuperar grabaciones como las de Modern Art o Red Violet Red, entre muchos otros.


 

3. Relación con los artistas

En este momento ya tenemos claro que los responsables de estos sellos casi siempre han tenido una relación previa con el mundo de la música, por lo que no es de extrañar que sus discográficas comenzasen como medio para dar salida a las grabaciones de artistas cercanos o sus propios proyectos. Es el caso, por ejemplo, de Discos Humeantes. “Hay un poco de todo, pero en su mayoría son ya amigos o al menos conocidos antes de sacarles un disco”, cuenta Pablo. “Los que no lo son, rara vez ha sido gente que se haya puesto en contacto con nosotros. Para un sello pequeño como Discos Humeantes es importante mantener una buena sintonía con los grupos y sentir que todos remamos en la misma dirección, a veces es muy complicado sacar las cosas adelante y se necesita un poco de compañerismo entre las bandas para solucionar las giras y echarse un cable unos a otros”.

Esa misma manera de funcionar la encontramos en Sonido Muchacho, donde nos cuentan que existen tres vías por las que las bandas llegan al sello:” la primera es llegar al proyecto uno mismo a través de la red o en una actuación suya. La segunda es que un amigo u otra banda te haga llegar un proyecto que acaba de salir de estudio y tiene intención de incorporarse al sello. Y por último, está la ocasión en que la propia banda decide ponerse en contacto con nosotros para enviar su propuesta”.  

El caso de Gran Derby es especial, porque “más que empresarios somos músicos” nos cuentan. “Tenemos una máxima que es algo así: "editamos discos de amigos y de artistas a los que admiramos tanto que sabemos que se acabarán convirtiendo en amigos". La verdad es que recibimos un montón de propuestas de artistas que quieren trabajar con nosotros, imagino que les pasa a casi todos los sellos. Es un orgullo y, de hecho, nos encantaría poder sacar discos a muchos de ellos, pero no siempre es posible”. Esa imposibilidad de publicar más discos es un elemento común con CANADA. “Escuchamos todos los discos que nos llegan y andamos en la búsqueda de nuevos grupos”, nos explica Borja,  “pero es una pena que no podamos sacar todos los discos que nos gustan pero somos un sello pequeño”.

En otros casos, como el del Hivern, el crecimiento hace que las cosas cambien de planteamiento. “Hasta hace poco el sello era muy simple porque solo editábamos a amigos, gastábamos mucho en las ediciones y solo nos quedaba un poco de margen del digital. Pero a medida que fichas a gente de fuera y empiezas a trabajar con managers y gente que no conoces en exceso debes pasar a otra liga y tratar de profesionalizarte al máximo posible dentro de tus posibilidades”, nos dice Uri. “Fichamos a un label manager que poco a poco va poniendo en orden nuestra vida y sello. El sello va cogiendo nombre fuera pero de momento no hay beneficios así que tienes que hacer auténticos malabarismos para mantener el sello con la filosofía que quieres sin venderte a cosas más comerciales por necesidad”.

Pero.... ¿Y cómo se implican en el proceso de creación de los discos que editan? ¿Se mantiene el modelo tradicional de compañía que trata de orientar el producto final hacia lo que más le interesa, o simplemente dejan vía libre a sus artistas? En casi todos los casos, como por ejemplo en el de Sonido Muchacho, se impone la libertad total: “Ellos graban lo que quieran y editamos lo que nos entregan. Eran gente muy cercana o de la que éramos muy fans, así que tenemos confianza ciega en todo lo que hacen”. La misma filosofía es aplicable a Glitter End: “Ellos graban lo que quieran y editamos lo que nos entregan. Eran gente muy cercana o de la que éramos muy fans, así que tenemos confianza ciega en todo lo que hacen”. Y también esa es la manera en la que prefieren afrontar el proceso en Gramaciones Garbofónicas: “Pocas veces tenemos conversaciones con los artistas sobre su música. Quizá más sobre el sonido del disco que vamos a sacar, aunque tampoco demasiadas. Si tomamos la decisión de sacar un disco es porque el grupo nos gusta tanto como para estar tranquilos con lo que quiera que vayan a hacer, así es que dejamos que graben lo que quieran”.

Eso sí, el derecho a opinar siempre está presente. “Nosotros opinamos siempre, porque consideramos que es importante y también tratamos de ser críticos”, cuenta Pablo de Discos Humeantes. “En el momento en el que decidimos participar en la edición de un disco es porque la banda nos flipa pero eso no significa que estemos de acuerdo con todo y que no tengamos nuestra opinión. Aun así, consideramos que los grupos están por encima del sello porque son ellos quienes lo definen con sus virtudes y sus defectos y son ellos los que tienen la última palabra. Graban lo que quieren, como quieren y dónde quieren”. En otros casos, como el de CANADA, se separan más las áreas: “Conversamos un montón sobre música, claro que sí.  Y hablamos sobre las estrategias que llevamos a cabo, me gusta reunirme con los grupos y saber qué piensan, construir algo conjuntamente. En cuanto al estudio, considero que es un espacio sagrado para el artista. Es un momento en el que el único diálogo que debe existir es el del grupo con su música. Por otra parte, a veces se dan conversaciones sobre la producción de los discos con los grupos y a mí me encanta. Soy uno de ellos así que podemos hablar de igual a igual. Puedo aportar una visión externa durante el proceso, si me la piden”.


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