FIB 2016
The KLF. Caos y magia

The KLF. Caos y magia

Libros Walden. 287 páginas. Traducción de Elena Morán López
9.0
Publicado el 17.02.15

“¿Cómo se cuenta una historia como esta?” se cuestiona John Higgs a la altura de la página once y no se trata de un planteamiento retórico. Desde que Greil Marcus abrió la caja de Pandora con 'Rastros de carmín' (Anagrama, 1993) la música se ha convertido en un pretexto para abordar la cultura popular desde una perspectiva jungiana y, por ejemplo, legitimar al punk como un fenómeno transversal de primer orden que aspira a transformar nuestra realidad desde un sesgo intelectual, artístico o político. Ahora bien, si tomamos como punto de partida el ritual crematístico de Bill Drummond y Jimmy Cauty, el telón de fondo resulta  infinitamente más estimulante: "No debe aplicarse el filtro del arte a quemar un millón de pavos. Nunca giró en torno al arte. Era mucho más que eso, y mucho más evidente. Se trataba de la destrucción del dinero. Giraba en torno a la idea de que el dinero podía ser vencido". Un gesto simbólico que trasciende el despilfarro irresponsable, mitad exorcismo anticapitalista y mitad performance publicitaria; o si lo prefieren, un acto de genuina Magia. No en vano, los sabios de la antigüedad se referían a ella como El Arte.

 

«Estamos intentando hallar el espíritu de lo ocurrido, pero solo lo conseguiremos si invocamos los hechos nosotros mismos». Invocamos, escribe Higgs. El lenguaje es importante. Nos permite relacionarnos con el mundo que nos rodea, incluso transformarlo; tanto es así que los hechizos de un grimorio se rigen bajo las leyes de una extravagante gramática. Hechizar (cast a spell en inglés) proviene de spell (deletrear) y designa la manipulación de símbolos que operan cambios en nuestra conciencia. De nosotros depende, en palabras de Alan Moore, «que la palabra MAGIA vuelva a significar algo». Si en'Ángeles fósiles' (La Felguera, 2014) reivindicaba el papel del artista como chamán del mundo contemporáneo, The KLF lo encarnaron fehacientemente hasta el punto de equiparar las raves electrónicas a los ritos paganos del solsticio de verano. Así que, del mismo modo que Moore atribuyó a Jack, el Destripador la paternidad de los horrores del siglo XX, ¿estaríamos dispuestos a asumir que la llama de aquel mechero invocó el desplome de Lehman Brothers?

 

A estas alturas se preguntarán qué demonios tiene que ver la música con todo esto. Y acertarán: tal vez todo y quizá nada. El ensayo de Higgs abarca mucho más de lo que cabría esperar, porque invocar supone también articular palabras, emitir sonidos y proyectar imágenes. Si William Burroughs conjuraba el Caos mediante la técnica del cut up, Drummond y Cauty lo cultivaron a través del sampler. La hipótesis epistemológica de Higgs determina que The KLF habitaron un espacio mítico donde reinaba lo híbrido, la fusión de lo contradictorio, el doble monstruoso: Gary Glitter y el Doctor Who, Whitney Houston y Tammy Wynette, Echo & The Bunnymen y Donnie Darko. Al deshojar la margarita hipertextual corremos el riesgo de fascinarnos demasiado con la Operation Mindfuck, el discordismo, la sincronicidad o las visiones que Robert Anton Wilson y Phillip K. Dick sintonizaron a través de los rayos catódicos. Recuerden que si «un paranoico es alguien que sabe un poco de lo que está sucediendo, un psicótico es alguien quien acaba de entender lo que está pasando», así que no permitan que los árboles les impidan ver con claridad el bosque. Sobre 'Caos y Magia' se pueden escribir muchas cosas pero, en esencia, es un libro sobre los mitos, sus orígenes y cómo los contamos. Absolutamente apasionante.

 

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