FIB 2016
Europa

Europa

Ed. Gollarín, 141 páginas.
8.0
Publicado el 05.03.14

Ficción virtual

El primer libro de Luis López Carrasco,  al que conocíamos hasta ahora por sus destacados trabajos cinematográficos en el colectivo Los Hijos y por su brillante debut en solitario con ‘El futuro’, no es un compendio de relatos agrupados en torno a un estilo determinado. Hay en ‘Europa’ un plan maestro superior que, sin dejar atrás la personalidad de los cuentos, nos habla de la mezcla imperfecta de escapismo y autorrealización que se  esconde tras  los mundos virtuales.

Saltando entre la ciencia ficción de anticipación y la crónica generacional ‘Europa’ retrata, como lo hacían los momentos más lúcidos de la serie británica ‘Black Mirror’, un futuro que, siendo presente, mira al pasado para contarnos que, en realidad, la cotidianidad es un tácito viaje en el tiempo en el que entregamos trozos de nosotros mismos. Como los adolescentes de ‘Agujero Negro’ de Charles Burns  se movían entre el absurdo de su cotidianidad y el espanto de una ciencia ficción infecciosa que no era más que la sombra que proyectaba su propio aburrimiento, los personajes de ‘Europa’ se refugian en dimensiones virtuales para disfrazar el peso agobiante de su cotidianidad. Uno de los grandes aciertos de López Carrasco, consciente de la densidad y el artificio que sobrevuelan su intento, hasta casi llevárselo por delante en algún relato, es construir sobre un fondo que, por momentos, recuerda a la amargura empática de una película de John Hughes. El otro es controlar los tiempos del juego narrativo para que la intencionada confusión de planos de realidad juegue a favor de la profundidad de las historias sin generar desconexión en el lector.

Al final, lo que nos propone López Carrasco es un juego. Su ficción es una virtualidad más en este pasillo sin paredes estables en el que resuenan las verdades disfrazadas de simulacro de Stanislaw Lem y J. G. Ballard. Cuando el juego se integra a la perfección con el fondo entre trágico e irónico de las historias surge una belleza irresistible (como en ‘Europa’, el relato que da título al libro) y cuando no, siempre consigue, al menos, descubrirnos un mirador nuevo para nuestra obsesión de siempre.


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