FIB 2016
Todo está en los libros (2)

Todo está en los libros (2)

Adaptaciones al cómic de clásicos de la literatura

Publicado el 10.10.13
por Alberto García
@El_tio_berni

Lee la primera parte 

Damos un salto de gigante y nos plantamos en Japón, porque también allí se han llevado novelas al, en este caso, manga. Y vamos a fijarnos en dos de los más grandes mangakas de nuestros tiempos, Jiro Taniguchi y Suehiro Maruo. Del primero podemos encontrar ‘ Los años dulces ’ , que es la traslación a viñetas en dos volúmenes de El cielo es azul, la tierra blanca, del novelista japonés Hiromi Kawakami. Un relato de amor pausado entre una joven y un maduro profesor, alejado por completo de estereotipos pasionales, muy en la línea contemplativa y poética de gran parte de la obra del dibujante nipón. Todo lo contrario se puede decir de ‘La cumbre de los dioses’, una epopeya en cinco tomos en la que Taniguchi adapta una novela de Baku Yumemakura protagonizada por la voluntad humana, ese espíritu de aventura y superación que impulsan a un hombre a escalar el Everest por su cara más complicada. Como en muchas otras obras del dibujante, lo que comienza siendo una especie de lucha entre hombre y naturaleza acaba convirtiéndose en una comunión entre ambos. El otro japonés destacado en nuestro artículo es Suehiro Maruo, máximo exponente del ero guro en España. O lo que es lo mismo, del sexo y la violencia tratados explícita e intencionadamente con mal gusto, o al menos con un gusto muy particular. Durante la mayor parte de su carrera, Maruo explotó sus propias filias y fobias en sus tebeos, pero en los últimos tiempos parece haber encontrado un alma gemela en su compatriota el escritor Ranpo Edogawa. Tanto es así, que los dos últimos cómics publicados del mangaka son adaptaciones de novelas de aquel, ‘ La extraordinaria historia de la Isla Panorama ’ y ‘ La oruga ’ . Pero claro, es que Edogawa también era, por decirlo suavemente, turbio. En ambos casos contrasta la belleza del pulcro dibujo de Maruo, una mezcla entre el decó y el expresionismo alemán, con lo desasosegante de los relatos. El primero de los libros gira alrededor de la construcción de una isla que, a modo de paraíso en la Tierra, recrea algunas de las obras de arte más bellas de la humanidad, pero que al tiempo pretende convertirse en una especie de jardín de las delicias en el que dar rienda suelta a los más bajos instintos humanos. En el segundo caso, el de ‘La oruga’, una mujer ha de cuidar de su marido mutilado en la guerra, un pobre hombre sin habla, brazos ni piernas –la oruga a la que hace referencia el título, claro–. Entre ellos se establecen relaciones de amor, crueldad, dominancia y sumisión, aunque el final es, en cierto modo, luminoso. Y cerramos el capítulo nipón –si colamos otro autor de rondón– con ‘Bokko’, dibujado por Hideki Mori, con la colaboración en el guión de Sentaro Kubota, y basado en el libro de Ken’ichi Sakemi. ‘Bokko’ es una historia relativamente clásica de fortaleza asediada cuyo último recurso para sobrevivir es recurrir a la ayuda de un monje experto en las más avanzadas y originales artes de la guerra. Un relato vibrante que mantiene el tono a lo largo de once tomos y que, mira tú, se puede encontrar saldado en las librerías especializadas.

Volvemos a Europa en tren bala. En 1869, Victor Hugo escribió ‘El hombre que ríe’, y en 1992 se publicaba en España el álbum homónimo –previamente serializado en revista– de Fernando de Felipe. En él se narra una intriga folletinesca con ribetes tétricos, y existe otra edición del cómic de 2000. Ambas pueden encontrarse de saldo. Como curiosidad cabe señalar que de la novela de Victor Hugo se hizo una película en los años 20, y que el aspecto del obligadamente sonriente protagonista (deformado a base de cuchillo) inspiró el diseño del sempiterno enemigo de Batman, el Joker. Continuando con escritores decimonónicos adaptados por dibujantes españoles contemporáneos, llegamos a la muy reciente ‘ Nela ’ de Rayco Pulido, basada en ‘Marianela’ de Benito Pérez Galdós. Ahí es nada. Pulido aprueba con nota y mención especial el duro examen de enfrentarse a un gigante como Galdós, y su cómic recoge con naturalidad sutilezas sentimentales, crítica social y retrato de una época, empleando con sabiduría y mesura todos los recursos que la historieta pone a su alcance. Otro autor español que ha visitado en más de una ocasión la adaptación literaria es Carlos Giménez, que cuenta en su haber con una espléndida versión de ‘ Koolau el leproso ’ , un cuento de Jack London. Damos por hecho que el lector español está lo suficientemente familiarizado con Giménez como para no tener que glosar sus logros en esta obra y pasamos a la siguiente, ‘ Hom ’ , que se fundamenta en un fragmento de ‘En el lento morir de la Tierra’, del escritor de ciencia ficción Brian W. Aldiss. Por último, queremos señalar –ya que por su condición de historieta de muy pocas páginas no ha gozado de la relevancia de otros trabajos del autor– su versión de ‘El miserere’, que recrea el relato del mismo título de Gustavo Adolfo Bécquer. La historia está incluida en el álbum recopilatorio Sabor a menta, que, por cierto, también contiene ‘El extraño caso del señor Valdemar’, adaptado de Poe. Ya que hemos mencionado a Bécquer, resulta natura citar ‘El monte de las ánimas’, realizado por el historietista David Rubín dentro de una colección de SM dedicada, por cierto, a adaptar clásicos de la literatura con el público infantil y juvenil como objetivo, pero con autores de primera fila. En dicha colección también pueden encontrarse ‘Romeo y Julieta’, de nuevo de Rubín, ‘La odisea’ por Federico Villalobos y Jorge González, ‘Tirante el Blanco’ por Miguel Porto, ‘El médico a palos’ por Enrique Lorenzo, ‘Amadís de Gaula’ por Ricardo González y Emma Ríos y ‘El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde’ de Santiago García y Javier Olivares. Otra interesante adaptación de esta última obra, de Robert Louis Stevenson, es la que realizaron Jerry Kramsky y Lorenzo Mattotti bajo el más conciso título ‘Doctor Jeckyll y mister Hyde’.



Cruzamos los Pirineos y nos adentramos en Europa, en concreto en Noruega, de donde fue originario Sven Elvestad, uno de los escritores de novela policiaca más exitosos en su país a principios del siglo XX. Se suele mencionar ‘El carro de hierro’ como su obra maestra, y tal vez por eso es por lo que su compatriota Jason decidió plasmarla en viñetas . Vista la carrera posterior de Jason –‘El carro de hierro’ es una de sus primeras obras importantes–, que a menudo abunda en los clichés del género negro, se antoja una decisión muy coherente. En su tebeo, Jason describe una especie de campiña noruega tan bella y hermética como lo poco que algunos sabemos de Noruega nos hacía intuir, potenciada por sus personajes inexpresivos y taciturnos. Un misterio en la línea del whodunnit con final sorprendente, como debe ser. También a principios del siglo XX escribió el austriaco Arthur Schnitzler La señorita Else ’ , que Manuele Fior llevó primorosamente al cómic. En plena efervescencia del psicoanálisis, Schnitzler propuso una novelita sobre el dilema moral y la mugre oculta bajo la apariencia de corrección y buen gusto de las clases altas, y Fior supo trasladar toda la fuerza de sus palabras utilizando las sutilezas del dibujo y el color. No es la única obra de Schnitzler que se ha llevado al cómic, porque hace poco ha aparecido en España la versión de ‘Relato soñado’ –otra nouvelle– realizada por Jakob Hinrichs, con la particularidad de que la edición incluye tanto el cómic como el texto original. No me extenderé al respecto porque (ejem) aún no he leído el cómic, pero hay que reconocerle un gran atractivo gráfico. Quién sabe, tal vez lo lea esta misma noche. Quién sabe, tal vez este artículo haya servido para algo. Ah, no quiero olvidar mencionar que Relato soñado también sirvió de base para ‘Eyes Wide Shut’, la película de Stanley Kubrick. Y ya que estamos en Austria, qué menos que detenernos durante unas líneas en ‘ Maestros antiguos ’ , la adaptación de Mahler del libro de Thomas Bernhard del mismo título. Ya escribí –con admiración– sobre ello en esta misma página, de manera que al enlace anterior os remito. También comparte el tono filosófico, o político y discursivo, aunque sobre temas muy distintos, ‘El huésped’ de Jacques Ferrandez, que nace de un relato de Albert Camus sobre el conflicto entre Francia y Argelia publicado en plena guerra de independencia del país africano. Se trata de un cómic “leve”, en el sentido de que no hay grandes alharacas gráficas ni una trama extraordinariamente elaborada, pero está resuelto con mucho oficio y buen gusto y su interés reposa en el modo en que se plantean cuestiones que deberían ser fundamentales para todos nosotros.

Otro autor francés que ha convertido en sello de identidad la aproximación a la literatura es Jacques Loustal , máxime cuando su estilo ilustrativo e hierático, su habitual sustitución de los bocadillos por textos al pie y sus escasas y grandes viñetas hacen que muchos de sus cómics parezcan más cuentos ilustrados que cómics al uso. “Parezcan”, he dicho, porque cómics son, y generalmente muy buenos. Loustal bebe en gran medida de la pintura en lo estético, y por otro lado tiene una querencia especial por el género negro. Esto le ha llevado a colaborar con cantidad de escritores practicantes de este género, como Jerôme Charyn (que también ha trabajado con José Muñoz y François Boucq) y Philippe Paringaux,  que han escrito guiones originales para el dibujante. En Francia –pero no en España– se ha publicado Coronado, una adaptación del cuento reconvertido en obra de teatro de Dennis Lehanne (‘Mystic River’, ‘Shutter Island’). Pero dijimos que solo hablaríamos de cositas publicadas por aquí, de modo que nos centraremos en un libro dibujado por Loustal en los que adapta relatos de Jean-Luc Coatalem, un escritor con el que comparte una pasión por el viaje, por Indonesia y por Gaugin. Del libro ‘Tout est Factice’ de Coatalem, Loustal extrajo dos relatos que plasmó en ‘Hermoso Mar de la China’. Por su amplia carga de humor e ironía, no es un libro especialmente representativo del tono habitual del dibujante, que suele moverse en ambientes más negros, pero así y todo es altamente recomendable. Hablando de lo negro, el auténtico rey en lo que refiere a adaptar relatos de este género al cómic es Jacques Tardi. El autor francés, muy conocido por su serie ‘Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec’ y la obra maestra ‘La guerra de las trincheras’, lleva muchos años trasladando a las viñetas historias de criminales, detectives, persecución y muerte. Tal vez más más famosas de entre ellas sean sus versiones de novelas de Léo Malet, protagonizadas por el detective Nestor Burma. ‘Calle de la estación’, ‘120 o Niebla en el puente de Tolbiac’ son auténticos clásicos, y tampoco están nada mal ‘Reyerta en la feria’ y ‘¿Huele a muerto o qué?’ Resulta interesante señalar el hecho de que Malet, realmente, consideraba los cómics un arte muy menor y apenas si quiso saber nada del trabajo del Tardi, aparte de cobrar su cheque de derechos. Así y todo, el dibujante francés fue extremadamente fiel a los relatos originales y añadió su particular impronta, regalándonos un París como solo él sabe dibujarlo. Aunque las tramas son interesantes y trabajadas, el auténtico hallazgo en estos libros (tanto en las novelas originales como en los cómics) es la recuperación de los distintos barrios de la capital francesa, con sus edificios emblemáticos y sus gentes. Tardi, que siempre ha sido un autor muy metropolitano, se fue a las afueras, a un pueblecillo aislado, en Juegos para morir , donde volvía a dar muestras de su pesimismo al adaptar la desesperanzada novela protagonizada por adolescentes de Géo-Charles Véran. Las inquietudes sociales de Tardi, afín la izquierda y muy contrario a los totalitarismos e injerencias gubernamentales de cualquier tipo, se hacen patentes en los novelistas que elige para llevar a la página. Uno de ellos es Didier Daeninckx, que ya creó para él el guión original de ‘El soldado Varlot’. El dibujante se atrevió con una de las novelas más importantes del escritor, ‘La última guerra’, mostrando con crudeza la Francia posterior a la Segunda Guerra Mundial y con un mensaje subterráneo –y no tan subterráneo– contra los militares franceses de alta graduación. Otro tanto podemos decir de su tetralogía El grito del pueblo, en esta ocasión basado en una novela de su amigo Jean Vautrin, en la que describe con crudeza, violencia y aliento folletinesco las revueltas y carnicerías que rodearon el auge y caída de la Comuna de París. Por desgracia no es, ni de lejos, lo mejor que ha firmado Tardi en su carrera. También se acerca al folletín en El estrangulador, basado en la novela homónima de humor negro de Pierre Siniac, que cuenta además con varios finales alternativos presentados de una forma más que curiosa. Casi podríamos decir que ‘El estrangulador’ es, más que un cómic, un juego con el lector. Además de adaptar obras preexistentes, Tardi también ha trabajado con escritores de novela negra que han escrito guiones ex profeso para él. Este es el caso de La patada, con guión de Daniel Pennac, de ‘El exterminador de cucarachas’, escrito por Benjamin Legrand y ‘Griffu’, en colaboración con Jean-Patrick Manchette, uno de mis escritores favoritos de novela negra, si se me permite la nota personal. Tardi y Manchette planearon otra colaboración, ‘Fatale’, que nunca llegó a buen puerto, y tras la muerte del escritor Tardi ha ido adaptando algunas de las novelas del literato, que se cuentan de hecho entre lo más interesante de la producción del dibujante en los últimos años. La prosa desnuda, descriptiva y directa de Manchette es un material idóneo de partida para ser adaptado, al no hacer hincapié nunca en los pensamientos o la psicología de los personajes, a no ser a través de sus actos. Tardi comenzó su particular recuperación de su viejo amigo con ‘ Balada de la Costa Oeste ’ , y la continuó con ‘ Cuerpo a tierra ’ y ‘La loca del laberinto’. Habida cuenta de las pocas novelas que dejó escritas Manchette, muerto a temprana edad, no podemos sino desear que el dibujante francés se líe la manta a la cabeza y complete su peculiar homenaje adaptándolas todas.

Aunque no se trata de novela negra, sí que podemos hablar de una especie de investigación filosófica en Ciudad de cristal, la obra de Paul Karasik y David Mazzucchelli basada en la conocida como “trilogía de Nueva York” de Paul Auster. En su cómic, los autores dan una auténtica lección de lo que debería ser una adaptación, al menos cuando se hace desde un punto de vista artístico y creativo. Y es que ambos, sin olvidar nunca el material de partida con que cuentan, desarrollan hasta límites imposibles las posibilidades que les da el medio del cómic, aprovechando las metáforas visuales y la secuencialidad de las viñetas para alcanzar nuevas cotas y significados. Curiosamente –o no tanto–, es Anagrama, la editorial literaria, la que ha realizado la última edición en España de este cómic. Digo curiosamente porque no recuerdo que haya precedentes en relación a la publicación de cómics por la editorial. Y digo que quizá no tan curiosamente porque, al fin y al cabo, históricamente Auster ha sido un autor de su catálogo. También es reseñable la adaptación de Nightmare Alley realizada por el dibujante underground Spain Rodríguez a partir de la novela de William Lindsay Gresham. En este caso no se puede decir que la habilidad del dibujante sume muchos enteros, pero la historia de perdedores y resentidos que se narra es tan intensa que poco importa. Es un cómic que pasó, injustamente, bastante desapercibido.

 


Y vamos a ir cerrando, porque a estas alturas ya se os ha desbordado la bañera y se la leche hirviendo se ha salido del cazo. En la minitraca final tenemos a algunos autores españoles, porque vamos a mencionar ‘Sudd’ y ‘Solo para gigantes’, dos cómics dibujados por Tyto Alba y guionizados por el que también es autor de las novelas en que se inspiran, Gabi Martínez. La primera de ellas tiene como trasfondo el fin de la guerra civil en Sudán, y en la segunda se relatan las tribulaciones de Jordi Magraner, un personaje real, zoólogo, que vivió obsesionado con la búsqueda del yeti. Ambas novelas gráficas se benefician tanto del expresivo y plástico dibujo de Alba como de la solidez de sus argumentos. Por último, presentamos aquí ‘Nocilla Experience’, título que vale tanto para la novela original de Agustín Fernández Mallo como para la adaptación al cómic que realizó Pere Joan. Al igual que sucedía en el caso de ‘Ciudad de cristal’, aquí Joan se enfrasca en la compleja tarea de aportar algo mediante su traslación gráfica que sirva para hacer crecer la obra de partida: suma elementos, capas comprensión, significados y simbolismos que solo pueden expresarse mediante el dibujo. Convierte la experiencia intelectual de la lectura de un libro en una experiencia sensorial. No es tarea sencilla, y algunos todavía nos sorprendemos al recordar que el dibujante no recibió el Premio Nacional de Cómic por este trabajo. Y ahora sí, esto es todo. Podían haber sido otros y podían haber sido muchos más, pero todo tiene un límite, hasta internet.

Mi briconsejo final. Leed tebeos. Pero leed también novelas, ensayos, poesía y prensa. Benditos seáis.

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