FIB 2016
La trastienda: Editoriales infantiles (1)

La trastienda: Editoriales infantiles (1)

Publicado el 24.09.13
por David G. Natal
@DavidGNatal

Si publicar libros fuera de las grandes casas editoriales siempre requiere altas dosis de ilusión y riesgo, sospechábamos que estos se disparan cuando el destinatario de aquello que haces son los niños. Bajo esta premisa decidimos ponernos al habla con los responsables de algunas de las mejores editoriales independientes que publican libros para el público infantil en nuestro país y cuestionarles sobre esa curiosa paradoja que supone ser riguroso como un adulto, pero curioso como un niño.

 
'El aniversario' (Miquel Martí i Pol y Carme Solé Vendrell)


Los comienzos
 

Un 2 de abril de 1998, Día internacional del libro infantil y juvenil, nació en Galicia Kalandraka, Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural en 2012. Bajo el lema ‘Libros para soñar’ se agrupaban profesionales relacionados con el ámbito educativo, el teatro o la edición de libros. Sus responsables aseguran que fue “la complicidad de los libreros, el profesorado y las bibliotecas” lo que más ayudó a que su catálogo se fuera consolidando. De comenzar publicando solo libros en gallego, la editorial fue pasando a un crecimiento sostenido, con obras en castellano, catalán, euskera, portugués, inglés y hasta italiano. En ese mismo año, 1998, también publicaba sus tres primeros libros la editorial Media Vaca, creada por Begoña Lobo y Vicente Ferrer. “Quince años después, seguimos siendo la misma gente, seguimos publicando tres libros por año y nos mueve el mismo interés: dar a conocer algunas lecturas que nos parecen importantes y promover lectores exigentes y críticos”. Dicen que cuando empezaron, “la mayor parte de los libros para niños eran libros de bolsillo, en ediciones apresuradas y descuidadas”. El panorama de la edición infantil en España ha mejorado mucho desde entonces, ganando en diversidad y en el cuidado de las diferentes publicaciones. Buena muestra de ello es la labor desarrollada por sellos mucho más jóvenes, como El jinete azul, nacido en 2010, que en su nacimiento declaraba su intención de publicar “obras clásicas de escritores e ilustradores que crearon estos libros con intención o no de dirigirlos al público infantil, pero de los que los pequeños lectores se apropiaron con el paso del tiempo”.  También con una motivación muy clara aterrizaba Mamut, hijo pequeño y mimado de Bang Ediciones, cuyos promotores sentían una necesidad: “la de contarle historias a los niños más pequeñitos en forma de cómic”. “Nos dimos cuenta de que eso en España no existía de manera específica y nos pusimos manos a la obra”, declaran estos responsables de que los niños desde de tres años puedan animarse a leer su primer cómic.

 

'Ser amigos'   (Arianna Papini)

Editar para hijos, editar para padres

¿Tanto se diferencia editar libros para adultos de hacerlo para niños? “En principio, ambos procesos deben ser igual de rigurosos”, aseguran los responsables de El jinete Azul, quienes recuerdan una cita del arquitecto y diseñador Oscar Tusquets en la que afirma que el artista crea para él o, lo que es lo mismo, para los dioses. “Igual nosotros, publicamos para esa inmensa minoría que ama los libros verdaderos”. También desde Kalandraka insisten en tratar a sus pequeños lectores “con el mismo respeto – o más – que si fuesen lectores adultos”. Por encima de la pregunta de si editan con la vista comercial puesta en los niños o en los padres que al final serán quienes compren los libros, desde Kalandraka intentan “publicar libros que seduzcan y perduren en el tiempo, que puedan emocionar, educar, divertir, provocar, ayudar a los lectores a descubrir el mundo y a entender la realidad que les rodea”. Añaden desde Media Vaca que “tradicionalmente el libro para niños ha sido considerado más bien un juguete que una obra con interés cultural”. Aquí reside una de los grandes diferencias que aporta esta nueva generación de editores infantiles, la convicción de que su misión es encontrar obras de alta calidad artística y editarlas en las mejores condiciones. “Cuando se trabaja para niños hay que ser doblemente exigente. Hay que cuidar al máximo todos los aspectos de la edición: los contenidos, el valor del libro como objeto, la calidad de las reproducciones, las traducciones, etc.”, apuntan desde Media Vaca, donde reconocen hacer los libros para “un público invisible formado por niños y adultos: cada uno toma del libro algo distinto”. “Hay que tener en cuenta que una misma historia puede ser contada tanto para niños como para adultos”, destacan en Mamut, “pero nosotros sabíamos que el asunto no radicaba sólo en eso, sino en la manera de transmitir esa historia, de narrarla. Los adultos hemos ido aprendiendo una serie de mecanismos narrativos que los más pequeños no tienen aún, y que por tanto, tenemos que evitar”.

 

Remar contra marea

En el caso de Mamut, la propia novedad que supone su labor editorial ha traído consigo algunas de las máximas dificultades a la que han tenido que enfrentarse. “Nuestros libros para algunos funcionaban mejor en los estantes de los libros infantiles y otros pensaban que funcionarían mejor en la de los cómics junto a los Mortadelos … A los distribuidores les pasaba algo parecido, ya que a la hora de promover y dar a conocer nuestros títulos, lo hacían junto a otros libros claramente destinados a adultos”. Creen que “el mercado español aún se está formado” y que es básico que  “distribuidores y libreros conozcan el producto que tienen entre manos”. En el apartado público destacan la falta de apoyos, “sobre todo si tenemos en cuenta que estamos hablando de cultura, del proceso de aprendizaje en el que un niño comienza a tomar contacto con la lectura … es decir, un niño que lee desde pequeño es un lector adulto en potencia (…) Es un proceso largo y que, a menudo, los gobiernos no se toman suficientemente en serio. Prefieren adoctrinar que educar”. Esta situación es especialmente preocupante si tenemos en cuenta que “con las compras de las escuelas se sustentan la gran  mayoría de las grandes ventas de las editoriales en España. Si te quedas fuera de ese circuito o no haces suficiente lobby para entrar cuesta mucho sobrevivir como editorial pequeña”. Coinciden en El jinete azul en señalar esta “indiferencia de las administraciones públicas por la cultura, cuando no es desprecio y la ausencia de criterio de muchos profesionales mediadores de los libros para niños”. También la distribución es, en su opinión, “una asignatura pendiente”, acompañada de una falta de atención por parte de los grupos mediáticos: “para los grandes medios no existimos”.


'Rafa y Zoe en el parque'  (Sergio Kern y Cristián Turdera)

La situación económica que vivimos nunca ayuda, pero resulta especialmente peligrosa en un sector tan frágil como el de la edición infantil. “Ante este panorama, la respuesta de Kalandraka pasa por una minuciosa planificación, por seguir manteniendo un plan editorial coherente y por el acceso a nuevos mercados”.La crisis afecta también a los posibles soportes de la actividad, con “las administraciones reduciendo notablemente sus partidas” y “el número de medios impresos especializados menguando por el cierre de revistas”. En Media Vaca van más allá, al hacer referencia a un problema conceptual, asegurando que muchas de las dificultades tienen que ver “con los prejuicios que todavía arrastra la llamada literatura infantil. Si no la llamáramos así, si a estos libros no les pegáramos esa etiqueta y los llamáramos simplemente libros o literatura, quién sabe si no empezaríamos a superar un gran escollo”. “En el fondo, lo que habría que paliar es el desconocimiento del libro por parte de sus usuarios y consumidores;”, continúan, “es un producto que tiene un aspecto familiar y cercano, pero que poca gente conoce realmente. En ese sentido sí que se podría hacer alguna labor para acerca información útil a los ciudadanos”. 

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