FIB 2016
La larga noche de Reinaldo Arenas

La larga noche de Reinaldo Arenas

Publicado el 14.12.15
por Julio C. Santamaría

 “Siempre he considerado una acto miserable mendigar la vida como un favor. O se vive como uno desea, o es mejor no seguir viviendo. “

El 7 de diciembre de 1990 el escritor cubano Reinaldo Arenas se suicida en su apartamento de Nueva York a la edad de 47 años. Enfermo de SIDA desde hacía varios años, apuró hasta el límite sus energías. Antes de poner fin a su vida el escritor había terminado su autobiografía 'Antes que anochezca'.

La vida del escritor cubano había estado marcada desde su infancia por un sentimiento de no pertenencia,  de desterritorialidad, sentimiento que desembocó en una profunda soledad. Su homosexualidad, la disidencia con el régimen castrista y la represión a la que éste lo sometió, agudizaron ese estado. Los años de exilio en Estados Unidos y la enfermedad intensificaron un  angustioso nihilismo con connotaciones autodestructivas del que gran parte de su obra es un fiel reflejo.

Pasado un cuarto de siglo, Arenas ha alcanzado el lugar destacado que merece en la literatura hispanoamericana. El autor, al que en vida sólo se le permitió publicar un libro en Cuba, su primera novela, 'Celestino antes del Alba' (1964), es considerado en la actualidad uno de los principales representantes de la narrativa cubana del siglo XX a la altura de autores como Carpentier, Lezama Lima o Cabrera Infante.

El guajiro que quería escribir

Arenas nació en Holguín en 1943. Su padre había abandonado a su madre a los pocos meses de conocerla. Cuando Arenas tenía tres meses la madre volvió junto a su familia en el campo, llevando consigo al hijo que simbolizaba su fracaso amoroso.  Arenas fue un niño solitario. En un ambiente de miseria económica, el escritor, no obstante, disfruta de una libertad que tiene su origen en un contacto directo con la naturaleza. Tiene la sensación de vivir en un lugar edénico en el que la indiferencia de la cual es objeto por parte de su familia se convierte en parte  en una ventaja:

 “Siempre he creído que mi familia, incluyendo a mi madre, me consideraba un ser extraño, inútil, chiflado o enloquecido; fuera del contexto de sus vidas. Seguramente tenían razón […] Mi existencia ni siquiera estaba justificada y a nadie le interesaba; eso me ofrecía un enorme margen para escaparme sin que nadie se preocupase por saber dónde estaba, ni la hora a que regresaba".

Ese nomadismo le permite explorar, entre otras cosas, una sexualidad que todavía no venía condicionada por la diferencia o el rechazo.  La creación, que aún no se traslada a la escritura, está ya presente en sus juegos, en canciones y en espectáculos que el escritor escenificaba en su aislamiento voluntario.

El traslado ya de adolescente a Holguín, motivado por las penurias económicas que se hacían más y más grandes conforme el dictador Batista permanecía en el poder, hacen que la soledad, refugio de la infancia, se transforme en tedio.  Un pueblo como Holguín le imposibilitaba continuar con su vida libre y nómada del campo  y, a la misma vez, era demasiado pequeño para satisfacer las ganas de mundo que comenzaban a nacer en Arenas. Surge una incipiente necesidad de escribir, de contar, de sacar fuera de sí todo aquel universo en el que había habitado en su infancia.  La revolución encabezada por Castro, y que derrocaría a Batista en 1959,  fue vista por Arenas como la oportunidad para comenzar  de nuevo.

Revolución: del compromiso a la disidencia

En sus primeros momentos Arenas compartió el ideal revolucionario castrista. Durante lo que se denomina el “Periodo romántico de la revolución”, en el que la represión comenzaba a ser algo evidente, todavía persiste una confianza en que el cambio sería para mejor:

 “¿Por qué la inmensa mayoría del pueblo y de los intelectuales no nos dimos cuenta de que comenzaba otra vez una nueva tiranía aún más sangrienta que la anterior? […] En aquel momento yo estaba integrado en la revolución; no tenía nada que perder, y entonces parecía que había mucho que ganar; podía estudiar; salir de mi casa en Holguín, comenzar otra vida.”

Arenas vivió un corto periodo de expansión personal y profesional: empezó a trabajar para la Biblioteca Nacional, escribió la citada 'Celestino antes del Alba', primera parte de una pentagonía que terminaría  con  la novela póstuma, 'El color del Verano' y entabló relación con dos de los escritores más importantes de la época en Cuba, José Lezama Lima y Virgilio Piñera.

Pero su disidencia con el régimen castrista pronto se hizo evidente, ya en 1964. El rechazo al totalitarismo y a la homofobia de los nuevos gobernantes hizo imposible la inclusión de Arenas en las nuevas élites intelectuales. La Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, organismo que controlaba el sistema editorial cubano, impidió la publicación de sus obras en Cuba. Su segunda novela, 'El mundo alucinante,’ se editó en Francia gracias a la ayuda de dos de sus amigos, Jorge y Margarita Camacho.

Su homosexualidad y su literatura lo convirtieron  en un enemigo del régimen. La literatura que no estaba de forma clara al servicio de la revolución era considerada como un instrumento de evasión y aburguesamiento, algo que entraba en colisión con los principios revolucionarios.

Arenas y el boom

Uno de los debates abiertos en torno a Arenas durante años es el de su exclusión del denominado boom de la literatura hispanoamericana. En realidad no podríamos hablar de una exclusión forzosa, porque es también el propio escritor quien se autoexcluye. La razón excede lo puramente literario, pues tiene su origen en un posicionamiento político. La cercanía de autores como Carlos Fuentes o Gabriel  García Márquez al régimen cubano, imposibilita la identificación de Arenas con el fenómeno. Sí comparte con muchos de ellos un estilo propio del neobarroco literario al que realiza aportaciones originales. Durante años Arenas negó con rotundidad, y con un sólido argumento, la difundida idea de que 'El mundo alucinante' hubiese sido escrita bajo la influencia de 'Cien años de soledad' García Márquez ‘o de 'De donde son los cantantes' de Severo Sarduy. Su obra era anterior o contemporánea a ambas novelas.  Arenas es incluido por algunos estudiosos, no tanto en el boom, sino en un contexto más amplio, el de la novelística posmoderna hispanoamericana junto a autores como Manuel Puig.

La sexualidad

“Creo que si una cosa desarrolló la represión sexual en Cuba fue, precisamente, la liberación sexual. Quizá como una protesta contra el régimen, las prácticas homosexuales empezaron a proliferar cada vez más con mayor desenfado. Por otra parte, como la dictadura era considerada como el mal, todo lo que por ella fuera condenado se veía como una actitud positiva por los inconformes, que eran ya en los años sesenta casi la mayoría.”

La sexualidad es una de las constantes de la obra de Arenas. El también cubano Cabrera Infante dirá: "En la obra de Reinaldo Arenas no hay más que penes y penas". La pérdida de la territorialidad de la infancia, ese espacio de goce donde el erotismo estaba presente en animales, objetos y personas, da lugar a un repliegue sobre el propio cuerpo, éste se convierte en el espacio narrativo por excelencia.

Sin embargo, siempre existe una nota de amargura, de desengaño. El amor es entendido como un logro imposible, sobretodo en el mundo homosexual donde el amor es sustituido por el sexo: "el mundo homosexual no es monogámico; casi por naturaleza, por instinto, se tiende a la dispersión, a los amores múltiples, a la promiscuidad muchas veces"

La represión sexual es combatida, en la realidad y en la ficción, con el escándalo. El erotismo siempre tiene un componente de riego, de exhibicionismo. La homosexualidad es el elemento clave de su disidencia. La mayor oposición al régimen la hace desde su visibilidad como homosexual.

El Morro

Acusado de violación de menores, Reinaldo Arenas fue detenido en 1973. Tras escapar de la comisaría donde estaba retenido, y pasar un tiempo huyendo de las autoridades por distintos lugares de la Isla, fue detenido e internado dos años en la prisión de El Morro. A las penurias propias de la cárcel se le une la dificultad de continuar con su obra literaria y sobre todo la humillación que supone retractarse públicamente de su obra y de su disidencia. Reconoce su error  y se disculpa por haber sido un contrarrevolucionario. No obstante, el escritor se había encargado de que en el extranjero y en ciertos ambientes de la isla se supiese su verdadera situación, que todo aquello no era más que un trámite para poder lograr la libertad. Aun así, un sentimiento de culpa y humillación le acompañara para siempre.  

Exilio y SIDA

Tras varios intentos fallidos, en 1980 el escritor logra abandonar la isla en el denominado Éxodo de Mariel, el nombre del puerto desde el que partían los barcos llevando a los cubanos al exilio. Tras el conflicto diplomático que supuso que cientos de personas solicitasen asilo político en la embajada de Perú, Fidel Castro había permitido la salida del país a todos aquellos que lo quisiesen y especialmente a los considerados indeseables para el régimen,  entre los cuales se encontraban los homosexuales. Sin embargo, Arenas tuvo que mentir sobre su identidad por el miedo a estar incluido en una lista de personas no autorizadas para partir dada su relevancia política o cultural.

Hay que señalar, sin embargo, que  el exilio tan deseado no se convierte en una liberación. El sentimiento de desarraigo, de pérdida de la identidad cubana y, sobre todo, el dolor por el olvido y la indiferencia de los propios exiliados, se adueñan de él. En aquellos años escribirá sin descanso varias novelas, cinco obras de teatro reunidas bajo el título de ' Persecución' y  el ensayo 'Necesidad de libertad'. Todas estas obras  están marcadas por la nostalgia que se va transformando en rabia incontenible contra el régimen según pasan los años. Rememorando su salida de Cuba, Arenas escribirá en 1990:

Desde luego, diez años después de aquello, me doy cuenta  de que para un desterrado no hay sitio donde se pueda vivir: que no existe sitio, porque aquél  donde soñamos, donde descubrimos un paisaje, leímos el primer libro, tuvimos la primera aventura amorosa, sigue siendo el lugar soñado; en el exilio uno no es más que un fantasma, una completa sombra de alguien  que nunca llega a alcanzar su completa realidad; yo no existo desde que llegué al exilio; desde entonces comencé a huir de mí mismo

En 1987  Arenas descubre que tiene SIDA.  Los últimos tres años de su vida son un auténtico calvario físico  y mental. Sintiendo la inminente presencia de la muerte, se sumerge en una frenética lucha contra el tiempo para terminar y revisar algunas de sus obras no publicadas y sobre todo para escribir lo que serían sus testamentos literarios: la autobiografía 'Antes que anochezca'y la novela 'El color del verano'. La primera, la autobiografía, la había  empezado a escribir en Cuba en los tiempos de su fuga:

 “La había titulado 'Antes que anochezca', pues la tenía que  escribir  antes de que llegara la noche ya que vivía prófugo  en un bosque. Ahora la noche avanzaba de nuevo de forma más inminente.  Era la noche de la muerte. “

Fundamental para conocer la vida y las claves de la obra de Arenas, 'Antes que anochezca' fue adaptada al cine en 2001 por el pintor y director Julian Schnabel. Javier Bardem encarnó al escritor en una actuación que le valió, entre otros reconocimientos, la nominación al Oscar como mejor actor.

La obra termina con una carta destinada a sus amigos donde explica que su deterioro físico y sentimental le lleva a poner fin a su vida. Culpa a Castro de todos los males que ha padecido, pero incide en un mensaje de esperanza para el pueblo cubano. En sus últimos momentos, él ya se sentía libre.

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