FIB 2016
Julio Cortázar

Intervención: Rayuela

Publicado el 10.06.13
por Numerocero

La primera edición de ‘Rayuela’ apareció en junio de 1963.Su carácter innovadormovió los cimientos de la narrativa en español y consagró a su autor, Julio Cortázar, como una de las figuras claves de la modernidad literaria.Coincidiendo con el 50 aniversario de esta primera publicación, Alfaguara publica estos días una edición especial de ‘Rayuela’, adelantándose también a las celebraciones del centenario del nacimiento de su autor, que tendrá lugar en agosto.Pedimos a diferentes figuras que nos hablen de su encuentro y posteriores reencuentros con la obra de Cortázar.

 

JAVIER MORENO
Autor de ‘2020’, publicada por Lengua de Trapo

 

Leí ‘Rayuela’ con 20 años por recomendación de un amigo. Había leído anteriormente algunos relatos de Cortázar y mis expectativas eran grandes. Puedo decir que no se vieron defraudadas. El texto me transmitió una libertad absoluta, un riesgo en la composición hasta ese momento inédito para mí. Asimismo los temas abordados: la música, la reflexión sobre el arte, la sordidez parisina… Ingredientes imprescindibles para alguien que aspira a escribir y, sobre todo, a vivir. La leí siguiendo el orden habitual, de principio a fin, aunque hice alguna cata según el orden cortaziano. En realidad, en un libro como ‘Rayuela’ lo que menos importa es el orden, aunque la combinatoria forme parte del juego que supone su lectura. Con el paso de los años he releído algunos capítulos. Me pareció que la obra de Cortázar sigue conservando un encanto incombustible. Soy borgiano y cortaziano al cincuenta por cien. Ambos autores constituyeron durante un tiempo dos cimientos importantes de mi literatura. Probablemente lo sigan siendo.



AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO
Autor, entre otras, de ‘Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus’, publicado por Alfaguara

 

Es una de esas novelas punto cero: recoge casi todo lo que en cuanto a artes le precede, y lo concentra y transforma para proyectar hacia el futuro una nueva manera de entender la literatura. Si la excelencia de una obra se mide por las influencias que pueda suscitar en generaciones posteriores, ‘Rayuela’ es una de la obras maestras de la literatura.

Personalmente, supuso no sólo un deslumbramiento sino ese tipo de experiencia que permanece como un verdadero hallazgo. Recuerdo haber pensado, “no sabía que fuera posible escribir así.” Si tuviera que definirla diría que representa la excelencia de cierta clase de literatura cuya lógica interna se fundamenta en los encuentros epifánicos como método de investigación de la realidad, así como la digresión como forma poética. Siempre que la he releído ha sido fragmentadamente, catas selectivas, y funciona perfectamente.

 

EL HIJO
Su último disco es ‘Los Movimientos’

 

Creo que la sensación al leerlo por primera vez fue una mezcla de perplejidad, flipe y sensación de que se me escapaban muchas cosas. ¡Y eso que la primera vez me salté los "capítulos prescindibles"! La idea que esa sensación dejó fue la de que había muchos mundos en éste y la de que el arte, lo artístico estaba en el lugar del espectador. Lo que más me gustó fue cómo se trataban el azar-encuentro con lo maravilloso, la muerte y la locura. Siempre que pienso en ‘Rayuela’ pienso en esas tres cosas. Tiene un pulso literario impecable, sus temas no pierden sino que ganan con los años. También me interesa carácter cervantino, en el sentido de que contiene muchas historias y enseñanzas. En muchos casos son trágicas y se tratan con un humor fuerte y espeso.

Es mi favorita de Cortázar. No sé si es la mejor, me parece que no, pero tiene algo poderoso que hace que haya que volver de vez en cuando. Creo que es un libro más de releer que de leer sólo una vez. Deja una huella singular que se va volviendo más profunda con cada nueva lectura. Me ha influido mucho.. Sobre todo al descubrirlo. En cierta época juvenil de mi vida, ‘Rayuela’, los cuentos (recuerdo muy bien una edición en la colección Alianza 100 de El perseguidor, además de los libritos de la misma editorial) y, quizá lo que más, la cassette grabada en la casa de América de La Habana que un buen amigo consiguió copiar de una original y yo le robé en una distracción, sonó durante meses a todas horas, hasta el punto de que el Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj acabó por quedarse a vivir en una mezcla de improvisaciones de Migala, a las que, en consecuencia, dimos el nombre del escritor.

 

PILAR REYES
Directora editorial de Alfaguara

 

Leí ‘Rayuela’ por primera vez cuando tenía 18 años. No sabía nada de Jazz, no conocía París y llegué a ella tras la lectura de ‘Historia de cronopios’ que me produjo una suerte de fascinación por su autor. “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti…” Empecé a leer esta novela monumental y mi asombro fluyó como un río hasta la línea final.  Cómo se podía jugar de este modo con la lengua, con la estructura, con el lector… Estaba en mi último curso de colegio y tenía muchas dudas sobre lo que quería estudiar. Me encantaba leer novelas, pero me era difícil pensar que esa podía ser una opción profesional para mí, hasta que terminé Rayuela. La originalidad de esta novela, su frescura, su riesgo, me hicieron decidirme a hacer la carrera de letras. No tenían ningún otro fin que poder dedicar mi tiempo a leer. Era una idea adolescente reafirmada por un libro que estaba hecho para un lector joven.  

Volví a ‘Rayuela’ muchos años después, con el temor de no poder repetir mi emoción inicial. Ya conocía París, me gustaba el jazz y era editora literaria. Mi relación con el libro fue casi tan profunda como la primera vez, en tanto que volvía apreciar todo lo novedoso que había en su estilo y en su mirada, pero por sobre todo podo porque a cada línea volvía irremediablemente a la persona que yo fui entonces. Cortázar propone una manera de leer esta novela  en la que el lector debe elegir, un viaje “Del lado de allá” y “Del lado de acá” entre París y Buenos Aires. Y creo que eso es justamente lo que el lector de Rayuela hace, sea un lector macho o un lector hembra para jugar con las categorías cortazarianas: un viaje por su propia existencia, como si la novela fuera una especie de espejo de su propia vida. O por lo menos “lo que me gustaría ser a mí si no fuera lo que soy”.



JUAN FRANCISCO FERRÉ
Premio Herralde 2012 por ‘Karnaval’



Leí ‘Rayuela’ por primera vez al filo de los veinte años y me deslumbró desde el principio la tentativa lograda de implicar en el mismo gesto una redefinición de lo humano y una redefinición simétrica del papel de la novela. ‘Rayuela’ es no solo una invitación al juego de la literatura sino una invitación al juego de la vida, al juego de espejos mutuos que la literatura y la vida entablan desde la pasión y el rigor. El juego de cambiar las reglas del juego mientras se aprende a jugar. Cortázar quiso con su novela demostrar que otra forma de escribir era posible y quizá otra forma de vivir la literatura, o simplemente de vivir. Cortázar practicó en ‘Rayuela’ una escritura novelesca que pasaba por recuperar los juegos de la infancia sin abandonar los dilemas y deseos de la edad adulta. ‘Rayuela’ era la consumación de toda una tradición, heterodoxa y creativa, que rompía moldes anquilosados para fundar una nueva manera, un nuevo modo de construcción novelístico, un nuevo modelo de armar la narración donde las interferencias de la vida y las libertades del lector con el texto jugaban un papel fundamental en la trama lúdica de la lectura. Por primera vez, los personajes de ficción se transfiguran, durante la gestación de la novela que los contiene, en activa comunidad de lectores de la misma. En el fondo, la transformación del lector de ‘Rayuela’ (“el verdadero y único personaje que me interesa es el lector”) conduce a la transformación integral del ser humano a partir del juego, el erotismo, la aventura y el inconformismo (“rechazo de todo lo que huele a idea recibida, a tradición, a estructura gregaria basada en el miedo y en las ventajas falsamente recíprocas”). No es de extrañar, por tanto, que en este tiempo de retorno de los valores estéticos más reaccionarios (obra acabada, lenguaje impecable, personajes redondos, narrativa lineal, etc.) los lectores convencionales juzguen ‘Rayuela’ como una obra fallida y desfasada. Los más inconformistas, en cambio, sabemos que ‘Rayuela’, a pesar de sus debilidades inevitables, sigue siendo no solo una anomalía escandalosa sino una novela literal y literariamente revolucionaria. Una obra, en suma, que revoluciona nuestras ideas preconcebidas sobre la literatura y la vida. ‘Rayuela’ demuestra cómo la historia de la literatura es la historia de las libertades que algunos escritores se han tomado, en nombre del placer del juego, con la literatura y con la idea establecida de la literatura en cada época. En todo lo que escribo trato de ser fiel a esta lección.

 

JENN DÍAZ
Autora, entre otros, de ‘El duelo y la fiesta’, publicado por Principal de los Libros



Descubrí antes al Julio Cortázar poeta y a los Cronopios. Si digo la verdad, no recuerdo en qué momento oí hablar de ‘Rayuela’, ni si oí hablar de ‘Rayuela’. Lo compré porque sabía que era un imprescindible y empecé varias veces su lectura. Al principio aceptando el juego, después por el orden normal de los libros. Si vuelvo a decir la verdad, tengo que reconocer que nunca he acabado el libro, y no sé si está muy bien reconocerlo. Cada vez que lo empiezo, creo que no es el mejor momento para hacerlo, y lo voy postergando.

No puedo decir que Julio Cortázar, en ninguna de las versiones que lo conozco, haya modificado mi escritura o me haya inspirado, porque lo que me ocurre cuando leo al argentino es que siento que no podré alcanzar su osadía y la manera en que convierte la vida en un arte particular, en un mundo cortaziano a veces accesible y otras, no. Más que influenciar mi escritura, me influye a la hora de escribir: hasta aquí se puede llegar. Intentémoslo.

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