FIB 2016
Diálogo con Samanta Schweblin (2)

Diálogo con Samanta Schweblin (2)

Publicado el 16.07.15
por Jordi Corominas

Otro punto interesante es que alternas partes narrativas con un mimo muy profundo al diálogo, algo que no abunda últimamente. ¿Cómo lo enfocas?

Me gustan mucho los diálogos. Para mi contar una historia implica siempre mostrarla, no contarla. Acompañar al lector en el momento mismísimo en que sucede.

La instantaneidad del diálogo.

Claro, hacer que la literatura sea una instancia muy presencial, presencial porque está el lector y el personaje en el mismo tiempo. Para mi la narración implica movimiento y acción. En cambio lo presencial necesita materialidad, objetos sobre la mesa, diálogos o acciones. A veces se cree que el diálogo tiene que ser literal, pero encuentro que debe ser tan literario como la prosa, no es una transcripción natural de lo que se dijo. Está cuidado y amarrado como una narración corta. Es un recurso muy efectivo para poner los personajes en marcha.

Y pueden ser muy descriptivos, decir mucho con una breve pincelada.

Sí, es como si uno dice ¿dónde mi siento? Siéntate, ahí, en el sillón. Y así ya definiste el Living. En un diálogo no sólo está lo que se dice. El lector acompañado por el escritor debe imaginar. Hay una cantidad de señas no escritas que no están el texto.

Al leer 'Distancia de rescate' pensé varias cosas. Una de ellas era sobre la potencia del diálogo y como el libro podría adaptarse perfectamente a las tablas.

Sí, porque además todo es contado, con dos actores montas la obra.

¿Has escrito teatro?

Guiones sí, teatro de momento no.

Al no describirse mucho el ambiente el libro tiene desnudez escénica.

Tienes razón, además todo empieza en una especie de lugar ausente, después descubres que es un hospital…

Pero lo que determina el conjunto son las voces de los protagonistas.

Es verdad.

El diálogo teatral también es diálogo literario. Buscar la naturalidad vuelve todo poco natural.

Sí, existen conexiones profundas entre ambos. Hasta ahora no había pensado en la posibilidad que planteas.

Volvamos a 'Siete casas vacías'. Incluir en el volumen 'Un hombre sin suerte', galardonado con el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012, podía deslavazar la unidad del libro.

Sí, pero el relato del Rulfo era parte central del libro original, fue uno de los primeros cuentos en salir. Al ganar el premio pensé en si el libro podía defenderse en el Ribera del Duero sin su mejor cuento, pero no se podía. Una vez obtuve el premio la publicación era otra cosa y Juan Casamayor aceptó meterlo, entendió que era centro neurálgico de la compilación.

¿Quisiste establecer simetrías entre los cuentos?

Sí. Encontraba mucho en común entre los tres primeros cuentos, sobre todo por las casas y jardines, casi podían pasar en el mismo hogar y jardín. No podía empezar el libro con 'Respiración cavernaria', el cuarto cuento, porque exige mucha paciencia con el lector, primero necesitaba darle algo a cambio. Por otra parte tampoco podía terminar con él, debía ser central.

Con los tres primeros cuentos das un acelerón, produces un in crescendo que sirve para entrar ya instalado en 'Respiración cavernaria'. Los tres últimos vuelven a dar velocidad al asunto.

Sí, son más cortos y ágiles, casi de salida.

'Un hombre sin suerte' y 'Mis padres y mis hijos' se acomunan por lo de los niños. En ellos encontramos temas turbios a los que confieres una veta humorística.

Por un lado me interesa la oscuridad en la escritura, de eso trata la literatura, de entender medios propios y tantear la angustia en algunos terrenos. Por otro lado creo que leer tiene que dar gusto.

Tampoco todo debe ser angustioso…

Pero sí debe existir esa angustia, pero es eso, el texto debe darte algo a cambio, una media sonrisa, aire, espacio, no puede ser angustia por angustia, necesito pasarla bien mientras hago este recorrido.

Algo relacionado con que la mayoría de nuestros miedos tienen un punto absurdo.

Y hasta arbitrario diría, lo que decíamos de la formación, cosas que nos inculcaron o marcaron nuestra infancia, pero casi nunca con cosas que están pasando.

El hombre que acompaña a una niña se le identifica como pederasta, a los niños que no aparecen les pasa algo malo. Estamos condicionados por los tópicos y definimos como rarezas cosas que no lo son. No se remarca mucho, pero este mecanismo de tus textos expone una cierta crítica social.

Sí, sobre todo desde las etiquetas. La normalidad, lo que debe hacerse y lo que no, lo que es ser buena persona son convenciones humanas, recortes muy chicos que excluyen parcelas de vida muy reales que vivimos día a día.

Otro de los grandes temas, tanto por las casas como por las personas, es la soledad.

Hay mucha soledad. Son personajes solitarias, incluso en las propias parejas los problemas son con ellos mismos, tienen búsquedas introspectivas, miran hacia adentro y hacia adentro encuentran el dolor y la soledad.

En 'Salir', el cuento que cierra el libro, se ve muy claro. Él está ahí, lo sabemos, pero ella se levanta y, sin más, se va.

Tomando sus propias decisiones y hablando consigo misma mientras él no dice nada en todo el cuento.

Se le activa un resorte y sale a la calle directamente. Son seres humanos demasiado reconcentrados.

Tal cual. Están perdidos, viven situaciones complicadas, buscan soluciones y están activos en su dolor, que está dentro, siempre.

¿La casa es el espacio físico o el mental?

Las dos cosas, pero las búsquedas de ellos les obligan a salir de ese espacio mental, abandonan las casas e inician la búsqueda.

Hasta el jardín es un espacio de salvación.

Es que las casas están vacías en ese sentido. Los personajes necesitan salir de ese lugar de confort, de esas estructuras rígidas porque al salir de la casa pueden encontrar soluciones y rehuir las etiquetas.

¿Salen de sí mismos?

No, más bien creo que huyen de las etiquetas, de estas estructuras rígidas.

¿Tu siguiente paso es escribir una novela? ¿Te obsesiona escribir una?

En absoluto, quizá también porque me considero muy poco profesional en ese sentido. No son movimientos que pueda hacer de manera artificial, no me sale escribir una novela de trescientas páginas en la Edad Media. Lo admiro, admiro poder ir a mundos extraños. Tampoco lo haría en torno al mundo contemporáneo. Necesito ese dolor primario y esa sensación me condiciona, me dicta muchas reglas y parcelas de escritura.

¿Sientes que el cuento es tu parcela de seguridad?

Siento que las historias que he escrito hasta ahora siempre han lucido mejor en el cuento. La historia es la que pone las reglas, no puedo plantearme escribir una novela así como así, soy muy obediente a las ideas primarias que tengo.

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