FIB 2016
Diálogo con Samanta Schweblin (1)

Diálogo con Samanta Schweblin (1)

Publicado el 15.07.15
por Jordi Corominas

He quedado con la escritora argentina Samanta Schweblin por un doble motivo. El primero es una nouvelle llamada 'Distancia de rescate'. La ha publicado Literatura Random House y muestra, desde una historia que para muchos es extraña, una maestría en el diálogo y una sorprendente claridad de ideas narrativas. La segunda es un colección de relatos galardonada con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. 'Siete casas vacías' ve la luz en la editorial Páginas de Espuma y en esos domicilios atisbamos una normalidad trastocada que circula entre calles, interiores y navega cercana a nosotros con una prosa cargada de muchos registros. Tras saludarnos intercambiamos cuatro impresiones de cortesía y vamos al lío. Enciendo la grabadora.

Jordi Corominas i Julián: ¿Qué libro escribiste antes, 'Distancia de rescate' o 'Siete casas vacías'?

Samanta Schweblin: 'Distancia de rescate' nace de 'Siete casas vacías', debía formar parte del conjunto. Era un cuento de diez o doce páginas que no funcionaba y me dio muchísimo trabajo hasta que descubrí necesitar muchas más páginas para contarlo. Eso fue culpa de mi cabeza de cuentista, me costó mucho darme cuenta.

¿Te determina mucho el sentirte cuentista?

No sé hasta que punto uno escribe cuentos porque la historia lo necesita o si empiezo a pensar ideas en ese formato.

El cuento bueno suele ser preciso tanto en forma como en contenido. Supongo que con 'Distancia de rescate' viste que el texto necesitaba respirar.

Exacto, pero 'Distancia de rescate' trastocó mi plan para con 'Siete casas vacías' y acaparó toda mi energía. Fue una sorpresa. Al terminar 'Distancia de rescate' pude retomar 'Siete casas vacías'. Ambos libros, en realidad, tienen mucho que ver.

Sí, eso lo tengo claro. Me interesa saber cual es tu concepción de un libro de cuentos. ¿Los planteas individualmente o partes de una idea de conjunto?

Hay una idea de libro, porque de otro modo publicar un libro de cuentos sería crear antologías sin más. En los tres libros de cuentos siempre me ha pasado lo mismo. Empiezo a escribir historias y cuando tengo unas pocas empiezo a ver muchos puntos en común, que además son distintos para cada libro, como si dependiendo de la etapa vital tuviera puesto el foco en distintos temas y miedos. Al final siempre descarto dos o tres cuentos y veo con claridad los cuentos que faltan para la cuadratura de mi círculo, y estos sí responden a la forma que deseo para el libro. La idea del mismo aparece a la mitad del proceso, los primeros pasos me sirven para encontrar una dirección.

Entre las varias cosas que remarcan la unidad en 'Siete casas vacías' detecto una inseguridad paranoica de los protagonistas con el exterior, la casa es una protección que asimismo genera desconfianza para con lo cercano, como si fuera un miedo inculcado por la sociedad hacia esos temores absurdos.

Lo siento tal cual lo dices. Nos limitan mediante la educación y la formación, repletas de temores, limitaciones y miedos transferidos.

'Siete casas vacías' está repleto de ellos, pero quizá el caso más notorio es el del segundo cuento, 'Mis padres y mis hijos', por la implicación de los niños. Si desaparecen, pese a que están con sus abuelos, pensamos que les ha pasado algo malo.

El personaje se pregunta si es malo que los hijos jueguen con sus abuelos. Él sabe que está bien, pero su mujer con su nueva pareja desconfía.

La otra vertiente de todo esto es el malestar mental. ¿Por qué te fascina tanto este punto de la condición humana? Forma parte de tu búsqueda.

Me gusta jugar con el lector mientras leo. Perdón. Jugar me parece un adjetivo muy negativo para un texto literario. Me ponga que el lector ponga su parte, y que esta no se arbitraria y elegida al azar, me gusta controlarla. Juego con los prejuicios del lector, un lugar común, como nuestros miedos y malos pensamientos. En el cuento que mencionabas o en 'Lola', y hasta en 'Un hombre sin suerte', su lectura expele negrura pese a ser luminosos, y esta vertiente negativa surge de la visión del lector.

Cuando algo amenaza lo políticamente correcto se genera algo clave: el momento de tensión narrativa, donde tú marcas una encrucijada en el texto, un punto de ruptura.

Para mi la tensión es fundamental en un texto, la necesito desde los primeros pasos, también como lectora. Chejov escribía hasta que de pronto algo pasaba, ahí es cuando empieza el cuento, y creo eso, que una historia empieza cuando surge algo insólito. Me genera confusión cuando dicen que mi literatura se basa en lo insólito. ¿Y si no es de eso de qué va a tratar?

Es lo insólito sí, pero las situaciones que reflejas son cotidianas. Lo que expones está en la sociedad, es palpable.

Y ahí surge el convenio social sobre lo que es normal y lo que no lo es. Es un promedio que no habla de ninguno de nosotros, más bien de un punto medio donde no hay nadie.

En mi caso concreto no creo que me ocurra lo de la madre y la hija que van a mirar casas en el cuento 'Nada de todo esto'.

Pero te habrán pasado otras.

Sin duda, la sociedad está repleta de rarezas.

Así es. Somos eso, una suma de rarezas.

La normalidad de la normalidad.

Un horror.

¿Te surge el relato de repente o lo piensas muchos antes de escribirlo?

Ambas cosas. Antes de sentarme a escribir necesito saber la emoción final a la que quiero llegar. Sin ella puedo hacer ejercicios, tomar notas, pero no puede sentarme a escribir porque esa emoción es el germen que me da pistas para todo. La emoción crea una preocupación, una angustia que ocupa mucho lugar y me vuelve receptiva en la vida ordinaria para llenar ese hueco en exclusiva. Me vuelvo receptiva hacia eso y todo en mi vida se vuelve material plausible de ser escrito en esa dirección y sensación. Pero eso no significa que cuando me siento a escribir sepa que va a salir, lo argumental no es clave, prefiero la sensación, el peso, ese descubrimiento.

Y a partir de ahí catalizas todo.

Sí.

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