FIB 2016
A true story. Periodismo y ficción

A true story. Periodismo y ficción

Publicado el 22.10.15
por Julio C. Santamaría

¡Atención, spoiler! Esta advertencia, con anglicismo incluido -y que en el español más castizo tendría su equivalente: “te vamos a destripar la historia”- empieza a aparecer con excesiva frecuencia en críticas, reseñas y artículos, especialmente en aquellos que versan sobre las series de televisión. En esta supuesta edad dorada de las series, anticipar un final, desvelar una muerte o incluso adelantar el retorno de un personaje, le puede acarrear a alguien el ostracismo social.

El suspense, la formulación de hipótesis y la confirmación o no de nuestros vaticinios, son una parte esencial del éxito y de la valoración que hacemos de numerosas obras narrativas, ya sea en cine, televisión o literatura.

Es verdad que en un buen puñado de  ocasiones, el juego narrativo conlleva que el principio de una historia coincida con el final, baste recordar el inicio de dos maravillosas películas como 'El crepúsculo de los dioses' o 'American Beauty'. No obstante, esto no deja de ser un recurso más para captar nuestra atención, nos falta saber el cómo hemos llegado a esto.

Sin embargo, hay un género en el que partimos del conocimiento, sino absoluto, casi completo de los hechos.  Un género que, a caballo entre el periodismo y la literatura, revolucionó allá por los años sesenta la manera de acercarnos a la realidad. El nuevo periodismo, también conocido como novela de no ficción,  fue más allá de la tradicional crónica periodística y acabo con el riguroso esquema de Lasswell, aquello del dónde, el qué, quién, cómo, cuándo y por qué. A partir de ahora también importaría el cómo te lo cuento.

Conocer al asesino desde la primera página

En 1993 Jean-Claude Romand asesinó a su mujer, a sus hijos y a sus padres e intentó, sin conseguirlo,  poner fin a su propia vida.  Durante años este falso médico francés, que abandonó la universidad en los primeros cursos, engañó a familiares y conocidos  haciéndoles creer que trabajaba para la  OMS en su sede de Suiza. Se construyó toda una confortable vida a base de préstamos, haciendo creer a sus donantes que el dinero iba destinado a inversiones que les procurarían grandes beneficios. Cuando la mentira se hizo insostenible, llego el dramático final.

Esto que acabamos de contar sería posiblemente el mayor de los spoiler si no fuese porque esta historia narrada por Emmanuel Carrère en su libro 'El adversario’ (2000) la conocemos desde la primera página. No hay nada de ficción en ella y todos los hechos son reales y toda Francia tenía conocimiento de lo sucedido.

Posiblemente 'El adversario' es uno de los ejemplos más logrados de esa novela de no ficción a la que nos referíamos antes. ¿Dónde está entonces el atractivo de narrar como novela una historia de todos conocida y cuyo final ya sabemos? Pues en que Carrère entró en contacto con Romand y gracias a sus numerosos encuentros y a la correspondencia mantenida, pudo explicar los pormenores de aquella y hacer un retrato lo más fidedigno posible de aquel a quien todos consideraban un monstruo.  La investigación periodística, se convierte en el esqueleto sobre el que construir la historia novelada. A la fascinación que ejercen los hechos reales,- véase sino la expectación que conllevan ciertos crímenes recientes en nuestro país- se une la literatura, que redondea, ensalza y nos presenta los hechos con un envoltorio de calidad.

Non-fiction novel

Es inevitable que a la mente nos venga a la mente La mítica 'A sangre fría' de Truman Capote, publicada en 1966, pero gestada durante más de seis años, y que siempre se  ha considerado  la primera obra del género. La obra de Capote, quien acuñó el término de Novela de no ficción, trataba igualmente de explicar y narrar la historia de  Richard Eugene (Dick) Hickock y Perry Edward Smith, una pareja de exconvictos que en 1959 asesinaron  a los cuatro miembros de la familia Clutter, en Holcomb, Kansas. La relación peliaguda de Capote con los asesinos causó polémica desde antes incluso de la publicación de la obra. 'A sangre fría' inauguraba para el mundo anglosajón un género, que en los años sucesivos se enriqueció con un buen puñado de obras.

La paternidad del nuevo periodismo Capote la comparte con otro referente de la literatura americana del XX, Tom Wolfe. Curiosamente Wolfe le atribuía a Gay Talese tal paternidad y pone como fecha de inicio un día de otoño de 1962 en el que apareció un artículo de Talese, en Esquire y titulado "Joe Louis: el Rey hecho Hombre de Edad Madura". En 'The Electric Kool-Aid Acid Test', titulada en castellano como 'Ponche de ácido lisérgico', Wolfe se unía a un peculiar grupo de hippies capitaneado por Ken Kesey, autor de 'Alguien voló sobre el nido del cuco',en un autobús conducido por el mítico beat  Neal Cassady, amigo y compañero de Kerouac y Ginsberg. Aquel viaje sirvió para realizar el más completo fresco del movimiento contracultural nacido en los 50 de la mano de los citados beats y que tuvo su continuación en el movimiento hippie.

Marcar ciertas fronteras entre ese no ficción y la novela tradicional es posible, pero no podemos aspirar a la exactitud en un terreno donde hace acto de presencia la literatura que ya tantas veces había jugad con hechos reales. El mismo Tom Wolfe teorizó durante años sobre el asunto y en 'El nuevo periodismo', (Anagrama) se recogen los escritos donde desgrana las características del género.

También hubo autores que rechazaron la equiparación de Nuevo Periodismo y Novela de No ficción.  Wolfe en su momento rebatió las posturas de Capote y Norman Mailer que defendían que sus obras no podían incluirse en el género periodístico y que eran novelas propiamente dichas. Lo hacían con la intención de no rebajar su valía. Para Wolfe, partiendo de que el método de recolección de la información era idéntico en la obra de Capote que en la de los articulistas que se adscribían al género, lo de menos era la extensión o el formato de presentación, sobre todo teniendo en cuenta que 'A sangre fría' se publico en cuatro entregas en The New Yorker, antes de aparecer en formato libro.

El antes mencionado Norman Mailer publica en 1968, 'Los ejércitos de la noche', donde narra las grandes marchas hacia Washington  en pro del fin de la Guerra del Vietnam.  Años más tarde también él se acercó al crimen. En 'La canción del verdugo' (1980) el protagonista es Gary Gilmore, un asesino que alcanzó gran notoriedad en 1977 por no querer apelar su condena a muerte. Una multiplicidad de voces rememoran el crimen, el juicio y la ejecución de Gilmore, a quien sin embargo Mailer no conoció en persona.

Otras obras importantes del género fueron 'M', de John Sack, 'Paper Lion', de George Plimpton o 'Los Ángeles del infierno': la extraña y terrible saga de la banda de los motociclistas proscritos, de Hunter Thompson, libros que alcanzaron un éxito tan rotundo como el de Capote con su 'In cold blood'.

Obviamente, el género está presente en la lengua castellana, incluso diríamos que en cierta manera el primer ejemplo está escrito en nuestro idioma. En 1957, Rodolfo Walsh, periodista y novelista argentino publicó, 'Operación Masacre'. Walsh investigó un contra golpe militar de raíz peronista contra la dictadura militar que sometía en aquellos el país austral. La autodenominada Revolución libertadora fracasó y cinco civiles acusados de formar parte de la conspiración fueron fusilados. Walsh, que tuvo conocimiento de la existencia de supervivientes, se puso en contacto con ellos. Con sus testimonios reconstruyó la masacre y, aunque los hechos quedaron impunes, el libro desmontó la versión oficial.

Mentiras

“Es injusto que le hayan dado el Pulitzer, pero también lo es que no le den el Nobel de literatura” Estas palabras de Gabriel García Márquez hacían referencia a la periodista Janet Cooke que en 1980 publicó en The Washington Post un artículo titulado Jimmy’s World.  Jimmy era un niño de ocho años adicto a la heroína desde los seis. Ron, compañero de su madre, también toxicómana, le había inducido al consumo y elhogar de Jimmy era un ir y venir de personas a las que Ron facilitaba mercancía. Como colofón del artículo, Jimmy recibiendo su necesaria dosis de manos de su padrastro.

El artículo fue premiado en 1981 con el Pulitzer en la categoría de reportaje y causo tanto impacto que miembros del cuerpo de policía de Washington se interesaron por el paradero de Jimmy con la intención de salvarle de su particular infierno. Fue imposible localizarlo. Las dudas sobre la veracidad de la historia se dispararon. Al final, tras varios interrogatorios por parte de sus jefes, Cooke confesó, lo había inventado todo. Le fue retirado el Premio Pulitzer y fue despedida del Post.  

Un Nobel para el periodismo

Periodismo y literatura van de la mano en numerosas ocasiones, y los caminos del nuevo periodismo o de la no ficción literaria se han ido ensanchando. Los límites de la crónica periodística son elásticos y, si bien no podemos hablar de obras literarias propiamente dichas, muchas de las piezas que en los últimos años nos llegaban de los lugares en conflicto, bebían de precedentes como los presentados anteriormente.

Hace pocos días la Academia sueca reconocía con el premio Nobel de Literatura a Svetlana Aleksievich, periodista bielorrusa que a través de sus crónicas y ensayos periodísticos ha narrado el colapso del comunismo y tragedias como la de Chernóbil.  Por primera vez el Nobel premia el periodismo. Obras como las del polaco Ryszard Kapuscinski también lo hubiesen merecido.

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