Los Evangelistas

Los Evangelistas

El Ejército Rojo / Octubre / Sony Music, 2012
8.5
Publicado el 20.02.12

Duende y misterio del rock

De todos es conocido el decisivo influjo que Enrique Morente (1942-2010) ha tenido en las trayectorias de Los Planetas y Lagartija Nick. Con los segundos grabó el histórico ‘Omega’ (1996), y en los primeros propició su evolución hacia la psicodelia jonda de ‘La leyenda del espacio’ (2007) y ‘Una ópera egipcia’ (2010), ayudando a perfeccionar ese mito de la conexión telúrica en el arte granadino, la misma que les uniría con Federico García Lorca y José Val del Omar. Ya nunca podremos saber cómo habría sonado el álbum que J, Antonio Arias, Florent y Eric pretendían grabar con Morente como vocalista, y la sola idea de que eso ya no pueda existir causa un dolor todavía más inmenso que la inesperada pérdida del cantaor. Los Evangelistas nacieron como una respuesta a ese dolor, un humilde homenaje a su amigo y maestro, cuya mayor rémora y dificultad es, precisamente, lidiar con su ausencia.

Reconozco que, la primera vez que oí hablar del proyecto, mostré un alto escepticismo: ¿cómo podían caer en el atrevimiento de versionar el repertorio de Morente sin el cante de Morente? Aún considerándome fan de las voces de J y Antonio Arias, jamás podrían estar a la altura. Y ellos, claro, lo saben. Por eso, desde el respeto, la idea tendría que acercarse mucho más a ‘La leyenda del espacio’ que a ‘Omega’ y, de hecho, la mayoría de los temas interpretados por J muestran cierto acomodamiento -nunca exento de emoción y entrega, ojo- en ese estilo, en especial ‘Decadencia’ y ‘Amante’, muy fácilmente alineables junto a ‘Yo no me asomo a la reja’ y ‘Señora de las alturas’.

El concepto, como Arias ha definido, era crear una especie de “misa sónica”. Por eso el tono que predomina es de una solemnidad desgarrada, una liturgia casi funeral que remite tanto a la mística flamenca como a la imaginería de Semana Santa y al rock gótico. Y aquí la presencia como mezclador de Martin ‘Youth’ Glover (ex Killing Joke, y que ha trabajado para Siouxsie & The Banshees y Depeche Mode, entre su vasto curriculum) contribuye a que todo encaje en el magma. La banda, de hecho, suena en estado de gracia, compenetrada, potentísima y apabullante. Y, por supuesto, hay que añadir la poesía: además de la tradición flamenca filtrada por Morente nos encontramos textos de Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Manuel Machado, cuyos versos en ‘Yo poeta decadente’ son de lo más abrumador del álbum.

No parece haber nada casual en el recorrido. Arranca con la religiosidad más visible de ‘Gloria’ (original del álbum de Morente ‘Misa flamenca’) y va discurriendo con sonidos lentos y oscuros en los pasos iniciales. Los primeros cambios en las dinámicas son establecidos en ‘En un sueño viniste’ y ‘Encima de las corrientes’, dos visitas al álbum ‘Cruz y luna’ que estallan con otros aromas. Llegamos a la parte central, y ahí entran las sorpresas más demoledoras: primero con la aplastante contribución de Carmen Linares en ‘Delante de mi madre’, a la altura de los mejores momentos de ‘Omega’; después con el concurso de Soleá Morente en ‘Yo poeta decadente’ y ‘La estrella’ (en cuyo quejío parece buscar a su padre en el mismo lugar en el que él cantaba ‘Tendrá que haber un camino’, la elegía de Los Planetas por Sideral, y al tiempo coger de la mano a su hermana Estrella). ‘El loco’ y ‘Amante’ son los momentos más flojos, pero en realidad operan como un alivio de la tensión después de la altísima intensidad emocional alcanzada, antes de rematar con las hermosas ‘Alegrías de Enrique’ y ‘Donde pones el alma’, momentos más luminosos que ponen de manifiesto que, a lo largo del trayecto, la música ha ido canalizando el dolor hacia la purificación, hacia la catarsis.

Podría haber sido mejor, podrían haber buscado lo sublime, pero no creo que estuviese en el ánimo de los cuatro Evangelistas crear una obra de arte definitiva cuando la materia prima de la que partían era tan poderosa y, hasta cierto punto, intocable. En realidad, su función la han cumplido maravillosamente: un homenaje personal y sentido y, sobre todo, una invitación a los oyentes para que ahora buceemos en el legado que Enrique Morente ha dejado a la historia de la humanidad.

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Los PLanetas, Enrique Morente, Lagartija Nick, Omega

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