Hidrogenesse

Hidrogenesse

Austrohúngaro, 2012
8.5
Publicado el 16.05.12

El hombre, la máquina y Alan Turing

No es la primera vez que alguien dedica un disco al insigne matemático e informático inglés Alan Turing (1912-1954). En 2006 lo hizo Matmos con su EP ‘For Alan Turing’, pero Carlos Ballesteros y Genís Segarra han ido más lejos con un álbum completo en torno a su vida y pensamiento –en ambos casos, interesantísimos- pensado como si se tratase de un musical synth-pop en el que la emoción, la reflexión, el entretenimiento y la pulsión vanguardista van de la mano, un trabajo exclusivamente apoyado en el uso de sintetizadores y secuenciadores y donde el argumento general se impone a la búsqueda del hit (no hay aquí un ‘Disfraz de tigre’ ni un ‘No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo’).

La historia arranca con la petición de perdón de Gordon Brown por el trato del gobierno británico al matemático, quien en 1952 fue condenado y sometido a la castración química por su homosexualidad y dos años después terminó suicidándose mordiendo una manzana envenenada. El dúo lo plasma con una notable belleza poética al observar la atmósfera de cuento idealista y trágico que tiño su biografía (“Esta canción es un beso para despertar a Alan Turing”) y un sonido sintético con ecos de Kraftwerk que se mantendrá en todo el disco.

En ‘Christopher’ hablan sobre la muerte siendo un adolescente de su mejor amigo, y que a él le inspiró sus primeras ideas sobre inteligencia artificial, algo que Hidrogenesse traduce haciendo reaparecer al joven fallecido con una voz robotizada que dice: “Alan, no llores, no sufras, estoy aquí/ Sigo existiendo en tu creación”.

‘Love Letters’ rememora el proyecto de software que Turing ideó para que una computadora leyera cartas de amor y, al tiempo, incluye un oportuno homenaje a ‘Computer Love” de (de nuevo) Kraftwerk, mientras que la un tanto más alocada ‘CAPTCHA Cha-Cha’ reflexiona sobre sus ideas en torno al hombre y el robot de un modo que también recuerda a alguna de las canciones de Parade. Momento culminante es ‘Enigma’, donde afloran algunos de los rasgos más contradictorios y extremos de la vida del homenajeado: el servicio heroico a su país al descifrar los códigos nazis durante la Segunda Guerra Mundial y el tener que mantener su vida privada en la sombra al ser considerada delictiva por los códigos legislativos británicos de la época. “A la pregunta de un policía Turing responde: ‘Yo me acuesto con hombres’ y ‘creo que las máquinas piensan’”, narra Ballesteros a mitad de la canción.

La recuperación de un tema antiguo, ‘Un mystique determinado’ parece adecuada para reencauzarse en este disco y marca la transición perfecta hasta el magnífico final marcado por ‘Historia del mundo contada por las computadoras’, canción narrativa de 6 minutos que, tras su condición aparentemente divulgativa, encierra los momentos más poéticos y una melancólica desazón existencial. En ella, un árbol de navidad dibuja la silueta de la bomba atómica y, al final, rematan de una forma abruptamente nihilista: “Os llevaremos hacia la nada/ donde las líneas paralelas se encuentran/ donde las cosas no son falsas ni ciertas/ Juntos de la mano/ hacia la nada”.


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Kraftwerk, Alan Turing

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