El extraño caso de Angélica

El extraño caso de Angélica

Con Pilar López de Ayala, Ricardo Trêpa...
9.0
Publicado el 01.07.11

Paseo por el amor y la muerte

La última película del veterano Manoel de Oliveira es un hermoso relato romántico de fantasmas que se articula a partir de dos conceptos clave en su cine: el anacronismo y el encuadre. 

La idea de cuadro es fundamental en esta historia de amour fou que podría formar un díptico perfecto con "Singularidades de una chica rubia". En ambos filmes, un hombre joven sucumbe ante el hechizo no de una mujer sino de la imagen enmarcada de una mujer. Si en "Singularidades" la chica rubia del título aparecía confinada entre los cuatro vértices del marco de su ventana, en el filme que nos ocupa Angélica es una hermosa joven recientemente fallecida que revive misteriosamente en el encuadre del fotógrafo protagonista. Como en "Laura" (Preminger, 1944) o "La mujer del cuadro"(Lang, 1944), la admiración masculina por la imagen estática de una mujer se torna obsesión cuando ésta se convierte en imagen en movimiento. Oliveira habla así de la capacidad del cine como generador de fantasmas: tras ser fotografiada/filmada, Angélica vuelve a la vida, pero como espectro, como sombra.

“Me interesan las cosas que están hechas a la antigua”. Esta frase, pronunciada por Isaac, un fotógrafo que aún utiliza una cámara analógica, podría ser el manifiesto de un cineasta que comenzó en el cine mudo y cuyas imágenes destilan, hoy en día, un anacronismo intencionado. No es extraño, por tanto, que las maravillosas secuencias oníricas en las que Isaac y Angélica sobrevuelan, abrazados, campos y ríos, hayan prescindido de “efectos especiales a lo Hollywood” y sean una celebración de la magia del cine primitivo. Un cine artesanal hecho de transparencias y superposiciones, de los mismos trucos que utilizó Méliès en otra perla del cine fantástico, "Barbe Bleue" (1901), o, más adelante, Hathaway en la deliciosa "Sueño de amor eterno"(1935), con la que "Angélica" guarda ciertas semejanzas. 

Cabe la posibilidad, sin embargo, de que esta poética historia de amor a caballo entre dos mundos - el sueño y la vigilia, la vida y la muerte - sea tan sólo una excusa para que Oliveira filme, a sus 103 años, aquello que le sigue apasionando: la sonrisa de una chica, unos cavadores trabajando en los viñedos o el reflejo del sol sobre el Duero.

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Jesús Gómez
NOTA 2,0
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0
Fui a ver esta pelíula siendo un completo analfabeto en el cine de Oliveira pero con la idea preconcebida de que se trataba de uno de ...
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