Ejército enemigo

Ejército enemigo

Mondadori, 2012. 288 páginas
7.5
Publicado el 08.03.12

Solidaridad vs. acción

Cualquiera de las polémicas opiniones que Alberto Olmos suele desplegar en sus blogs (críticas hirientes a escritores normalmente elogiados, bofetadas a diestro y siniestro a los ídolos de su generación…) son juego de niños si se comparan con la lúcida visión pesimista que ofrece sobre nuestros días de quinceseme y ONG en ‘Ejército enemigo’ (Mondadori).

La tesis de Olmos parte de una idea que se repite como un mantra: “La solidaridad ha fracasado”. Dos fuerzas parecen dominar nuestros actos: publicidad e Internet. Mientras la primera configura nuestras acciones en su incansable intento de lograr algo más de nosotros, la segunda nos robó la intimidad sin darnos cuenta. En medio de este caos surge la solidaridad, para intentar dar sentido a tanto vacío. Hasta aquí, probablemente estemos todos de acuerdo, a un lado y otro de la línea de protesta. El paso más allá que da Olmos con su narrador es la idea del compromiso como autoengaño. No solo se trataría de un consuelo bobo totalmente inserto en la rueda capitalista (“Unos compraban zapatillas deportivas y otros compraban compromiso social”), sino de un factor paralizante en la sociedad, ya que proporciona una esperanza que al comprometido le hace “quedarse tranquilo”, por un rato al menos… Solidaridad versus acción. Bingo.

Llegados a este punto puede que pienses que ‘Ejército enemigo’ es un ensayo. Claro que no. Aunque es cierto que las ideas que sirven de andamiaje al libro tienen más fuerza que la propia historia (la investigación voyeur y enfermiza de un joven publicista sobre la repentina muerte de su amigo), Olmos consigue crear un narrador con voz propia que, con pasmosa facilidad, se dibuja en nuestra cabeza.

Eso sí, no esperes una prosa cuidada ni voluntad de estilo. Alberto Olmos parece tener urgencia por contar su historia y vomitar esa visión ácida y políticamente incorrecta de nuestros días. Claro está que es totalmente válida la opción de huir del estilo marcado a favor de la propia historia, pero no puedo dejar de echar de menos algo más de juego estilístico, un mayor trabajo en la palabra. Puede que, como a los protagonistas de ‘Ejército enemigo’ les salva (o al menos eso creen) la solidaridad, una novela se salve de la quema por una buena historia, la visión única de su autor y el estilo (o al menos eso creemos).

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15-M, Alberto Olmos

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