FIB 2016
Charles Burns,Cráneo de azúcar

Cráneo de azúcar

Ed. Reservoir Books, Trad. Carlos Mayor
7.8
Publicado el 13.05.15

Y flequillos de culpa

Charles Burns y David Lynch comparten algo ... explicados pierden. Burns ha construido a través de tres títulos, ‘Tóxico’, ‘La colmena’ y ‘Cráneo de Azúcar’ un viaje en el que podríamos pretender saber algo más al terminar que al empezar, pero seguramente sólo estaríamos dando por sentadas demasiadas cosas. 

Los niveles de realidad de Charles Burns no funcionan en la misma estructura jerárquica que lo hacen habitualmente, con proyecciones que son sueños o recuerdos o psicopatías desenfrenadas. En este universo nadie puede asegurarnos que la cotidianidad no sea una trampa más, un recodo paranoico que juega a disfrazarse de real. No hay sueños, lo que hay es un hilo de pesadilla del que tirar para recordar traumas de adolescencia y al rato asimilar que esa adolescencia que tanto nos dolía no ha pasado aún, que somos un dibujo de cómic intentando ser persona. Por momentos, en ‘Cráneo de azucar’, Charles Burns parece sobreexplicarse a sí mismo y en el intento su universo se desmorona. Sin embargo, pronto comprendemos que la aspiración del sentido es sólo una esperanza más con la que el autor de ‘Agujero negro’ juega. Al final lo único cierto es un interfono que suena, sin revelar quién estará al otro lado, sin contarnos si hablaremos con un ser de tres tetas o cono una novia adicta al sadomaso.

La ‘performance’ artística de Charles Burns tiene casi siempre aires circenses con trasfondo nihilista. Todo es remordimiento, todo es culpa. El protagonista de esta trilogía es como un compendio de la culpa humana, como un mimo que juguetea interpretando sentimientos que no siempre son suyos, sino de su entorno. Esa culpa humana crece desde el vértice exacto en que nuestra adolescencia se cruza con el ánimo de lo perdurable. Y en ese nexo, los cómics de Charles Burns no aportan ninguna solución, sino que disfrutan de su propia condición de irrealidad, manchándose las manos de una mezcla de tinta, sangre y punk. Como si Tintín fuera un mortífago, como si la culpa pudiera hacer crecer flequillos.

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28.04.15
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