FIB 2016
Chapuzas de amor

Chapuzas de amor

Ed. La Cúpula
8.5
Publicado el 18.05.15

Las criaturas de Jaime Hernández no siguen un plan maestro. Deambulando por espacios suburbiales, nunca tienen muy claro hacia donde se dirigen y casi siempre viven condicionadas por el pasado del que vienen. O dicho de otra manera, las criaturas de Jaime Hernández son seres humanos enfrascados en duetos más o menos afortunados con sus desgracias e ilusiones cotidianas. O dicho de otra manera, las criaturas de Jaime Hernández somos tú y yo y por eso nos resulta tan fácil emocionarnos o deprimirnos con sus aventuras.

En ‘Chapuzas de amor’ la infancia y la adolescencia son ecos capaces de tejer por igual nostalgias y traumas. Maggie (aka La Perla, aka Margarita Chascarrillo) se debate entre los caprichos, el amor y la realización sabiendo que su facilidad para arreglar coches, que de pequeña le llevo incluso a salir en la prensa local, no se aplica a los mecanismos de sus encuentros y desencuentros con los hombres. La protagonista de ‘Locas’ cobra aquí una nueva dimensión y sus extremos de infancia y madurez la dotan de nuevos brillos. Jaime Hernández nos ofrece, como siempre, la posibilidad de ser también co-autores de esta historia, dibujando sólo lo justo para que en los espacios en blanco construyamos por nuestra cuenta y riesgo las motivaciones de este universo en el que la adolescencia y la madurez viven conectadas por hilos invisibles.

Jaime Hernández, como le ocurre a la mayoría de grandes autores, lleva toda su carrera dando vueltas y más vueltas sobre la misma historia, rodeándola y atacándola desde diferentes ángulos para extraerle toda la verdad que lleva dentro. En ese sentido, las últimas páginas de ‘Chapuzas de amor’ son la guinda a un pastel construido en ‘Love & Rockets’ a lo largo de los años, hecho de luminoso melodrama cotidiano.

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