FIB 2016
Art Spiegelman,Sin la sombra de las torres

Lost & Found: Sin la sombra de las torres

Publicado el 06.04.15
por David G. Natal
@DavidGNatal

Lo explica en su introducción el propio Art Spiegelman. “Había pasado la mayor parte de la década previa al cambio de milenio tratando de no dibujar cómics, pero desde algún momento de 2002 hasta septiembre de 2003 me dediqué a lo que acabaría siendo una serie de diez páginas de gran formato sobre el 11-S y sus repercusiones”. El autor de ‘Maus’ ya había experimentado con la aportación de sentido que pueden implicar  los grandes formatos en ‘Breakdowns’, pero en ‘Sin la sombra de las torres’, el gigantismo de la página cobra un nuevo sentido, como si cada una de ellas fuera en sí misma (a veces de manera literal) una representación rellena de ironía de aquellas torres.

 

La aproximación de Spiegelman al impacto que supuso el 11 de septiembre viene acentuada por la experiencia personal, ya que, como algunas viñetas destacan, su propia hija se encontraban en clase cerca de la Zona Cero cuando el ataque se produjo. En ‘Sin la sombra de las torres’ tiene poco espacio la crítica a los culpables, de la que ya se han ocupado otros, y mucho más la capacidad de esta experiencia para generar una sensación de pérdida. El propio Spiegelman se siente  falto de contexto en el que situarse, pero al mismo tiempo sus lazos con la ciudad de Nueva York se acentúan. Sin embargo, pronto en las páginas empieza a cobrar fuerza otro sentimiento, el de la indignación por la utilización de la tragedia para fines geoestratégicos por parte del gobierno de George Bush. La ironía de Spiegelman se mantiene intacta a pesar de la falta de un periodo temporal suficiente que aporte perspectiva y se manifiesta en una tendencia al collage en la que, como también ocurría en ‘Breakdowns’, conviven estilos, tonos  e intenciones, a veces opuestos.

Spiegelman recurre en sus páginas a su propia bibliografía como recurso paródico, pero también a la de otros, en concreto a los pioneros del cómic americano, que terminan adueñándose de la obra. Como reconoce el autor, “los únicos productos culturales que lograban superar mis defensas para inundarme los ojos y la mente de algo que no fueran imágenes de torres en llamas eran las tiras cómicas antiguas”. Así, ‘El pequeño Nemo’ o ‘Educando a Papá’ sirven de contrapunto significativo a una obra a la que su conceptualidad resta algunos puntos, pero que está contaminada por la genialidad de un creador en el que siempre conviven la relectura crítica de la historia con un inspirado sarcasmo, mucho más humanista que destructor. 


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