Chris Ware: Las aventuras del mejor dibujante del mundo

Chris Ware: Las aventuras del mejor dibujante del mundo

Publicado el 26.11.12
por César Estabiel
@estabiel

Para entrar en el asombroso mundo de Chris Ware (Omaha, Nebraska, 1967) se necesitan dos ojos sin dioptrías y días y noches sin interrupciones. Cinco minutos por página parece sensata dedicación. También se requiere algo más de liquidez que la que se destina a otros historietistas aún vivos. Lo digo por su última obra. Porque “Building Stories” (Pantheon Books, 2012), como alguien apuntó, no es tanto un comic como una biblioteca. Ahora habrá que ver si existe editorial que invierta una fuerte suma para lanzar edición en castellano.

 

CHRIS WARE LLEGA A ESPAÑA

 

“Jimmy Corrigan: el chico más listo del mundo” (2001; Planeta DeAgostini, 2004) hizo que muchos de los que no leían tebeos se interesaran por las historias con dibujos. El talento de Chris Ware se estrenaba en castellano. Dibujo minimalista, anarquía rítmica y, sobre todo, una contención gestual que presupone gran drama. La falta de empatía del personaje con lo que ve alrededor funciona en proporción inversa a la del lector con el artista (ojo, jamás se lo llamen). Le ocurrió al dibujante: vivió toda su vida con la ausencia de su padre. Por ello empezó a explicarse a través de Jimmy Corrigan, el niño con cara de viejo que idealiza lo que nunca tuvo. Hasta que un día sonó el teléfono… en la vida real y en el comic. Era su padre. Intercambiaron unas palabras. Semanas más tarde, el ausente fallecía de un ataque al corazón.

Chris Ware termina de perfilar el dibujo de Jimmy Corrigan mediante los datos autobiográficos que ofrece en las entrevistas. Nunca estuvo seguro de tener amigos. Unos días jugaban con él mientras otros le ignoraban. Un niño jamás pronuncia la palabra ‘cínico’ pero comprende su significado. A veces de manera tan clara que condiciona toda una obra futura. En la de Ware jamás encontrarán un resquicio de cinismo.

 


CHRIS WARE SE HACE ARQUITECTO

 

Cinco años tardó en completar las viñetas de Jimmy Corrigan (publicadas previamente en su colección Acme Novelty Library, de la cual tenemos en castellano una especie de resumen llamado “Catálogo de Novedades Acme”, Mondadori, 2009). Once le ha llevado “Building Stories”, voluminosa caja que encierra la historia de los inquilinos de un edificio de Chicago en catorce formatos diferentes. Hay panfletos, tiras mudas, cuadernos lujosamente impresos, ediciones en tabloide y hasta un pequeño biombo. La idea le ronda desde 1987, pero a Eclipse Comics entonces le pareció un descalabro hacer caso a un estudiante. Como resumen de intenciones, sirva la respuesta de su amigo Seth (autor de “George Sprott” o “Wimbledon Green”) cuando le preguntaron sobre lo primero que pensaba de su próximo cuaderno: “cómo quedará el lomo en la estantería”. 

Pero si Ware cuida la forma como solo las ediciones de lujo lo hacen, no hay que despreciar el fondo, trasladado esta vez desde su necesidad personal hasta la visión colectiva de un momento. A través de los habitantes de su casa de muñecas descubrimos cómo disponemos de tecnología punta mientras nos acercamos al umbral de la pobreza, cómo vamos a la compra si haber mirado antes lo que falta en la nevera, cómo elegimos el silencio como medio para evitar los conflictos, cómo evitamos hablar de lo político para ser aceptados en la comunidad o cómo asumimos las reglas de Facebook consintiendo la pérdida del control de nuestro propio pasado. De los recuerdos. Con precisión arquitectónica y el detalle dirigiendo la narración, Ware secuencia estos recuerdos sin orden ni concierto. Así funciona la memoria, discontinua y caprichosa. Es el no-guión de un trabajo que apuesta todo o nada por la supervivencia del objeto fabricado. No basta con que te lo cuenten. Ni tan siquiera es suficiente con verlo. Afinen el sentido del tacto, no ya el de la posesión.

 

CHRIS WARE EN LA ESCUELA

 

Un pequeño cuaderno destaca entre los catorce. No por su forma, sino por su tono. Las viñetas de la abeja Branford –otro inquilino más- desengrasan unas historias que se manejan con decisión sobre un alambre bajo el cual amenaza infructuosamente el melodrama de telefilme. Los trazos de la abeja conectan en línea directa con los de “Quimby The Mouse” (Fantagraphics, 2003) y esas viñetas inspiradas en Krazy Kat y las tiras cómicas de los años veinte. La relación está ahí: Chris Ware empezó dibujando ratones y cabezas de gato. Jimmy Corrigan fue su primer humano, ideado para aquellas tiras como un gesto simplemente cómico. Empezó con ellas en 1990. Tardó dos años en concluirlas. 

El ratón Quimby nació mientras estudiaba Bellas Artes en Texas. Sus primeros trabajos no escaparon al ojo de Art Spiegelman, aplaudido autor de “Maus” y editor entonces de la revista Raw. Oferta mediante, Ware llegó a publicar en los dos últimos números de la revista, justo antes de mudarse a Chicago –allí vive desde entonces- para sacarse un Master. No lo consiguió. Era incapaz de desarrollar una exposición oral con un discurso medianamente claro. Era incapaz de comunicar sus ideas con palabras.


  

OTRAS AVENTURAS DE CHRIS WARE

 

Aunque menos publicitada, no deberían perderse la historia de “Jordan Wellington Lint” (Drawn & Quarterly, 2010), cuya vida y milagros vienen recogidos en el número veinte –y último hasta la fecha- de la colección Acme Novelty Library. Quizás estemos ante el cuaderno suyo que mejor equilibra la innovación formal y la comunicación básica. El ideograma que utiliza para narrar el nacimiento y la muerte merece ovación sonada. Con semejante listón, solo queda imaginar hacia dónde se dirige. Para empezar, ya tenemos el nombre del protagonista de próximas aventuras. Al pelirrojo “Rusty Brown” le conocemos por las tiras publicadas en los números dieciséis y diecisiete de Acme Novelty Library. ¿Alguna novedad? Digamos que el propio dibujante se presta para un cameo. Por lo demás, no me atrevo ni a aventurar lo más mínimo.


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Chris Ware, Art Spiegelman, Seth

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