FIB 2016
Antonio Hitos

5 personajes: Antonio Hitos

Publicado el 19.11.14
por Numerocero

Jaime y Juan, los protagonistas de ‘Inercia’, enlazan un trabajo basura con otro, siempre que tangan la suerte de encontrar uno. Comen fast food porque es lo único que pueden permitirse, y salen adelante como pueden, dejándose llevar. En determinados momentos, el dibujo geométrico de Antonio Hitos pasa de la realidad gris que les rodea a unas visiones oníricas en la que los personajes trasciende su propia forma. Ganador del VII Premio de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic, aprovechamos la publicación de ‘Inercia’ para preguntarle a Hitos sobre sus personajes favoritos.

 

SCHROEDER

 

Peanuts’ fue probablemente la primera lectura en la que tomé conciencia de lo que los cómics eran capaces de hacer, y sigue siendo una fuente inagotable de satisfacciones y frustraciones ver el grado de sofisticación al que Schulz llevó la tira usando sólo unos pocos elementos esquemáticos. Su aparente sencillez hace muy fácil la identificación con los personajes, y aunque Charlie Brown ha sido siempre mi favorito, desde hace unos años me reconozco mucho en la obsesión enfermiza de Schroeder con su piano, que era la forma que Schulz tenía de gritarle al mundo (y a sus allegados más cercanos) que le dejaran en paz con su tira, porque no había nada en la vida que le importara tanto.

 

 

 

ADAM BOMB

 

 

Podría haber nombrado a casi cualquier otro miembro de los Garbage Pail Kids originales, pero Adam Bomb es de lejos el más icónico de la serie de cromos pintados por John Pound, porque era el que aparecía dibujado en los envoltorios. Este niño que sonríe mientras hace detonar su propia cabeza es el paradigma de la estética gamberra que me fascinaba de pequeño. Los monstruos deformados, los mocos y los granos estaban en las pegatinas de los chicles, en los juguetes y en los dibujos animados. La repugnancia era un valor al alza, y los Garbage Pail Kids, con sus personajes mutilados, enfermos y nauseabundos representaban lo mejor de lo mejor.

 

DIOS

Un clásico de este tipo de listas. Richard Dawkins lo sintetizó con toda elocuencia en su fantástico ensayo ‘El espejismo de Dios’:

“El Dios del Antiguo Testamento es posiblemente el personaje ma´s molesto de toda la ficcio´n: celoso y orgulloso de serlo; un mezquino, injusto e implacable monstruo; un ser vengativo, sediento de sangre y limpiador e´tnico; un miso´gino, homo´fobo, racista, infanticida, genocida, filicida, pestilente, megalo´mano, sadomasoquista; un mato´n caprichosamente male´volo.”

Cómo un relato tan banal sigue usándose incluso en nuestros días como argumento moral es un fenómeno que no deja nunca de fascinarme. La arbitrariedad con la que distintos autores le han ido otorgando al personaje nuevas características a lo largo de la historia lo han convertido en una suerte de pastiche abstracto que puede ser al mismo tiempo una cosa y la contraria, obligando a los creyentes a complicadísimas piruetas mentales que les permitan acomodar su cosmovisión a la realidad en la que viven: ¿es este ser todopoderoso y creador que te ayuda a encontrar trabajo el mismo que deja morir a miles de niños de malaria?

 

Michel Djerzinski

En cuanto terminé de leer Las partículas elementales, hipnotizado, me tiré de cabeza a todo lo que pude encontrar de Houellebecq. El francés tiene la muy admirable capacidad de molestar por igual a personas de ideologías opuestas, y eso es un talento al alcance sólo de unos pocos. Aunque en mayor o menor medida en todas sus obras impera un pesimismo incómodo imposible de sacudirse, el hastío del genio científico Michel Djerzinski hacia la naturaleza misma de la especie humana es particularmente desgarrador. Seguro que no es un síntoma saludable empatizar con la visión del personaje, pero la decadencia agresiva con la que Houllebecq describe las relaciones sociales hace que por momentos sea complicado evitarlo.


Cannibal Fuckface

 

Prison Pit’ me hace feliz, y no quiero que acabe nunca. La galería de extraterrestres embrutecidos que está desplegando Johnny Ryan es un pozo sin fondo de violencia gratuita, y mientras Cannibal Fuckface siga topándose en su camino con criaturas a las que sacarles las tripas, yo seguiré volviendo a sus páginas. Un apestado que fabrica una armadura en forma de monstruo gigante usando su propio semen, o un gusano que sustituye un brazo amputado y convierte las pajas en felaciones son conceptos de una sordidez tan inexcusable que hacen que me importe más bien poco si la historia finalmente llega a algún sitio o no.

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