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2014 en cómics (2)

2014 en cómics (2)

Publicado el 22.12.14
por Alberto García
@El_tio_berni

La semana pasada hablábamos de los cómics españoles de 2014 y ahora toca hacer el repaso de los extranjeros. Bajo mi punto de vista, 2014 no ha sido un año con muchos tebeos excelentes, con lo cual podríamos considerarlo un año malo… pero basta con ver los títulos concretos que sí han superado el corte para sentirse de nuevo animado. Vamos a ello.

Empezamos fuerte, ni más ni menos con nueva obra del ‘Galactus del cómic’, más conocido como Chris Ware, que este año veía publicado en España ‘Fabricar historias’ (Reservoir Books) una caja que es un primor, un vademécum de cómo contar historias y transmitir sensaciones a través de la conjunción de dibujos, palabras y colores y del propio formato físico el que estos se presentan al público. Porque ‘Fabricar historias’ es un compendio de objetos/cómics que dialogan con el lector a varios niveles: si el contenido del cómic abunda en la relación entre el espacio y la memoria, la propia fisicidad de los 14 objetos contenidos en la caja nos hablan sobre la percepción del arte. El propio Ware explica bastante mejor todos estos aspectos, así que quedémonos con sus palabras.

Otro autor que parece compartir algunas preocupaciones con Ware es Olivier Schrauwen, que en sus últimos trabajos, ‘Arsène Schrauwen‘ I y II (Fulgencio Pimentel), juega a las falsas memorias y a la creación de un lenguaje analítico propio donde la palabra y la imagen sean algo más que la suma de las partes. Es interesante resaltar que este autor, que ahora mismo está considerado como uno de los más importantes de la vanguardia, elije en ‘Arsène Schrauwen’ contar una historia de corte netamente clásico cuyas raíces se hunden en lo literario, concretamente en ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad y ‘Viaje al fin de la noche’ de Louis-Ferdinad Céline.

Aún más atrás que las referencias de Schrauwen van las de Eddie Campbell en ‘Baco 2‘ (Astiberri), ya que este se remonta a los mitos griegos, aunque en cierto modo los emparente, de forma indirecta, con el cómic de superhéroes, o lo que es lo mismo, la mitología moderna. Posiblemente a nadie se le ocurra situar a Campbell en la misma liga en la que juegan los dos dibujantes previamente mencionados, pero su influencia en el medio y su constante búsqueda de desarrollos narrativos novedosos lo convierten en una figura indispensable. Y la serie Baco, además de beneficiarse de la excelencia de Campbell como autor, es terriblemente divertida, con lo que miel sobre hojuelas.

La mitología, obviamente, no se limita a la antigua Grecia, y podemos considerar que existe en nuestra cultura una mitología del terror y lo monstruoso. Es precisamente esta colección de relatos sobre el lado oscuro lo que lleva impulsando la serie ‘Hellboy’ desde sus inicios, primero con Mike Mignola prácticamente en solitario y después con la colaboración de otros autores. En muchas ocasiones la serie ha caído en lo prosaico y lo poco inspirado, pero no hay más remedio que reconocer que en su última entrega, ‘Hellboy en el infierno. El descenso’ (Norma), Mignola no solo ha recuperado la inspiración, sino que se ha refinado como narrador de manera importante, al menos en un 60% del tomo en cuestión. El enlace que aporto conduce a una reseña algo tibia sobre el cómic, pero pronto podrán leer mis propias impresiones sobre el mismo –si así lo desean– en el tercer número de la revista Cuadernos de Cómic. Osamu Tezuka es un dibujante sobre el que siempre hay que volver, y de hecho en los últimos tiempos se están publicando muchos cómics suyos y muy buenos. Mi favorito de entre todos ellos –si descontamos ‘Fénix’, de la que habla un poco más adelante– ha sido ‘La canción de Apolo’ (ECC). Gira en torno a lo que giran todas las obras adultas de Tezuka, la condición humana y su capacidad para hacer el bien y el mal, siempre con un tono moralista que convierte en maniqueo el discurso pero no lo invalida. Por supuesto, a lo largo de las muchas páginas de este manga, Tezuka despliega esa magia única que lo ha convertido en uno de los pilares del cómic del siglo XX.

Pero uno de los eventos del año, por lo inesperado y por la enjundia del material, ha sido la edición –excelente– de ‘Cowboy Henk’ (Autsaider), de Kamagurka y Herr Seele. Esta serie pasa por ser uno de los clásicos indiscutibles del cómic europeo, con muchos años a sus espaldas, y curiosamente permanecía casi inédita por estos pagos. El humor surrealista y la calidad gráfica de esta pareja de autores belgas por fin se abre paso en nuestro país y nos demuestra que hay otras formas de reírse del mundo que nos rodea, formas cercanas a lo que podríamos llamar terrorismo en viñetas. Dejo por aquí una entrevista uno de sus autores, para que comprobéis que tras tanto aparente gag descerebrado, hay un discurso coherente. Y si hablamos de humor, no podemos olvidar otra de las sorpresas del año, ‘Hechizo total’ (Fulgencio Pimentel), de Simon Hanselmann. El joven dibujante australiano, a base de trabajo, ha conseguido plasmar con una aparentemente pasmosa facilidad el signo de los tiempos, en especial en lo tocante a la juventud. Sus personajes, amorales y abúlicos pero entrañables, han tomado finalmente cuerpo en este libro y pasan a ser parte del imaginario de nuestros tiempos, como lo fueron en su día los Freak Brothers. Como de costumbre, el hecho de tratarse de una serie de humor juega en su contra a la hora de las valoraciones de excelencia. Por fortuna, pero la pericia de Hanselmann a la hora de captar el lenguaje del momento y de desarrollar las situaciones con el ritmo adecuado son suficientes para convencer a cualquiera de su excelencia como historietista.

Alison Bechdel, la autora de ‘Fun Home’, ha vuelto a hacer acto de presencia en nuestro mercado a finales de año con ‘Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado‘, una antología de las páginas que publica en un periódicos dos veces al mes desde hace más de dos décadas y en la que vemos desarrollarse un culebrón protagonizado –principalmente– por lesbianas. Si ‘Fun Home’ me maravillo y después ‘¿Eres mi madre’ me decepcionó, esta nueva obra me reconcilia con una autora que sí, peca por momentos de una militancia un tanto cargante, pero también se muestra delicada a la hora de definir a sus personajes y hacerlos reaccionar no solo ante sus interlocutores, sino también ante en clima político que se respira en cada momento. ‘Lo indispensable de unas lesbianas de cuidado’ es un cómic importante porque da voz a un colectivo generalmente silenciado, pero también porque es espejo de la sociedad americana de las últimas décadas. Otro autor que en ocasiones nos da una de cal y otra arena es Joann Sfar, pero en ‘L’Amour (El amor sin amor)‘ (Fulgencio Pimentel) nos ha tocado el Sfar bueno. Sus habituales disquisiciones sobre el amor, el sexo, lo divino y lo humano se desarrollan en este tomo –continuación de ‘Vampir’ y conclusión de la serie– de la mejor manera posible, es decir, con ligereza en los diálogos, por prolijos que estos sean, y con mucho sentido del humor. Y si Sfar es uno de los autores fundamentales en lo que a cómic europeo moderno se refiere, Beto Hernandez lo es en lo referido a su país, los Estados Unidos. El dibujante de origen hispano llevaba un tiempo dando tumbos artísticos a mi parecer poco afortunados, pero en ‘Tiempo de canicas’ consigue de nuevo convencer y emocionar como en sus mejores momentos. Este libro supone una especie de memoria de infancia llena de inocencia y de honestidad, algo que ya se echaba de menos en sus páginas. En el enlace encontraréis las palabras que le dediqué en esta misma web.

Hace ya tiempo que me descolgué del género superheroico, o al menos me descolgué del seguimiento mensual de las series de personajes emblemáticos para, en su lugar, decidir mis compras en base a algunos equipos creativos que me generan confianza y/o curiosidad. Curiosamente, los tebeos de superhéroes que me han interesado este año son todos originalmente publicaciones de Marvel, y por tanto están publicados en España por Panini. Más curiosamente aún, son los que el aficionado ‘de toda la vida’ ha empezado a denominar los ‘Marvel hipster’. Sin comentarios, especialmente porque Gerardo Vilches ya abordó este asunto en extensión y de forma muy inteligente en un artículo que puede servir de guía para cualquiera que esté interesado en leer buenos tebeos de superhéroes pero que al mismo tiempo no tenga ninguna intención de convertirse en un coleccionista hardcore. Por mi parte, sí que destacaré unos pocos títulos. En primer lugar, ‘Ojo de Halcón. Pequeños aciertos’, de Matt Fraction, David Aja, Francesco Francavilla y Javier Pulido, libro perteneciente a la serie de superhéroes más premiada de los últimos años, y con razón. Un superhéroe muy poco ‘súper’, diálogos afilados y preocupación por la puesta en escena y la planificación narrativa hacen que estas historias –que no suelen desarrollarse en largas e interminables sagas sino que comienzan y concluyen con cada veintena de páginas– se degusten como auténticas delicatessen.

Uno de los elementos que más reclamamos los no coleccionistas a los tebeos de superhéroes es algo tan sencillo la diversión, y afortunadamente todavía se hacen series divertidas, aunque casi siempre se cancelan al cabo de pocos números. FF. Desmadre familiar, de Matt Fraction, Mike Allred y Lee Allred sería un buen ejemplo, y otro tanto se puede decir de Hulka. ‘Ley y desorden’, de Charles Soule y Javier Pulido (aunque en esta última brilla más el trabajo gráfico que el argumental). Le doy un voto confianza –aún no lo he leído– a Estela Plateada. Nuevo amanecer, de Dan Slott y Mike Allred, y acabo recomendando un cómic que casi, casi, entra de lleno en el concepto de serie de superhéroes más clásica: Caballero Luna. De entre los muertos, de Warren Ellis y Declan Shalvey. Pero, como sucede con las series más ‘hipster’ (ejem), esta tampoco duró demasiado en el mercado norteamericano, truncando de manera precipitada un desarrollo más que interesante sobre el personaje y su trastorno de personalidad.

No entraré a detallar las muchas y variadas reediciones de material más o menos clásicos que se han publicado este año, aunque no puedo dejar de mencionar algunas de ellas. En el terreno de la tira de prensa hemos visto no una, sino dos ediciones del Little Nemo de Winsor McCay, una a cargo de Kraken y otra a cargo de Taschen. Recomiendo a los interesados que echen un ojo al interior de ambos libros antes de tomar su decisión. Aquellos con un espíritu archivista pueden acudir a Reino de Cordelia, que acaba de poner en el mercado ‘Juanito Diminuto’ de Wilhelm Busch (uno de los pioneros del cómic en europa) y ‘Baron Bean’, de George Herriman, autor de la archiconocida Krazy Kat. La antes mencionada Kraken continúa con la edición del ‘Popeye’ de E.C. Segar, una obra maestra indiscutible, como también lo es el ‘Snoopy y Carlitos’ de Charles Schulz que está editando Planeta. También en el terreno de la tira de prensa, aunque no se trata de una reedición, nos hemos encontrado con la agradable sorpresa de que Coco Books se ha lanzado a publicar los cómics de Mumin de la noruega Tove Jansson. Un auténtico prodigio de preciosismo gráfico, inocencia y fantasía que, a pesar del aire infantil, es perfectamente disfrutable por cualquier público.

Abandonando la tira de prensa, las cuatro reediciones que más me han llamado la atención pertenecen a cuatro tradiciones del cómic diferenciadas. Por un lado tenemos un cómic de superhéroes de origen británico, ‘Miracleman. El sueño de volar’ (Panini), de Alan Moore, Garry Leach y otros autores. Su edición ha sido todo un acontecimiento, ya que problemas con el copyright de la obra la ha mantenido en el limbo durante varias décadas. Aquí podemos encontrar una de las obras fundacionales de Moore, contemporánea de ‘La Cosa del Pantano’, y que contiene muchos de los elementos que después desarrollaría en ‘Watchmen’ y otros de sus cómics posteriores. Y sigan atentos a sus librerías, porque en los siguientes tomos la cosa mejora.

Continuamos en el ámbito anglófono pero saltamos el charco para comentar ‘¡Cadáver en el Imjim!’ (Norma), de Harvey Kurtzman y otros. En una época en la que no era demasiado habitual (los años cincuenta del pasado siglo), Kurtzman decidió tomarse los cómics en serio tanto en el plano argumental como en el artístico, entendiendo este último concepto más en su vertiente narrativa que ‘preciosista’, por así decirlo.  En este tomo se recogen una serie de excelentes historias de marcado carácter antibélico que tienen un hueco reservado en el podio a los grandes tebeos de la historia del medio. Volvemos a saltar de continente y llegamos hasta Asia, concretamente hasta Japón, donde Osamu Tezuka creó y publicó originalmente Fénix (Planeta), la mejor de sus obras en mi opinión. Fénix es una epopeya en diez volúmenes que recorre la historia de la humanidad, desde nuestro más remoto pasado hasta el futuro, explotando el concepto de la reencarnación y la eterna lucha entre el bien y el mal, encarnado en las propias pulsiones humanas. Todo el ideario del Rey del Manga está contenido y desarrollado en esta magnífica serie.

Y para terminar, regresamos a Europa para encontrarnos con ‘Las cosas de la vida’ (Fulgencio Pimentel), de Gérard Lauzier, un tomo integral que recoge todas las historias cortas de la serie. Si ustedes están preocupados (o al menos interesados) en el panorama político y social que nos rodea, este cómic les interesa, porque a pesar de que las historias más antiguas tienen ya a sus espaldas cerca de cuarenta años y se sitúan en Francia,  no podrían resultar más actuales y cercanas. La lucha de clases, la guerra de los sexos y otros temas candentes son tratados con ironía (casi diría con crueldad) y humor de una manera que ningún otro autor ha sabido. Lauzier reparte a derecha e izquierda (nunca mejor dicho), se queda a gusto, y nos deja a los lectores dándole vueltas a algunas cosas que creíamos tener claras. Y por el camino, nos reímos (o lo que es lo mismo, nos la mete con vaselina).

Espero que con ese último toque de lubricante haya entrado mejor el largo artículo. Piquen, piquen, que seguro que alguno(s) de estos cómics les va a interesar.

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