FIB 2016
2014 en cómics (1)

2014 en cómics (1)

Publicado el 19.12.14
por Alberto García
@El_tio_berni

Lo reconozco: soy muy partidario de las listas de lo mejor del año. Hoy en día vivimos casi más en el futuro, en el anuncio del próximo bombazo, que en el presente, y así no hay manera de que uno deguste las cosas con tranquilidad. Las listas nos permiten echar la vista atrás, hacer balance, recuperar obras que por el motivo que sea no han tenido todo el eco mediático que merecían. Aunque solo sea por eso, bienvenidas sean. Por supuesto, cabe la posibilidad (más bien diría la certeza) de que nunca vamos a suscribir al cien por cien una lista que no sea la nuestra propia (y a veces ni siquiera esa), pero qué diablos, ¡hay listas para dar y tomar! Esta que viene a continuación, sin orden de prioridades, es la mía propia y se refiere tan solo a cómics españoles. Los extranjeros, en una próxima entrega.

Comenzamos hablando de fútbol. ¿Por qué no? ¿No hemos desterrado ya la idea de que los aficionados al cómic son unos inadaptados que se disfrazan de forma estrafalaria cuando van a convenciones de lo suyo? ¿No están ya suficientemente integrados los tebeos en nuestro entramado social como para poder encontrar lectores entre los más diversos grupos humanos? Sí señor, hay aficionados al fútbol que son grandes lectores de tebeos. Es más, algunos de ellos son incluso autores de tebeos. Es el caso de Santiago García y Pablo Ríos, que, casi al tiempo que la selección española era eliminada del Mundial, lanzaban al mercado Fútbol. La novela gráfica (Astiberri). La coincidencia con el período estival y la debacle de nuestros futbolistas hizo que el título hiciera menos ruido del que debía haber hecho, porque se trata de un cómic extraordinario en el que el deporte se convierte en metáfora de la propia vida. Tras una apariencia sencilla –una serie de anécdotas reales e inventadas alrededor del mundo del balompié– se esconde una tesis sobre nuestro mundo y nuestra vida. Los futbolistas no son sino los nuevos dioses, el fútbol no es sino la nueva mitología, y todo aquello que lo rodea no hace sino reflejar nuestras pulsiones, miedos y aspiraciones como seres humanos y como sociedad. Fútbol. La novela gráfica, es un cómic que se empieza a leer con una sonrisa en los labios y se cierra con el ceño fruncido. Ninguna pregunta queda realmente respondida, pero quedan planteadas muchas preguntas que no se habían formulado antes, o al menos no de esa forma. Algunas de las claves para desentrañar la obra, en esta excelente entrevista. No es muy habitual que un mismo autor publique en un mismo año natural dos novelones gráficos de alto voltaje, pero a veces sucede. 

Es el caso de Santiago García, que además de escribir el guión para Fútbol. La novela gráfica, hizo lo propio con ‘Las Meninas’ (Astiberri), que dibujó Javier Olivares. El libro ponía el punto final a un proyecto largamente acariciado por el guionista y además servía al dibujante para quitarse la espina de una antigua colaboración truncada, ‘Beowulf’ (Astiberri, 2013), que acabó siendo dibujado por David Rubín. Así pues, García y Olivares ponían en Las Meninas toda la carne en el asador, y el resultado, ciertamente, está a la altura de las expectativas. De nuevo García utiliza un tema para hablar de otro (quizá una influencia de Eddie Campbell), y además lo hace a través de un acercamiento episódico y heterogéneo (tal vez influencia de Chris Ware). La vida de Velázquez y su cuadro Las Meninas son el atrezzo con el que los dos autores madrileños visten su reflexión sobre el arte y el artista, y no solo las repercusiones que el uno tiene en el otro, sino las que se proyectan hasta el público. Las Meninas es un juego de espejos, pero paradójicamente lo que menos importa aquí son la superficie que reflejada y la reflejada. Lo que importa en lo que hay detrás, al fondo de los ojos.

Precisamente un enorme y monstruoso ojo (rosa) es el que ilustra la cubierta de ‘Extraños’ (Sexto Piso), de Javier Sáez Castán, un cómic que gana enteros cuando se considera en su totalidad como artefacto. Ya antes de abrirlo encontramos varias pistas: un tamaño exagerado (monstruoso), un diseño de título que remeda el de la decana revista pulp Amazing Stories, y un ojo (rosa) que mira directamente al lector. Al abrirlo encontraremos tres historias independientes sobre monstruo, muy relacionadas tanto con el universo de Stan Lee y Jack Kirby previo su explosión superheroica como con el cine de serie B de los años 50, plagado de monstruos ridículos y extraterrestres. Y, para colmo, cada una de estas tres historias está presentada por Vincent Price. Javier Sáez Castán dibuja con el detalle con que se ilustraban las antiguas revistan pulp, y este libro, cuyo contenido puede pasar por simple divertimento (porque, además, es divertido y está lleno de humor), pasa a convertirse en algo más cuando se valoran conjuntamente las historias propiamente dichas y todos los detalle de diseño y producción del libro. Para mí, una de las sorpresas agradables del año, sin duda alguna.

2014 ha deparado también otras sorpresas, como por ejemplo la irrupción en el mercado por la puerta grande de ‘Inercia’, de Antonio Hitos. Sí, por la puerta grande, porque la obra se hizo con el Premio FNAC/Salamandra y ha sido publicada por –claro– Salamandra, la poderosa editorial literaria que está demostrando un excelente criterio a la hora de introducir su sello de cómic (Salamandra Graphic) en las librerías españolas. Siempre es un placer encontrarse con un debut de altura como es Inercia, pero el placer es aún mayor cuando uno termina de leer el libro y le asalta la certeza de que, aunque lo que acaba de leer no sea redondo en su totalidad (¿cuántas obras redondas lee uno al año? ¿Una? ¿Ninguna), el autor que lo firma está llamado a ser un gran nombre de la historieta española. Lo que más impresiona de Hitos es la posesión de una voz propia, algo muy poco habitual en un debut, y su seguridad. Inercia está plagado de momentos narrativamente arriesgados y el autor es también muy consciente de la estructura y el ritmo que quiere imprimir a su obra, todo ello con el objetivo de potenciar el tema central del libro: la abulia de la juventud del hoy y ahora y su falta de esperanza. Afortunadamente, Hitos no se limita a señalar con su dedo a la sociedad, sino que también hace responsables a los propios jóvenes de su propia situación. Inercia es una obra valiente y, aún no lo había dicho, maravillosamente dibujada. Crucemos los dedos para que el siempre titubeante mercado español del cómic permita a Hitos continuar ofreciéndonos sus páginas, porque pueden ser de traca.

Con Hitos nos hemos adentrado en el terreno de la experimentación gráfica, aunque probablemente ese no sea el mejor nombre para definir aquello a lo que me refiero, que vendrían a ser formas menos ortodoxas, menos canónicas, de entender el arte de narrar en viñetas. Sigamos pues por ese camino, porque siempre es motivo de regocijo encontrar a jóvenes creadores que se plantean crear sus propios tropos o amalgamar en un cómic distintas disciplinas. Es el caso de José Ja Ja Ja y su ‘Culto Charles’ (Fulgencio Pimentel), un libro que generó un pequeño revuelo en internet al ser considerado por algunos lectores (lectores de cómic, no necesariamente lectores de este tebeo en concreto) como un no-cómic. ¿Por qué? Básicamente, porque su autor no se limita a concatenar viñetas, sino que entiende la narración en un sentido más amplio en el que la unidad básica puede ser la página, en la que plasma a menudo situaciones simultáneas, como ya hiciera hace mucho tiempo el italiano Gianni de Luca o más recientemente Frank Miller. Y a ellos nadie les dijo que no hacían cómic. Culto Charles presenta varias peculiaridades: está editado en inglés, en edición firmada y numerada, la mayor parte del texto de la historia se encuentra en la propia cubierta, y los pliegos son intonsos, es decir, que no están guillotinados en imprenta y es el propio lector el de debe hacer el ejercicio de ir separándolos y descubriendo las páginas. Ja Ja Ja plantea varias historias con un denominador común, y es que sus protagonistas son adeptos de una secta que proclama que, en el intervalo comprendido entre la parada cardíaca y la muerte cerebral, los iniciados acceden a un estado superior de conciencia en el que pueden cumplir su máxima aspiración en la vida. O algo así, porque una de las bazas de Culto Charles es un multiplicidad de interpretaciones. En sus páginas se combinan el preciosismo del folk art, el detallismo obsesivo del outsider art y la limpieza y precisión de la mano de un arquitecto. A mí todo esto me suena muy bien, aunque yo trabajo en la editorial que ha publicado este libro, así que puede que no sea del todo parcial. Otro joven autor sorpresa del año es Roberto Massó. Quienes hemos venido siguiendo su fanzine Lucha a muerte o su extraordinaria compilación de objetos cotidianos Pulimento, nos preguntábamos cuando se publicaría alguna obra suya a través de los canales más habituales, y la respuesta ha llegado en forma de ‘Medieval Rangers’ (DeHavilland), una obra que tiene mucho que ver con Culto Charles, pero también con 'Pudridero' (Fulgencio Pimentel / Entrecomics Comics, 2012 y 2013), de Johnny Ryan. El bien, el mal, códices medievales, Power Rangers. alienígenas y demonios. Páginas a menudo sin solución de continuidad pero con toda una historia a sus espaldas que espera al lector para ser reconstruida.

Y hablando de reconstrucciones, espléndida la reconstrucción de la España más casposa que firma Pedro Vera en ‘Ranciofacts. “Efecitviwonder”’ (¡Caramba!), una serie que se publicó por entregas en El Jueves y que ahora se recopila en un tomo único. En este libro se recopilan todos esos lugares comunes que han dado lugar al fenómeno conocido como cuñadismo, esa oda al borreguismo orgulloso, a la estulticia popular disfrazada de sabiduría popular. Y, además, los dibujos de Vera son de mucha risa. Ranciofacts hace mucha gracia hasta que uno se encuentra a sí mismo en sus páginas, momento en el cual pasa a convertirse en un libro terapéutico que nos ayudará a intentar se mejores personas, un poquito menos rancios. Otro tebeo de mucha risa y que al mismo tiempo resulta escalofriante por lo que tiene de crónica de nuestro tiempo –llevada, eso sí, al absurdo– es Silvio José enamorado (Astiberri), la última entrega de la serie creada por Paco Alcázar. Escribí en numerocero sobre el anterior tomo, y todo lo que allí dije vale para la conclusión de esta serie que es, desde ya, unos de los hitos del cómic de humor en nuestro país.

2014 también ha estado marcado por el regreso a las viñetas de Juaco Vizuete, un dibujante que se prodiga poco pero que, cuando lo hace, merece toda nuestra atención. ‘Lo primero que me viene a la mente’ (Astiberri) es una memoria de infancia y adolescencia que sirve como reflejo de toda una generación en la que me incluyo, y quizá por eso mismo me ha resultado tan terriblemente cercano y veraz. El adjetivo “terriblemente” no es casual, porque en las páginas de Vizuete asistimos a una infancia desmitificada, que es lo mejor que se puede hacer con una infancia, porque es la única manera de llegar a entender lo que somos ahora. Ojalá que Vizuete publicase más tebeos, pero mientras siga dando en la diana cada vez que termina uno, tiene mi beneplácito para tomarse el tiempo que necesite entre obra y obra. Otro tanto podría decir de Luis Bustos, autor de ‘Versus’ (Entrecomics Comics) y cuya anterior novela gráfica, Endurance (reeditada este mismo mes), data de cinco años atrás. No es que Bustos haya estado mano sobre mano durante estos años, pero sí que es cierto que en ese tiempo no ha publicado una novela gráfica, que parece ser hoy en día una de las únicas maneras de estar en el candelero. Si Endurance ya era un tebeo como la copa de un pino (emocionante, absorbente, gráficamente estimulante), Versus demuestra que en un lustro un autor puede dar un importante salto cualitativo. En Versus, que es una adaptación libre del cuento de Jack London Por un bistec, no se aprecia un solo momento de duda por parte del autor. Su recreación de la historia de Tom King, un veterano boxeador en horas bajas que se enfrenta a la pelea definitiva de su vida frente a un joven aspirante, es tan sólida que hace daño. Bustos juega con la estructura del relato, creando un crescendo emocional, incluso visceral, en el que intercala momentos del pasado del boxeador que explican y enriquecen lo que sería el acto central del libro, el combate en sí. La imbricación entre los distintos momentos narrativos y su solución gráfica es tan medida y acertada que guión y dibujos son indivisibles, que es uno de los mejores halagos que se pueden hacer a un cómic. Podría (y debería) extenderme en halagos, pero da la casualidad de que soy uno de los editores y no parece que sea muy apropiado.

Una de las sorpresas del año ha llegado cuando este ya casi acababa y de la mano de dos veteranos como son Antonio Altarriba y Keko. La colaboración de ambos autores ha dado como resultado ‘Yo, asesino’ (Norma), que ya se ha hecho con el premio al mejor cómic del año en Francia concedido por la Asociación de Críticos de Cómic del país vecino. Yo, asesino parte ideológicamente de El asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas de Quincy, pero combina la boutade dialéctica del escritor con los entresijos del mundo de la investigación en la universidad española y, en menor medida, el nacionalismo en el País Vasco, temas con los que el guionista está sin duda familiarizado, dado que es catedrático de literatura francesa en la Universidad del País Vasco. Y es precisamente esa parte la que más he disfrutado, aunque todo el tema del asesinato artístico también me ha interesado, no en vano soy aficionado a la truculencia. Los autores crean un cómic muy clásico en su argumento y desarrollo pero que sin embargo no suena a “ya leído”. La reflexión (perdón por el uso de un término tan manido) de los autores sobre la justificación del asesinato, proponiendo distintos contextos para el mismo, es el eje sobre el que gira Yo, asesino, pero por suerte no se convierte en un subrayado constante.

Y cerramos este mínimo repaso sobre los cómics españoles del año con uno que no acaba de encajar en ningún sitio, porque es una antología e incluye a dibujantes de cinco continentes. En Terry (Fulgencio Pimentel) hay historias –ciñéndonos a los españoles– de Los Bravú, Nacho García, José Ja Ja Ja, Gonzalo Rueda, Rayco Pulido, Peter Jojaio y Ed, que es argentino de nacimiento pero perfectamente asimilado al panorama español. Sin la presión –y el trabajo ímprobo– que supone la realización de una novela gráfica, los autores aquí presentes han destilado lo mejor de sí mismos y se nota, especialmente (y que me perdone el resto) en el caso de García y Pulido, que firman lo que para mí son dos clásicos instantáneos, aunque la historia de este último sea tan solo el primer capítulo de lo que promete ser una larga y muy prometedora serie. Desde los tiempos de gloria de El Víbora no se publicada en nuestro país una revista (podemos tomar a Terry por tal, aunque su periodicidad sea anual) tan estimulante y con una concentración tan alta de calidad.

Echando la vista atrás, y a modo de conclusión, da la sensación de que lo mejor del cómic español de hoy en día está siguiendo tres cauces editoriales.

1) La editorial Astiberri, que cada vez apuesta más por autores nacionales, permitiéndoles crecer y aportando una importante exposición comercial.

2) Editoriales literarias como Salamandra y Sexto Piso, que no tienen miedo a publicar tebeos arriesgados.

3) Pequeñas editoriales con más entusiasmo que recursos, que bajo mi humilde opinión son el motor, si no de la industria, sí del arte de los cómics.

Eso, si hablamos de editoriales como tal, porque, y esto seguro que ya lo sospecha el lector de estas líneas, la auténtica vida, la fuerza y la osadía más deliciosamente descerebrada sigue estando en los fanzines, en esos objetos casi artesanales, a veces cuatro páginas mal impresas y grapadas, que no dejan de proliferar y que deberían estar más presentes en las mesas de los editores. Actualmente se celebran en España más y más encuentros de autoedición donde puede comprobarse la efervescencia de este “mercado paralelo”: MEA, Gutterfest, GRAF, Tenderete o Grapo Grapo son solo algunos de los más conocidos. Háganse un favor y, cuando terminen de leer esos tebeos de hoy que han comprado en tienda habitual, pásense por alguno de estos eventos y descubran los cómics del mañana.

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