FIB 2016
Viaje a Sils Maria

Viaje a Sils Maria

8.5
Publicado el 12.06.15

Reflejos infinitos

En la primera secuencia de la nueva película de Olivier Assayas, Valentine (Kirsten Stewart, que repetirá con el francés en “Personal Shopper”) tiene que darle una mala noticia a su jefa, María (Juliette Binoche) una famosa y respetada actriz con la que viaja en un tren con destino a Suiza. La manera cómo el director francés resuelve la situación (un simple gesto, que dice mucho ya de la relación entre ambas, y un posterior fundido a negro) es modélica, propia de un cineasta que sabe perfectamente lo que se trae entre manos. Más adelante, en otra escena, la del homenaje al mentor y amigo de María, vuelve a recurrir de nuevo al sobreentendido: justo cuando la actriz está a punto de leer su parlamento ante el público asistente, Assayas funde a negro, dando por hecho que ya sabemos todos lo que va a decir. Elegancia en la forma y el fondo.

Assayas plantea en “Viaje a Sils Maria” un sofisticado y múltiple juego de espejos. El primero, y más importante, es el que establecen María y Valentine con los dos personajes de la obra que llevó en su momento a la actriz al estrellato, hace 20 años, y que ahora retoma pero interpretando el papel opuesto, en un quiebro que la sitúa justo al otro lado del cristal; las escenas de los ensayos entre ambas son altamente poderosas y elevan la película a sus cotas máximas de magnetismo (sobretodo el primer cara a cara en la casa de la montaña, no por casualidad situado justo en el centro del metraje). Al baile de máscaras se añaden, por un lado, los que asumen las dos actrices, Binoche y Stewart, con sus respectivos personajes; y, por el otro, el que se plantea entre Binoche/Maria y Chloë Grace Moretz/Jo-Ann, la joven y atractiva actriz que asume ahora, en la nueva versión, el papel que hizo famosa a María en su momento.

Todos estos mecanismos que asientan la historia y la dotan de profundidad están trabajados con sabiduría, complejidad y sutileza, añadiendo a la ecuación un sorprendente y muy incisivo sentido del humor. Ahí está la escena en la que Stewart le cuenta a una Binoche ignorante de los trending topics que circulan por internet sobre el proceso de ruptura de Jo-Ann con otro actor de moda; ante la pequeña burla de María sobre los fans adolescentes que siguen a la pareja, Valentine/Stewart le suelta: “no te rías, hay millones de ellos, así que ten cuidado”.

De hecho, la ambigua y extraña relación entre ambas mujeres (digámoslo ya: están las dos magníficas) es el pilar en el que se sostiene la narración.¿Quién domina a quién? ¿Existe una atracción fatal de la madura por la más joven, exactamente igual que ocurre en la obra que están ensayando? En muchos momentos es la gran actriz la que depende de su ayudante, y el director francés lo muestra como si el espectador acabara de llegar, como un intruso, justo en un momento de la relación en el que la más joven ya se ha dado cuenta de las debilidades que atenazan a su “jefa” y del poder creciente que tiene sobre ella. Valentine admira a María, pero no duda en decirle constantemente lo que tiene y lo que no tiene que hacer, mientras ésta, titubeante e instalada en la comodidad de no tomar decisiones por si misma, se va hundiendo sin remedio en una crisis de proporciones crecientes, marcada por la edad, un divorcio y la siempre terrorífica perspectiva de la soledad.

Hay muchos otros temas de los que habla “Viaje a Sils Maria” en apenas dos horas: la fama y su fragilidad; la necesidad de verse reflejado en otro para tomar conciencia de quiénes somos; las luchas subterráneas que se libran en el mundo del cine; o incluso, más tangencialmente, del poder del paisaje (las nubes, las montañas) sobre los estados de ánimo de los seres humanos. Pero, por encima de todo, el asunto esencial de “Viaje a Sils Maria” no es otro que el paso del tiempo y sus consecuencias, cuestión transversal en la obra de Assayas y muy presente en sus mejores obras (“Finales de agosto principios de septiembre”, “L’eau froide”, “Clean” o “Las horas del verano”). Y, para terminar con los paralelismos entre cinta y filmografía, “Viaje a Sils Maria” conecta además de forma obvia con la que quizás sea la obra maestra de Assayas, “Irma Vep”, a través de otro tema recurrente: el cine dentro del cine. Un asunto al que el director francés –queda claro tanto en esta como en aquella– sabe sacar mucho partido. 

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