FIB 2016
Moonrise Kingdom

Moonrise Kingdom

Con Jared Gilman, Kata Hayward, Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray...
9.0
Publicado el 15.06.12

Un amor de juventud

Hay ciertas películas que parecen hechas a la medida de sus autores. Al ver Zodiac, no puedes evitar pensar que David Fincher buscó toda su vida un proyecto como ése; un filme que supone la culminación de su obra anterior, que le permitió alcanzar, como afirma Kent Jones en el estupendo libro “La mirada americana. 50 años de Film Comment” de Manu Yáñez, “una inmersión pura en sus materiales y en su concepción del oficio”. Pues bien, desde mi punto de vista (y a riesgo de provocar que muchos fincherianos pongan el grito en el cielo), Moonrise Kindgom es el Zodiac de Wes Anderson.

Anderson, el cineasta weirdo por excelencia del cine Indie americano que floreció a mediados de los 90, ha construido una fábula naïve, mitad relato de aventuras mitad historia de amor, ambientada en un entorno concreto (una isla de Nueva Inglaterra) y un período preciso (la década de los 60). Esto permite al director desplegar su precisión de orfebre a la hora de construir universos cerrados, voluntariamente anacrónicos. La isla por la que huyen Sam y Suzy, los niños protagonistas, se convierte en el País de Nunca Jamás, un espacio de aventuras de aire vintage (al estilo de “El club de los cinco” de Enid Blyton) en el que coexisten campamentos de boy scouts, cabañas en los árboles y tiendas de campaña en bahías secretas. Sólo hay que echar un vistazo a los impresionantes títulos de crédito para darse cuenta del virtuosismo alcanzado por Anderson en su último filme: con sus características panorámicas laterales, el cineasta nos muestra los interiores del hogar de Suzy como si se tratara de una casa de muñecas, una sucesión de tableaux vivants escenificados y controlados por un cineasta que actúa, más que nunca, como un director de orquesta.

Aunque, tal vez, uno de los mayores aciertos de la película sea haber adoptado, decididamente, el punto de vista infantil, convirtiendo a los niños, y su personal lógica, en los principales protagonistas, como ya pasaba en Fantastic Mr. Fox, su mejor obra desde Los Tenenbaums. Conocido por crear personajes aquejados del síndrome de Peter Pan, Anderson parece sentirse liberado tratando, finalmente, con niños y no con adultos que se comportan como tales. La ingenuidad y sensibilidad romántica que desprende toda su filmografía se adapta aquí como anillo al dedo a la historia de un primer amor que tiene ecos de películas imprescindibles, como Una historia de amor sueca o Malas Tierras. Hay adultos en Moonrise Kindgom (de Bruce Willis a un fenomenal, como siempre, Bill Murray), pero su triste melancolía no puede competir con la emoción de una aventura que comienza, o la sensación de dormir al raso, bajo las estrellas. Anderson describe el amor a los 12 años como un paraíso perdido al que todos querríamos volver. Porque, admitámoslo, ¿quién no desearía haber dado su primer beso en una playa solitaria al son de las notas de “Le temps de l’amour”, de Françoise Hardy?


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