FIB 2016
Los Odiosos Ocho

Los Odiosos Ocho

6.0
Publicado el 15.01.16

Los odiosos ocho de la película número ocho de Tarantino

Tarantino siempre es un hype, es un hecho. Haga lo que haga, filme lo que filme, siempre genera una expectación planetaria y acapara la atención multitudinaria de público y prensa. "Tarantino es la estrella del rock del cine", "Tarantino es el icono pop del cine." Llevamos lustros oyendo las mismas frases una y otra vez. Siempre que se estrena una nueva película de Quentin una legión de fans, que a veces son bloggers, críticos, periodistas, locutores, etc, vuelven a escribir o a pronunciar esas mismas frases, haga lo que haga, filme lo que filme.

En esta ocasión, Samuel L. Jackson hace las veces del mayor Marquis Warren, un nuevo intento de tipo duro con pistola y speech, un nuevo intento de Jules Winnfield u Ordell Robbie. Pero ya no es lo mismo, ya no existe esa chispa, ese click que hace que todo estalle como la dinamita. El ejemplo de Jackson es tan sólo la cruel y despiadada sinécdoque del sueño de lo que pudo haber sido y no fue. Eso no quiere decir que no me haya encantado, por ejemplo, el realismo del vestuario de Courtney Hoffman, las deslumbrantes localizaciones del diseñador de producción Yohei Taneda o la perfecta iluminación del director de fotografía Robert Richardson, todos han creado un fresco que bien podría estar a la altura de los paisajes nevados de Steve Devenyns o Frederic Remington.

'Los odiosos ocho' intenta evocar y recrear, no sólo esos, sino también los paisajes mentales y emocionales de la postguerra Civil Americana o Guerra de Secesión. Nieve, mugre, plomo y sangre se fusionan en esta pieza teatral de cine indoor en donde es fácil sustituir la mercería de Minnie, lugar donde se desarrolla casi toda la acción, por los camarotes del Orient Express de Agatha Christie, una Agatha Christie algo más salvaje y sangrienta de lo habitual. En el interior, los odiosos ocho que dan título a la cinta hablan y hablan sin parar durante casi tres horas mientras las lentes anamórficas Ultra Panavisión 70mm hacen su trabajo cual Henry Hathaway en La conquista del Oeste. Una conquista del Oeste brutal, implacable, hemoglobínica y verborreica en la que ni siquiera el humor negro o los diálogos marca de la casa hacen de ésta la obra maestra que muchos quisieran ver, ni si quiera con la inestimable ayuda del gran Ennio Morricone. La megalomanía, la repetición, la edad, el agotamiento, el aburguesamiento, qué sé yo, han hecho del octavo largometraje de Tarantino una obra tan disfrutable como olvidable.

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