FIB 2016
La Juventud

La Juventud

7.0
Publicado el 22.01.16

Con ‘Youth’ hay un problema de expectativas. Que llegue justo después de una unánimemente aplaudida joya como ‘La Gran Belleza’ y que, hasta cierto punto, repita temática, como si que un cineasta tenga sus constantes y tics fuese algo extraño, sin duda le ha hecho más daño que favor. Cuesta distanciarse de su predecesora y es fácil escribir con el gatillo rápido que las reflexiones de Jep Gambardella son irrepetibles, que ahí Sorrentino ya llegó a las conclusiones con las que quería dar y que ahora no hace más que dar vueltas sobre la misma idea, la del inexorable pase del tiempo.

Este nuevo filme es una entidad propia, que puede compartir aspectos con la filmografía de su director, pero también presentar novedades. Como, por ejemplo, la magnética química que existe entre sus dos protagonistas, interpretados magistralmente por Michael Caine y Harvey Keitel, que demuestran en cada paseo por los Alpes que la experiencia es un grado. También ese escenario en el que se desarrolla casi toda la cinta, un balneario perdido entre las montañas suizas, que a veces puede parecer un mausoleo y otras un lugar lleno de vida, poblado por personajes de lo más atípicos, desde un joven actor intelectual y frustrado porque se le recuerde por su papel más popular (Paul Dano) hasta un Maradona con sobrepeso y tanque de oxígeno portátil. También las preciosas composiciones de David Lang, que inspiran esa gran belleza que buscan muchos aquí y que son tan eficaces como lo fueron las de Pasquale Catalano al crear un clima irrespirable en ese atípico thriller que es ‘Las Consecuencias del Amor’ y que nos descubrió el talento de Sorrentino.

En lo que quizá sí puedan tener razón los detractores es que no es tan redonda como ‘La Gran Belleza’. Para lo bueno y para lo malo se sirve más de escenarios y personajes que de guión. Por imperfecta que se la quiera ver, ofrece una serie de instantes cautivadores y contemplativos. La aparición majestuosa de Jane Fonda en plan gran diva del cine, que ya hechiza sólo de espaldas mofándose de una pretenciosa obra de arte; la suerte de concierto improvisado que ofrece Michael Caine, el director de orquesta retirado, a partir de los cencerros de las vacas; o el estupor de los protagonistas al ver el formidable cuerpo desnudo de la Miss Universo, admirándolo como si, probablemente, éstas sean sus últimas vacaciones. También los hay más oscuros, como casi todos los protagonizados por ese excesivo y grotesco Marandona o cuando el filosófico Paul Dano se pasea caracterizado como Hitler por los rincones del hotel. Puede que el balneario, de apariencia engañosamente deprimente, o las canciones de Sun Kil Moon, tan taciturnas como siempre pueden dar la idea equivocada de que el filme de Sorrentino es aburrido, pero hay algo en esta extraña melancolía que plantea el italiano que atrapa. De nuevo con Fellini en la mente, aunque esta vez más ‘8 ½’ (brillante la escena en la que se le aparecen a Harvey Keitel, el director de cine, todas sus musas entre la pastura alpina), el filme se muestra portentoso con unos actores que nos hacen olvidar por un momento que Toni Servillo no está en pantalla y en una riqueza visual y musical que puede ser agotadora pero también reconfortante como las manos de la joven masajista de la película.

COMENTARIOS
Tu nota: ( opcional )  
   
 
Numerocero ©. 2011-2017