FIB 2016
Fuerza mayor

Fuerza mayor

9.5
Publicado el 27.02.15

Viva Bergman

El plano  fijo que Ruben Östlund grabara de sí mismo esperando ver si entraba o no en la quiniela de los pasados premios Oscar sintetiza su cine: personajes (él y su productor) encerrados por un encuadre inmóvil que registra, con la distancia de la vergüenza ajena, lo miserable de la condición humana. En esta escena cuasi doméstica, como lo eran en esencia sus primeras Gitarrmongot e Involuntario, Östlund le dará tiempo al drama para convertirlo en una incomodísima comedia. Las consecuencias de otra reacción son el arranque de 'Fuerza Mayor': los cuatro miembros de una familia burguesa disfrutan de una semana de vacaciones en una estación de esquí en Los Alpes. El primer día ante una inminente avalancha Tomas, el padre, huye despavorido abandonando a su mujer e hijos. El episodio queda en un susto, pero todos han de lidiar con lo sucedido y con la terrible sombra que arroja para el futuro. Es en esta sospecha, en este cuestionamiento de la estructura familiar y, más allá, del patriarcado, donde se aloja la tesis del film.

Una anécdota tan pequeña sirve a Östlund para desarrollar sus constantes: la primera, de carácter causal, el planteamiento de un problema o dilema cuya solución no es tan fácil de determinar. La segunda, de carácter temático, la reflexión sobre esas estructuras y dinámicas de poder, sobre los héroes y los supervivientes (temas que ya revolvía en Play) y, más concretamente en 'Fuerza Mayor', la voluntad de dinamitar las expectativas intrínsecas a los roles de género a través de, por un lado, la secuencia más genial -por cruel- de la película, aquella en la que Tomas cree haber ligado con unas turistas, resuelta en un único plano fijo tan inmenso como el elegido para rodar la avalancha inicial; y de otro, a través del personaje secundario de Charlotte, una mujer que no da cuentas y que probablemente la única que llegue al aeropuerto a tiempo al final de la película. 

La representación crítica de la vida modélica burguesa viene descrita no solo por el espacio, una estación que es una suerte de maqueta de la clase media, sino por una familia que ya desde el primer plano se nos presenta ridículamente uniformada. Así de encorsetada es la sociedad que dibuja Östlund en su filmografía y más en esta, la película con más interiores, más estilizada y quizá por ello la menos interesante formalmente del director sueco, cuyo final libera a sus personajes en el espacio para ponerlos a caminar en un homenaje directo 'El discreto encanto de la burguesía'. Una burguesía que camina desorientada, repite en silencio el comportamiento del padre y, como pasaba con la de Buñuel, a la que es imposible no odiar.


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