FIB 2016
Eden

Edén

Con Félix De Givry, Pauline Etienne, Vincent Macaigne...
7.5
Publicado el 18.09.15

Total French touch

Se pueden plantear varias maneras de encarar una historia como la que cuenta “Edén”; por ejemplo, apostando por el impacto lisérgico de la cultura de las drogas y la fiesta loca de “Trainspotting” o “Human Traffic”; la glorificación del dj y el énfasis en las secuelas de la vida nocturna de, por poner un caso, “Berlín Calling”; la crónica irónica y distanciada de “24 Hour Party People”; o incluso como un artefacto glamuroso y brillante que explicara el vértigo del ascenso y la posterior caída, al estilo de –aunque se trate de un caso más alejado, ciertamente– “Boogie Nights”, de Paul Thomas Anderson. Fiel a si misma y a su manera de entender el cine, Mia Hansen-Løve opta por seguir el camino que ya lleva unos años recorriendo, el del relato sin estridencias, naturalista, basado en unos personajes reconocibles (¿sosos? ¿poco interesantes? ¿demasiado normales?) para al final acabar contando algo tan manido pero en realidad pocas veces bien explicado como el paso del tiempo, la necesidad de adaptarse a los cambios que vienen con él y las dificultades de alcanzar la edad adulta cuando se padece el muy extendido síndrome de Peter Pan.

Basada en la vida y experiencias de su hermano Sven, quien formó parte del dúo Catalan FC y puso en marcha las fiestas Cheers en París, la joven directora francesa rememora la excitación del descubrimiento de la música electrónica, el baile, las raves y la “cultura de clubs”. Los referentes son múltiples y están ahí bien presentes: la presencia constante en el metraje (y extrañamente cómica) de Daft Punk; la aparición de artistas americanos como India (vocalista habitual de Masters At Work y mujer de Little “Louie” Vega) o el housemaster Tony Humphries; menciones jocosas a David Guetta o Puff Daddy; y detalles menores –pero significativos– como la sudadera de Cassius que luce el atribulado Arnaud o la bolsa de Rough Trade que el protagonista, Paul, lleva siempre colgada del hombro allá por donde pisa. Y por supuesto, las canciones: PromisedLand , PlasticDreams , TheWhistleSong , Finally , EnergyFlash , MakeaLiving … Un festín para los entusiastas del house, el garage (estilo especialmente reivindicado en el filme), el techno y la tradición disco.

El filme acierta en captar el estado de ánimo de esa generación que dio forma al “french touch” (aunque este no sea su objetivo) y en la radiografía de los sinsabores tanto del éxito como del fracaso. En otras manos esta historia sería pasto del consumo desechable y la pura anécdota, y está claro que sus virtudes son mayores que los defectos, aunque estos últimos también saltan a la vista: un casting más que cuestionable (los actores andan muy faltados de carisma), la falta de profundidad de algunos personajes, ciertos toques naíf en la puesta en escena (esa euforia vocal de varias de las secuencias de club) y quizás una excesiva contención expositiva. 

Pero, a pesar de su falta de brío, Edén encuentra la manera de exponer, sin postureos ni maniqueísmos, el choque entre la pasión y la tenacidad que se necesita para labrarse una carrera artística y la amargura inherente, inevitable, fatalista casi (hecho que la emparenta especialmente con otra película suya, “Le père de mes enfants”) de la vida y la cruda realidad económica de sus protagonistas.

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