FIB 2016
Maps to the stars

Sitges 2014 en diez películas

Publicado el 16.10.14
por Toni Junyent Rosa

Sitges, el festival, es como un monstruo lovecraftiano. Resultaría harto difícil describirlo, resumirlo, condensarlo, esquematizarlo. Es el género fantástico, sus aledaños, márgenes y afluentes, distribuidos sin tregua alguna a través de las pantallas del Auditori, el Prado y el Retiro. Son un montón de películas que tratan de explicar lo que está ocurriendo, ahora mismo, en el cine de género. No es un discurso lineal ni único; es más bien híbrido, alternativo y en constante mutación. Y, al fin y al cabo, como advierte un viejo zorro, los discursos están en clara decadencia. En fin, dejo de filosofar, que no me sienta bien. Sitges es, ante todo, lo que vosotros veáis allí: no hay dos relatos iguales. Lo que sigue a continuación no es ni siquiera un relato, sino una selección de diez películas que me han gustado. Podrían ser otras, pero bueno, ahí van.

 

THE BABADOOK

Sitges no sería nada sin su público, tanto los incondicionales como aquellos asustadizos que, a regañadientes, aceptan acercarse al festival a sabiendas de que lo que va a proyectarse puede impedirles dormir por la noche. Ese pudo ser el caso de la chica que se sentó a mi lado en el Retiro para ver “The Babadook”, que ni siquiera estando bien acompañada dejó de temblar y pegar algún que otro salto durante todo el metraje del estupendo debut de la australiana Jennifer Kent. Ello hizo aun más divertido (para mí) el visionado de una película que empieza como una comedia negra, nada complaciente ni blanda en el retrato de la relación entre la madre y el hijo protagonistas, para terminar convirtiéndose en una película de terror pura y dura. Kent reformula con ingenio el cuento del hombre del saco, llevando su premisa hasta las últimas consecuencias y firmando una película tan disfrutable como aterradora cuando toca.

 

SPACE STATION 76

Que no os asuste el cartel, intencionadamente retro y cutre, de “Space Station 76”. Ni su aspecto de bizarrada máxima. Es,sin duda, una cosa rara, pero no tanto. La película de Jack Plotnick es un sardónico retrato de personajes ubicado en una nave espacial setentera, que podría funcionar igual de bien como obra de teatro, puesto que lo que narra son las idas y venidas de un variopinto grupo de personajes, cada uno con su trauma o movida, menos el impagable Dr. Bot, que no tiene traumas porque es una máquina pero nunca le faltan palabras lúcidas para los demás. Humor absurdo por doquier en una de esas películas que corren el severo riesgo de pasar desapercibidas entre la vasta oferta de Sitges.

 

 

MAPS TO THE STARS

La sátira hollywoodiense que proponen David Cronenberg y el guionista Bruce Wagner es tan inclemente como, a ratos, vulgar. Y no tengo claro si es vulgar en el mal sentido, pero algunos de sus gags, sobre todo cuando manejan asuntos escatológicos o enfermedades, no desentonarían en un especial de “Padre de familia” que tuviera la mirilla puesta en la meca del cine. Pero sería irresponsable negar que hay algo definitivamente febril y asqueroso —ahora sí: en el buen sentido— en “Maps to the stars”, una película de la que no sabes muy bien qué pensar pero que acaba jodiéndote el estómago de una manera harto curiosa. Probablemente se deba a la implacable sobriedad de la puesta en escena, en la que los vivos y los fantasmas de los muertos tienen la misma fisicidad. Cronenberg cede todo el protagonismo a los actores y, para ser más exactos, a lo que estos dicen, convirtiendo la película en una especie de late show radiofónico en el que un puñado de desgraciados que se pudren en los arrabales del cine cuentan sus traumas y buscan, en vano, algo que pueda corregir o compensar su deformidad interior. Digan lo que digan, “Maps to the stars” es un Cronenberg perturbador.



ADIEU AU LANGAGE

Para los que allí estuvimos, uno de los hits absolutos de esta edición de Sitges fue el aplauso espontáneo que tuvo lugar durante la proyección “Adieu au langage”, cuando Godard desdobla por primera vez la imagen, ofreciéndonos dos planos distintos según el ojo con que miremos. Resulta difícil hablar de una película que, de entrada, llega para decirnos que hablar es algo que está empezando a pasarse de moda, o que directamente ya no tiene sentido. Resulta difícil, pero trataré de decir dos o tres cosas. Si no fuera porque es en 3D y porque la firma Jean-Luc Godard, estaríamos ante una de las propuestas más humildes y menos encorsetadas del festival. “Adieu au langage” es, antes que una película, antes incluso que un ensayo, un poema en el que Godard, más que argumentar nada, sugiere y pregunta e indaga mediante una hermosa sinfonía de imágenes, enunciados y citas literarias que sólo puede disfrutarse de una manera: dejándote llevar, quedándote con aquello que te conmueve o te hace pensar y no lamentándote tanto, como hicieron muchos al terminar la película, de no haberlo pillado todo.



R100

“El primer monstruo al que debe temer el público es el director. Deben sentirse en presencia de alguien que no está condicionado por las reglas normales del decoro y la decencia”. Con esta cita de Wes Craven se abre “Sesión sangrienta”, el divertidísimo ensayo de Jason Zinoman sobre el cine de terror norteamericano de los 70 editado aquí por T&B. Craven probablemente hablaba de decoro y decencia refiriéndose a la capacidad de mostrar crueldades en pantalla, pero la cita también le viene que ni pintada a Hitoshi Matsumoto, popular cómico televisivo japonés que, desde que se lanzó a la dirección con “Dai-Nihonjin” (2007), no ha perdido la capacidad de dejarnos atónitos con cada uno de sus largometrajes, aunque en “Scabbard Samurai” (2010) le saliera una vena tierna y clásica. “R100”, que competía en la Sección Oficial de Sitges, es esencialmente un disparate de cuyo argumento no conviene revelar gran cosa. Tan sólo tenéis que desconectar la parte lógica del cerebro y prepararos a pasároslo en grande con una locura cuyo último acto es una apabullante sucesión de WTF. Gloria bendita.



IT FOLLOWS

Si, tras descubrir esta película, uno le echa un vistazo a “The myth of the american sleepover” (2010), el ejercicio de melancolía teenager con el que debutó David Robert Mitchell, comprobará que los escenarios son prácticamente los mismos. Con piscina incluida. Su primera película trataba sobre chavales que buscaban a alguien con quien pasar la noche; en “It Follows” los mismos chavales, con otros rostros, serán perseguidos por haber cometido la temeridad de pasar una noche (o apenas un rato) con alguien.  Dándole un giro metafísico a aquél cliché del cine de terror de los 70 y 80 según el cual si un personaje tenía sexo en la película inevitablemente iba a palmarla, Mitchell urde un dispositivo para provocarnos angustia y se apega a él durante toda la película, explotando el recurso de la figura amenazante en el paisaje que Carpenter patentó en “Halloween” y mareándonos a base de planes generales que, vistos en la pantalla del Auditori, a veces resultaban inabarcables. Sin lugar a dudas, una de las películas de género más audaces y contundentes del festival.

 

SUPER 8 MADNESS

Brigadoon, el templo maldito (y gratuito) de Sitges, lleva algunos años dándole cancha al documental sobre cine de género, con el objetivo de contextualizar y profundizar en las circunstancias de las mismas películas que se proyectan. Pero el documental del que aquí hablamos se ocupa de un fenómeno que yo desconocía totalmente: en los años 80 nació en París un festival de cortos en súper 8 alrededor del cual empezó a brotar toda una estirpe de cortometrajistas a los que unía la pasión por el acto de contar historias en imágenes. Es una emoción curiosa, difícil de explicar, la que te asalta cuando ves fragmentos de aquellos cortos, que desprenden a un tiempo inocencia, desvergüenza, amor por el género y un talento nada domesticado. “Super 8 Madness” también nos explica cómo era el panorama del cine fantástico en Francia en aquellos años y nos adentra en los rituales, pormenores e inconvenientes de un formato, el súper 8, a cuya granulosa textura resultaba difícil resistirse.

 

AMERICAN BURGER

No hay otra: en las maratones de Midnight X-Treme, hay una película que tiene que ir al final y proyectarse pasadas las cuatro de la madrugada. Y a veces, en esa franja horaria, uno puede toparse con cosas tan agradables como la horror-comedy sueca “American Burger”. La opera prima de Bonita Drake y Jonas Bromander quizá no invente la sopa de ajo, pero tampoco se las tira demasiado de nostálgica ni de moderna ni de nada. Es una simple y llana película de madrugada sobre un autobús cargado con adolescentes yanquis, de viaje por Europa, que van a parar a una fábrica de “hamburguesas americanas” sin saber que el ingrediente primario de las mismas es precisamente la carne de jovenzuelo yanqui. Bromander y Drake hilvanan con gracia y ritmo una sucesión de gags en los que caben lo sexual, lo guarro y el humor a costa de los americanos, pero también una fina y nada aparatosa mofa constante hacia los tópicos del género: atención al striptease progresivo de una de las protagonistas.



WETLANDS

Aunque entre ellas medien casi cincuenta años, en algún momento mientras la veía, “Wetlands” me llevó a pensar en “Las margaritas” (1966) de Vera Chytilova. Es probable que la asociación de ideas no tenga mucho sentido, y habrá quien incluso vea como un demérito que la película de David Wnendt remita, en su voluntad escandalosa, a un clásico polaco de mediados de los 60. Si Chytilova reivindicaba que las mujeres también podían hacer tonterías y lo que les diera la gana en el cine, “Wetlands” trata sobre una chica cuyas pautas de higiene no son nada convencionales, y eso, para ser más concretos, significa que vamos a oír hablar de vello, fluidos y al inquietante espectro de posibilidades médicas que se abren cuando no te limpias bien los bajos. Y, con todo ello, la película trata esto con frescura y desparpajo, y ni siquiera abusa de recursos como el desnudo de su actriz protagonista, que podrían convertir la película en algo mucho más exploitation, por así decirlo. Como dijo un compañero al salir, “es tan sólo una película sobre una chica que necesita que la quieran”. Toda una curiosidad.

 

THE DUKE OF BURGUNDY

Incluso siendo una propuesta algo fría, demasiado cerebral, la nueva película de Peter Strickland tras “Berberian Sound Studio” atesora suficientes cualidades como para estar en este repaso: una de ellas es el soberbio diseño de sonido, un tema que a Strickland le puede y aquí incluso lo hace explícito mediante una conferencia sobre los sonidos de las mariposas; también me dio algunas vueltas por la cabeza esa estructura de bucle, de acciones e incluso planos que se repiten para mostrarnos el deterioro de la relación entre las protagonistas; y, por último, no sería de recibo negar que, a ratos, el envoltorio visual y sonoro de la película, sobre todo cuando se pone onírico y lisérgico, seduce e hipnotiza. Uno podrá conectar más o menos con “The Duke of Burgundy”, eso dependerá también de lo que se vaya a buscar, pero lo cierto es que es una buena película.

 

Toni Junyent es redactor en el periódico del Sitges-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya

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David Cronenberg, Jean-Luc Godard, Jennifer Kent, David Robert Mitchell, David Wnendt, Peter Strickland

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