FIB 2016
Rotterdam 2014

Rotterdam 2014: un Top Ten en desorden

Publicado el 10.02.14
por Javier H Estrada y Fernando Vílchez Rodríguez
@elaguainmovil

Fernando Vílchez y Javier H. Estrada seleccionan para nosotros diez de los mejores títulos que han pasado por la reciente edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam, la cita imprescindible con la vanguardia cinematográfica mundial. 

1. Tree of Knowledge, de Nils Malmros (1981)

¿Qué sería de Rotterdam sin sus retrospectivas? Cada año el festival pone en primer plano autores y movimientos apenas conocidos incluso para la cinefilia más devota. El principal homenajeado de esta edición fue el director danés Nils Malmros, cuya carrera profesional arranca a principios de los años setenta y culmina por el momento con la reciente Sorrow and Joy. Resulta complicado elegir un solo título de su filmografía, el cine de Malmros vuelve constantemente sobre los mismos temas y experiencias, la mayoría tomadas de su propia vida. Un espléndido representante de su estilo es Tree of Knowledge, film sobre el periodo crucial de la adolescencia cuyo rodaje se extendió a lo largo de dos años para capturar el cambio físico de sus protagonistas. En lugar de mostrar grandes acontecimientos, Malmros se decanta por pequeñas anécdotas, reflejos fidedignos de la etapa en la que se comienza a comprender que la felicidad es un estado frágil y pasajero. (J)

 

2. Hoax_canular, de Dominic Gagnon (2013)

Ante la proximidad de una tragedia, el miedo. Ante la paranoia universal, surgen los gurús del momento, pregoneros de la verdad que alzan la voz y reclaman atención. El año 2012 está cerca. El fin del mundo, también. Los gurús son los videobloggers de youtube: teenagers, skaters, emos, adolescentes que pasan horas alistando sus programas: se maquillan, se disfrazan, preparan sus discursos, hacen su montaje y hasta incluyen efectos especiales en sus vídeos. Gagnon descarga cientos de vídeos de internet y hace una película con ese material. Película found footage cortesía de youtube. Y el resultado es fascinante. Ver a los púberes dar consejos sobre qué hacer ante el fin del mundo, cómo entrenarse para matar zombies o cuál es el kit apropiado de supervivencia es tan divertido como preocupante. Las risas inundan la sala de cine, pero también la sospecha. No es para menos: los medios de comunicación han logrado su objetivo. Detrás de las burlas y los gritos exaltados de estos jóvenes está el miedo de toda una generación. Y, en medio, las armas. Y alrededor, rituales creados por esta comunidad online que responden a una necesidad de atención y pertenencia. Jóvenes que te gritan pero que al final de sus vídeos te sonríen y te piden que les des like y te suscribas a su canal. Poderosa película sobre el abandono de la infancia y sobre cómo entramos en estos días a la vida adulta: a través del miedo. (F)

3. Stella Cadente, de Luis Miñarro (2014)

En su primera película de ficción tras los documentales Familystrip y BlowHorn, Luis Miñarro imagina la vida íntima de Amadeo de Saboya desde su llegada a la España ruinosa de 1870 hasta el fin de su reinado tan solo dos años después. Un aluvión de referencias artísticas (de Caravaggio a Oliveira, pasando por Goya y Derek Jarman) se da cita en la primera parte de Stella Cadente. El film adquiere después su propia dimensión, transformándose en una comedia (por momentos felizmente excesiva) en la que cohabitan diferentes lenguas, identidades y estados de ánimo. Miñarro plasma un retrato original, humorístico –y también devastador– de la soledad de un hombre que cree tener la capacidad de cambiar el rumbo de un país, aunque en realidad no sea más que una marioneta sin voz ni voto. Pese a quedarse sin premio, Stella Cadente fue sin duda la película más estimulante de la competición oficial. (J)

 

4. Sugarcoated Arsenic, de Kevin Jerome Everson y Claudrena Harold (2014)

Fascinante recreación de un discurso hecho por la activista afroamericana Vivian Gordon décadas atrás en la universidad de Virginia, cuando Gordon ya era profesora de la universidad pero, lejos de complacerse con su status, seguía señalando el soterrado racismo impregnado en la universidad (y, por tanto, en su sociedad), ese racismo escondido, silencioso, doloroso, cortés en sus tratos pero venenoso por dentro (de ahí el título). A mitad de la película queda atrás la recreación y surge la propia Gordon, a través de su voz. El mensaje es claro, pero las formas son elegantes y sencillas. Los directores no van con sutilezas pero tampoco caen en panfletos innecesarios. El refinamiento formal de la recreación es de un nivel único. En veinte minutos, y de manera sutil y honesta, esta película nos coloca en el abismo necesario donde se debe tomar una decisión: la acción o la lamentación. Y de ahí la fuerza irrebatible de esta película. (F)
 

5. Sun Song, de Joel Wanek (2013)

Probablemente la obra más sencilla y al mismo tiempo emocionante vista en Rotterdam fue el cortometraje de Joel Wanek, Sun Song. El cineasta observa a los pasajeros de un autobús de Durham, en Carolina del Norte, concentrándose en los rostros, las sombras, los reflejos de la luz en el suelo y los asientos. Wanek, además de no emplear sonido alguno, pasó seis meses filmando ese autobús hasta llegar a la esencia de sus retratados. Quizás por ello Sun Song, en toda su pureza y esencialidad, tiene tanto (o más) que ver con la fotografía y con los orígenes de la imagen en movimiento que con el cine actual. (J)

 

6. Sobre la marxa, de Jordi Morató (2014)

Un llamado nitzscheano al júbilo. Un grito que remite a épocas antiguas, premodernas, cuando la naturaleza no era una entidad separada al ser humano, sino su misma condición de existencia. Igual a los niños que no se cuestionan el mundo sino que lo asumen como suyo, igual Garrell, el protagonista de Sobre la marxa, entiende que los bosques están ahí para él, y él está ahí para honrarlos. Gracias a un viejo material de archivo (¿grabado treinta, treinta y cinco años atrás?), vemos cómo aire, tierra y agua se rinden a Garrell, cómo él manipula el curso de los arroyos y cómo crea casas en los árboles. Más que casas, construcciones futuristas, arquitecturas imposibles unidas por laberintos dignos del Dédalo más inspirado. Cuando el footage está a punto de caer en la idealización de este tarzán contemporáneo empiezan a aparecer los misterios de Garrell: el hombre-niño rodeado de adolescentes semidesnudos que juegan con él, el salvaje que no acepta que la modernidad invada su bosque y prefiere destruir, él mismo, con sus propias manos, toda su obra antes de verla contaminada por la civilización. Y desde las cenizas, construir todo de nuevo, pero más grandilocuente e intrincado. Lo que importa es el camino, no la meta. Extraordinario personaje este Garrell, un verdadero visionario que nos va cautivando gracias a una estructura cinematográfica tan meticulosa como emotiva y una mirada cautivante del director hacia su personaje. Por ello, la ópera prima de Jordi Morató es, sin duda, de las mejores sorpresas de Rotterdam 2014. (F)
 

7. Rigor Mortis, de Juno Mak (2013)

Rotterdam no sólo exhibe propuestas puramente autorales y trabajos experimentales, el cine comercial de diversas partes del mundo ocupa también un lugar señalado en el festival. De entre las numerosas obras notables que se adherían (al menos en principio) a las coordenadas de los géneros populares, podríamos destacar la israelí Big Bad Wolves o la filipina Legend of China Doll, pero sobre todo la hongkonesa Rigor Mortis, primer largometraje dirigido por el actor Juno Mak. La película homenajea a los clásicos del terror cantonés de los setenta a través de la historia de una estrella de cine en pleno proceso depresivo que llega a un bloque de viviendas en el que los vivos convocan constantemente a los muertos. Mak despliega un dispositivo estilizado y preciso, respetuoso con sus antecesores pero apostando al mismo tiempo por la renovación. Un vibrante ejercicio de puesta en escena, dotado además de una sensibilidad poco común en su género. (J)

 

8. Dusty Stacks of Mom: The Poster Project, de Jodie Mack (2013)

Una tienda de carteles ha cerrado. Es hora de destruir miles afiches. La trituradora de papel está lista para rasgar tanto los rostros de Justin Bieber como los de Jack Nicholson, pasando por pósters de La Naranja Mecánica o del Che Guevara. Pero entonces aparece Jodie Mack y crea una melancólica pieza rock con esos restos del negocio, con esos pósters no vendidos, con postales aún inmaculadas. Más que un rock, una ópera rock, llena de color y subversión. Reinterpretando a Pink Floyd, nada menos. Varios piensan que Mack está dándole un giro a su cine, habitualmente confinado en la mera animación experimental. En Dusty Stacks of Mom, ella mezcla la animación con imágenes documentales filmadas en el depósito de la tienda. Pero más allá de las formas (que Mack no lo ve como un giro, sino como una contextualización de su obra), ella sigue a lo suyo: rompiendo límites con una frescura que, paradójicamente, sólo nace de un muy laborioso y delicado trabajo. Eso, mezclado a la performance en vivo de la propia Mack cantando, la convierte a ella en ese elemento clave para la refracción de la luz: Mack parte de un tema hasta cierto punto doloroso (el final de un trabajo que no garantizó el futuro a nadie), pero mostrado a través del juego, la irreverencia y los colores. (F)

 

9. Head and Hands: My Black Angel, de Aïda Ruilova (2014)

Los últimos días de Pier Paolo Pasolini filmados por Abel Ferrara, se trata de uno de los proyectos más esperados de los últimos tiempos. El director neoyorkino lleva años trabajando en esta obra que, esperemos, verá la luz próximamente. Por el momento podemos escuchar a Ferrara hablar sobre Pasolini en Head and Hands: My Black Angel, mediometraje de Aïda Ruilova que va mucho más allá del clásico documental sobre cine. El film se articula en torno a una conversación entre Ferrara y la escritora Alissa Bennett en la que el director saca a relucir su carácter indomable: apasionado, soez, salvaje… Ferrara es una figura fascinante, transparente, pero hay que otorgarle el mérito a Ruilova (quien en 2010 firmó el excelente y brutal cortometraje Goner) por ampliar la dimensión del creador, rescatando su lado más reflexivo y rememorando momentos críticos de su pasado. Su procedimiento es tan minimalista como efectivo: una mesa, y sobre ella unas manos que no paran de agitarse y una cabeza que cobija pensamientos desbordantes. (J)

 

 

10. Deorbit, de Makino Takashi y Telcosystems (2013)

-junto al resto del Vertical Cinema, programa de 10 cortometrajes-

Actos únicos y demenciales como estos sólo ocurren en festivales cinéfilos como Rotterdam. Cinemascope vertical. Una pantalla alta, larga, casi infinita sobre la cual se van proyectando diez películas en 35mm. Todo esto, dentro de una vieja iglesia construida a fines del siglo diecinueve. Las luces se apagan, tomas un respiro y de pronto la mente recibe una embestida sensorial inesperada. Es lo que tiene cambiar las formas, es lo que tiene repensar las reglas del juego. Un cambio tan simple trae consecuencias fascinantes: el cine vertical se apodera de nuestra voluntades a través de ritmos, de filtros rehechos, de golpes de luz. Mientras tanto, nos confrontamos a cuestiones inevitables: ¿por qué el cine tiene que ser sólo horizontal? Frente a nuestros ojos la teoría paisajística perdía terreno, literalmente. ¿Qué reglas intocables del cine desaparecerían si el formato fuera, a partir de ahora, vertical? El sonido revienta la sala (reparten tapones para los oídos, para quien lo necesite). Makino Takashi y Telcosystems han hecho una pieza de otro universo. Makino es un cineasta que ya resulta fundamental. ¿Qué pasaría con los encuadres, con el guión, con la percepción final? Johann Lurf se escapa de lo abstracto y aprovecha al máximo cada centímetro de ese cinemascope erguido para enlazarlo con la arquitectura. Maravilla de sesión. Bienaventurados los que atestiguaron en persona la gran confirmación de esa noche: los cines ya eran, oficialmente, las iglesias del siglo XXI. (F)

 

Top Ten alternativo:

Listening to the Space in My Room, de Robert Beavers

L for Leisure, de Lev Kalman y Whitney Horn

The Seventh Walk, de Amit Dutta

Big Bad Wolves, de Aharon Keshales y Navot Papushado

Hacked Circuit, de Deborah Stratman

La isla, de Dominga Sotomayor y Katarzyna Klimkiewicz

Back to the Temple of the Sun, de Marco Pando

Medium Earth, de The Otolith Group

Der Wille zur Macht, de Pablo Sigg

No More Road Trips?, de Rick Prelinger

 

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